SIGNIFICADO DE LA OBRA “CHAMBACU”
Por Argemiro Menco Mendoza
“Chambacú” es el reflejo artístico-literario del drama de la vida real que protagonizaron los habitantes del antiguo barrio cartagenero, Chambacú. Este escenario surgió como formación tugurial, levantada en la isla oriental, adyacente al perímetro amurallado de la histórica ciudad de Cartagena de Indias, capital del departamento de Bolívar.
La obra es un fruto literario bien gestado desde la perspectiva del lenguaje del teatro. El autor, Régulo Ahumada Sulbarán (1925-2010) –siguiendo el modelo de los grandes maestros del género–, acierta en desarrollar, con sus estrategias de escritura, la gestación de auténticos personajes teatrales que reflejan comportamientos y conflictos de la vida real; sumados a la expresión diáfana de motivaciones políticas, sociales y económicas; creencias religiosas, supersticiones y presagios. Igualmente, la revelación de vicios y virtudes, las esperanzas y frustraciones de un pueblo inmerso en la tragedia de la marginalidad y del atraso sociocultural.
Lejos de ser una diatriba, un panfleto, una escueta denuncia y acusación, contra el modelo de sociedad, las instituciones o el establecimiento, “Chambacu” es una recreación grandiosa que oscila entre la historia, el mito y la leyenda. La obra abunda en encarnar valores estéticos y filosóficos. El humor gracioso y el lirismo dramático de sus personajes, son distintivos que aquilatan el trasfondo artístico de esta arquitectura teatral.
En la obra congenian armoniosamente el realismo social, representado por la baja calidad de la vida de los chambaculeros; el realismo crítico, por las admoniciones desesperadas de las víctimas; y el realismo mágico, por la práctica de hechizos, magias y sortilegios, cuando surge la necesidad en la vida de los personajes, de solucionar dificultades, de interpretar y dominar algunas circunstancias cotidianas, o de explicar con intención trascendental hechos significativos del vivir y de la vida.
Hoy, esta obra, como tema que envuelve problemáticas, sigue teniendo interés histórico y literario.
La obra tiene de símbolo y de mito. Símbolo porque donde quiera que haya un tugurio, guetto o fabela, “Chambacú” se yergue a lo universal. Lo mítico y legendario se refiere a la narración de sus orígenes, pero sin las connotaciones sagradas y fabulosas del mito clásico.
Esta obra tiene ganado un puesto relevante en la historia de la literatura nacional y universal. Recordemos que en New York, el crítico Roberto Monge ha emitido apreciaciones elogiosas sobre la magnitud del teatro de Ahumada. Pero, es un absurdo que aquí el desprecio por lo nuestro, haya servido de talanquera para imposibilitar un justo y merecido reconocimiento a nuestro corerraneo y su dramaturgia. Según Antonio J. Olier, Chambacú, como espacio y como pueblo, “entró a la literatura nacional, gracias a la pluma de Régulo Ahumada Sulbarán”.
A nuestro juicio, este autor y actor supo proponer un trabajo que permite ser abordado desde la filosofía del arte, al otorgarle a su arte una función social. La obra “Chambacú” nos recrea un mundo conflictual, y nos desata emociones estéticas elevadas. Como también, tiene un poder educativo, al estilo de las grandes tragedias. Hoy más que nunca, el hombre, desde el más humilde hasta el más sabio, necesita corregir errores, desviaciones e injusticias.
En verdad, el teatro de Régulo Ahumada confronta al ser humano y le devela dónde están sus miserias, dónde reside la riqueza de su condición humana y dónde se halla su pequeñez o su grandeza espiritual y cultural.
Cartagena de Indias, 1989.