LOS FANÁTICOS Y LOS FANATISMOS (2)
Por Argemiro Menco Mendoza
Los psicólogos advierten la presencia del narcisismo en los fanáticos. Éstos sienten una gran necesidad de considerarse especiales, poco comunes, incluso importante para la Gran Naturaleza o para la Verdad. La verdad no lo sería si ellos no la defendiesen: por ello, esperan favores y cumplidos. En realidad, el fanatismo entra en el contexto de una enfermedad caracterizada por ser muy utilitaria y poco escrupulosa: los fanáticos sólo se ven a sí mismos en el espejo de la vida. Siempre se aprovechan de los demás y no dan nada a cambio; como mucho, ofrecen órdenes, consignas y una doctrina que suele ser caduca y falaz.
W. R. Daros
Como lo habíamos anunciado y prometido, esta vez expondremos la segunda entrega de este tema, centralizándolo en las características del pensamiento fanático, la sicología del fanático, el pensamiento crítico y los contrastes entre el fanatismo, el relativismo y la verdad absoluta. Para despuntar, hagamos un liguero recorderis de conceptos básicos. El fanático es un individuo que actúa entusiasmado exageradamente por algo; es intransigente, exaltado, intolerante, extremista, dogmático, sectario, inflexible, incondicional. Y el fanatismo es un proceder que hace equivalencia con la actuación humana cargada de apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas (DRAE).
Desde estas ideas, nos interrogamos: ¿Cuáles son las características del pensamiento fanático? El fanático cree tener la verdad sin poder ser cuestionada por nada, ni por nadie. No razona y no admite una discusión sobre lo que considera dogmas no debatibles. Trata de imponer sus propias creencias sobre los demás y de forzar a todos los que tiene cerca a que crean de la misma manera que él o ella creen. No cree en la diversidad de pensamientos, ni en la posibilidad de abrirse a nuevas ideas. (Estela Dova, psicóloga). E. Dova, en su análisis, continúa señalando que “los fanáticos suelen ser muy interesados porque sufren una severa indisposición para desplegar amor. La caridad o amor al género humano, la filantropía, magnanimidad, amistad, son sólo palabras vacías para el narcisista fanático. Para él, la palabra que posee mayor significado y sentido se llama defender la verdad con interés propio: no duda ante la idea de que quizás no sea él el único que ve la verdad o realidad de las cosas”.
Sobre la sicología del fanático, Wlliam R. Daros al referirse en su texto a los “valores humanos democráticos y el temor enfermizo” apunta que “es necesario estudiar los mecanismos psicológicos y sociales del fanático y del autoritario. La personalidad autoritaria y fanática fuerza a que se acepte su posición: acusa a los demás de mala fe y utiliza la acusación como una forma de imponer su autoritarismo. El miembro de una familia con rasgos paranoides, autoritarios, con explosiones de violencia, y con insensibilidad frente al sufrimiento del otro, es capaz de generar en el otro, conductas de sometimiento, desfavorables al surgimiento de un ciudadano que ayude a generar un clima de vida democrático. El sistema democrático de vida social y político, aun con sus limitaciones (lentitud, exigencia de respeto, de prueba y razonamiento, etc.), es el más favorable para generar personas que aprecien la democracia y los valores humanos que ella implica”. "El fanático –continúa– es una persona que se cree superior; que no vive en paz con su medio social: vive con temor y a la defensiva de lo que él estima es la verdad en ese punto que defiende. Esto no suprime el hecho de que puedan existir verdaderos fanáticos (apoya-dos según ellos en la verdad que los legitima) y falsos fanáticos (apoyados en sus conveniencias y/o en sus inseguridades)". Los seres humanos son complejos: sus psiquismos poseen innumerables formas de generar situaciones aberrantes de fanatismo. También hoy se vive ante el hecho de seres y movimientos sociales fanáticos en el ámbito social, religioso, deportivo y político. Auschwitz no ha sido un caso aislado, un error de la naturaleza social. Este hecho social se ha dado en Europa y en Alemania (uno de los países más cultos, con personas responsables) y no en los arrabales de la barbarie. A priori nadie hace excepción: lo que puede suceder sucederá y lo que sucedió puede volver a suceder. Un temor es enfermizo cuando no posee ningún fundamento. Un temor es razonable cuando considera la proporción entre las conductas y las causas. Si en el principio mismo de civilización estaba instalada la barbarie, entonces la lucha contra ésta tiene algo de desesperado. La reflexión sobre la manera de impedir la repetición de Auschwitz es enturbiada por el hecho de que hay que tomar conciencia de ese carácter desesperado, si no se quiere caer en la fraseología idealista”.
Este panorama exacerbado de conductas que revelan aberraciones del pensamiento y del espíritu del ser humano, que se desprenden de la pragmática existencial de los fanáticos y de los fanatismos, consideramos que pueden ser afrontadas desde el ejercicio del pensamiento crítico. Pensamiento para saber discernir y distinguir la verdad, la falsedad, la mentira, el engaño, sobre determinados hechos de la realidad del contexto o del mundo interior de las personas. La lectura crítica de la realidad debe asumirse apoyados en la criticidad y el discernimiento. fundamentos de la argumentación científica y del razonamiento discursivo, según Perelman y Ulbrich–Titeca.
Para evitar las trampas del fanatismo y no tragar entero, es pertinente distinguir entre argumentación científica (operación lógica que busca convencer demostrando de la verdad), y argumentación discursiva (operación lógica que busca convencer, persuadir o seducir, a través de juicios de valor). Complementando, además, que la verdad científica y cultural es polifónica (recordar a M. Bajtín, Thomas Kuhn, Paul Feyerabend y otros). Y se puede construir desde el ensayo y el error. Cosa distinta es la verdad revelada que parte de la boca del capitán del fanatismo y que los fanáticos seguidistas defienden hasta inmolarse, sin presentir que es una falsedad temeraria.
En este sentido, y en pos de la verdad, hay que analizar cualquier argumento o tesis, detectando los fundamentos (teorías, hechos, cifras estadísticas, conocimientos, estudios, pruebas lógico-racionales). El ethos de la fuente: su autoridad o seriedad como autor. El garante (Conocimiento universalmente compartido. La concesión, la refutación, la antítesis o contraargumento. Y, por último, la síntesis (Conclusión o reafirmación del punto de vista. Este estudio es un asunto que corresponde al área teórica y pedagógica, la cual nos enseña que el pensamiento crítico es la capacidad de analizar objetivamente y sistemáticamente todos los ángulos de la realidad y los contenidos de la información y el conocimiento. La idea es construir conclusiones bien sustentadas, después de cuestionar supuestos, evaluar hechos y desvirtuar inconsistencias.
Con estos soportes podemos inferir, frente a los fanáticos y los fanatismos, que vale establecer una visión de sensatez frente a los contrastes entre la verdad relativa (cuya filosofía niega el conocimiento absoluto) y el relativismo (teoría que niega la verdad absoluta), porque en estos tiempos de guerras y terrorismos la primera sacrificada es la verdad. De ahí que, en países como Colombia, es prudente defender la actuación de la “Comisión de la Verdad, Justicia y Reparación” (o Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, sin caer en el error de que este mecanismo judicial no se equivoca. Y ¿por qué defenderla? Para que en algo podamos ponernos de acuerdo y, algún día, seamos merecedores de poder descansar de tanta crueldad y tiranía.
Cartagena de Indias, noviembre 5/25.