ATRÉVETE a amar a los ancianos


Introducción

  • Comprender por qué algunos abuelos no siguen las indicaciones médicas y cómo esto impacta su salud y a toda la familia

A muchos jóvenes les desconcierta ver que sus abuelos, aun teniendo diagnósticos claros y recomendaciones médicas precisas, no siguen los tratamientos, suspenden medicamentos, no cambian hábitos alimenticios o minimizan síntomas. Desde fuera, esto suele leerse como terquedad o irresponsabilidad. Sin embargo, desde la psicología del envejecimiento, este comportamiento tiene explicaciones profundas que vale la pena comprender si queremos —como sociedad y como familias— atrevernos a amar a los ancianos de manera madura, empática y responsable.

Este artículo propone una lectura psicológica de ese fenómeno y dialoga con la visión humanista y existencial del libro Atrévete a amar a los ancianos de Mauricio G. Pareja Bayter, que invita a mirar la vejez no como un problema, sino como una etapa cargada de sentido, dignidad y desafíos relacionales.

1. No es rebeldía: es identidad amenazada

Uno de los factores psicológicos más relevantes es que la enfermedad y el tratamiento médico confrontan directamente la identidad del anciano.
Aceptar indicaciones implica, muchas veces, aceptar que ya no se es el mismo:

  • que el cuerpo no responde igual,
  • que hay límites nuevos,
  • que se depende de otros o de medicamentos.

Para muchas personas mayores, esto se vive como una herida al sentido de autonomía. La negativa a seguir instrucciones médicas puede ser, inconscientemente, una forma de decir: “todavía decido sobre mi vida”.

Desde esta perspectiva, el incumplimiento no es un acto contra el médico, sino un intento de defender la propia dignidad frente a una sensación de pérdida de control.

2. La vejez como duelo acumulado

La psicología entiende la vejez como una etapa atravesada por múltiples duelos:

  • duelos por el cuerpo joven,
  • por roles sociales perdidos,
  • por amigos y seres queridos que ya no están,
  • por proyectos que no se realizaron.

Cuando el médico prescribe restricciones (dietas, reposo, prohibiciones), estas indicaciones pueden reactivar esos duelos. Cambiar hábitos no es solo “comer distinto” o “tomar una pastilla”: es renunciar, una vez más, a algo que daba placer, identidad o sensación de normalidad.

Por eso, algunos ancianos prefieren mantener hábitos poco saludables antes que sentirse definitivamente “en retirada” de la vida.

3. Desconfianza, experiencias previas y memoria emocional

Otro elemento clave es la memoria emocional. Muchos adultos mayores han vivido:

  • diagnósticos errados,
  • tratamientos agresivos,
  • médicos distantes o poco humanos,
  • promesas de mejoría que no se cumplieron.

Estas experiencias generan desconfianza acumulada. Desde la psicología, sabemos que la confianza no se construye solo con argumentos racionales, sino con vínculos. Cuando el anciano no se siente escuchado, comprendido o respetado, es más probable que desobedezca silenciosamente, incluso aunque comprenda intelectualmente la indicación.

4. Cuando el autocuidado falla, la familia también enferma

Los malos hábitos de autocuidado en la vejez no afectan solo al anciano. Las consecuencias suelen extenderse a todo el sistema familiar:

  • hospitalizaciones evitables,
  • crisis de urgencia,
  • sobrecarga emocional y económica,
  • conflictos entre hijos,
  • sentimientos de culpa, rabia o impotencia.

Muchas familias entran en un círculo doloroso: el anciano no se cuida, la familia insiste, el anciano se siente controlado, se resiste más, la salud empeora y el clima familiar se deteriora.

Desde una mirada sistémica, no es solo un problema médico, sino un problema relacional y comunicativo.

5. El riesgo del control sin amor

Un error frecuente es responder al incumplimiento con control excesivo, amenazas o infantilización:

  • “Si no te tomas eso, te vas a morir”,
  • “Hazlo porque yo digo”,
  • “Tú no sabes lo que te conviene”.

Estas estrategias suelen producir el efecto contrario. Refuerzan la sensación de pérdida de dignidad y aumentan la resistencia. El libro Atrévete a amar a los ancianos insiste en que amar no es mandar, sino acompañar, y que tratar a los ancianos con dureza termina empobreciendo tanto al que recibe como al que da.

6. Amar también es ayudar a cuidarse

Comprender no significa justificar conductas dañinas. Amar a los ancianos también implica ayudarles a cuidarse, pero desde un enfoque diferente:

  • escuchando antes de imponer,
  • explicando el para qué y no solo el qué,
  • respetando los tiempos emocionales,
  • validando miedos y resistencias.

Psicológicamente, el autocuidado mejora cuando el anciano siente que no está obedeciendo órdenes, sino tomando decisiones acompañado. La diferencia es sutil, pero profunda.

7. Un llamado a los jóvenes: aprender hoy lo que mañana necesitarán

Para los jóvenes, este tema tiene una dimensión ética y existencial. La forma como hoy miran y tratan la vejez está construyendo su propia vejez futura.
Aprender a dialogar con los límites, con la fragilidad y con el tiempo no es solo un acto de amor hacia los abuelos, sino una escuela de humanidad.

Como recuerda el texto base de este artículo, amar a los ancianos no es solo un deber moral: es una oportunidad para reconciliarnos con el tiempo, con la finitud y con el sentido profundo de la vida.

8. Todos vamos pa’ viejo

Hay una verdad simple que a veces se nos olvida entre estudios, redes y planes a futuro: todos vamos pa’ viejo. La vejez no es “el problema de otros”; es una etapa a la que —si la vida lo permite— llegaremos nosotros. Desde la psicología del desarrollo, lo que hoy pensamos, decimos y hacemos frente a los ancianos modela nuestra propia relación futura con el cuerpo, la enfermedad y la dependencia.

Cuando un joven se burla de la lentitud, minimiza el miedo a perder autonomía o responde con impaciencia al incumplimiento médico de un abuelo, no solo hiere un vínculo: está ensayando la forma en que mañana se tratará a sí mismo. En cambio, aprender a acompañar con respeto, a explicar sin imponer y a cuidar sin humillar es una inversión existencial: prepara una vejez con más aceptación, menos miedo y mejores redes de apoyo.

El libro Atrévete a amar a los ancianos recuerda que amar la ancianidad —propia y ajena— no es resignarse, sino reconciliarse con el tiempo y descubrir que el valor de la vida no se reduce a la productividad o a la fuerza física, sino al sentido, los vínculos y la sabiduría que se cultivan en cada etapa . Por eso, este punto no es una advertencia triste, sino una invitación lúcida: trata hoy a los viejos como te gustaría ser tratado mañana. Esa coherencia, más que cualquier receta, es la base de una salud —personal y familiar— verdaderamente sostenible.

Conclusión

Cuando un abuelo no sigue las indicaciones médicas, no siempre estamos ante terquedad o ignorancia. Muchas veces estamos frente a miedo, duelo, pérdida de identidad y necesidad de dignidad. Comprender esto no elimina la responsabilidad del autocuidado, pero transforma radicalmente la manera de acompañar.

Atreverse a amar a los ancianos es atreverse a mirar la vejez sin prisa, sin desprecio y sin simplificaciones. Es entender que cuidar la salud también es cuidar los vínculos, y que una familia sana no se construye solo con cuerpos estables, sino con relaciones humanas sanadoras.

Referencias

Baltes, P. B., & Smith, J. (2003). New frontiers in the future of aging: From successful aging of the young old to the dilemmas of the fourth age. Gerontology, 49(2), 123–135. https://doi.org/10.1159/000067946

Erikson, E. H., Erikson, J. M., & Kivnick, H. Q. (1986). Vital involvement in old age. Norton.

Organización Mundial de la Salud. (2015). Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud. OMS.

Pareja Bayter, M. G. (2012). Atrévete a amar a los ancianos. Cartagena.

Rowe, J. W., & Kahn, R. L. (1997). Successful aging. The Gerontologist, 37(4), 433–440. https://doi.org/10.1093/geront/37.4.433