El invierno extremo no desmiente el cambio climático


Cada vez que un invierno fuerte golpea alguna región del mundo, reaparece la misma pregunta, casi siempre con tono de burla: si hace tanto frío, ¿dónde está el cambio climático?

La pregunta no es nueva ni malintencionada en sí misma. De hecho, es comprensible. Durante años se nos dijo que el planeta se estaba volviendo una caldera, y el frío extremo parece contradecir esa idea. 

Hoy los medios en Estados Unidos hablan de la llegada de un frente frío que traerá nevadas intensas, incluso con la amenaza de ligeras nevadas en el Estado del Sol (Florida) donde el frío extremo no suele hacer parte del paisaje. Cada vez que pasa algo así, reaparece la misma idea negacionista.

Es importante que sepamos, aquí en Colombia o en cualquier otro lugar, que un episodio de frío severo no contradice la realidad del cambio climático. Al contrario, está conectado con ella. El cambio climático afecta con mayor intensidad al Ártico, una región clave para el equilibrio del clima. Al reducirse el contraste de temperaturas entre el polo y las latitudes medias, las grandes corrientes de aire que suelen mantener el frío “encerrado” se vuelven más inestables. Cuando eso ocurre, masas de aire polar pueden desplazarse hacia zonas donde antes eran poco frecuentes, llevando frío extremo a lugares que no están acostumbrados a él.

Lo complejo no es la física del fenómeno, sino la conversación pública que se construye alrededor de él. Negar un problema tan grave como el cambio climático con un post de Instagram de una nevada es una simplificación que confunde más de lo que aclara. No entender el problema o no quererlo entender nos está costando nuestro futuro. 

Entonces podemos decir que los frentes fríos no solamente traen nieve y ventiscas, sino exceso de negacionismo. El clima no funciona por creencias ni por afinidades políticas. Funciona por leyes físicas. Convertirlo en motivo de burla o negación no solo desinforma: erosiona la confianza en la evidencia y empobrece el debate.

De hecho, la pregunta relevante no es por qué hay nevadas tan duras si todos dicen que el planeta se vuelve más caliente con los años. Lo que debemos preguntarnos es si estamos preparados para entender y gestionar un sistema climático cada vez más extremo, errático e impredecible. Y esa conversación pierde sentido cuando se reduce a consignas, incluso cuando mandatarios y líderes mundiales optan por cuestionar o ridiculizar una realidad ampliamente documentada.

Este invierno pasará. Lo que queda por ver es si la discusión pública logra madurar lo suficiente como para dejar de ser ideológica y empezar a ser responsable.