Volvemos a depender, con más fuerza, del gas y del carbón


En abril escribí para este mismo blog que El Niño no era solo un problema climático, sino energético, económico y comunicacional, y que llegaría en el peor momento posible. Los datos de este mes confirman esa alerta.

El comunicado de XM de esta semana dice que los embalses cerraron agosto en 79,36%, con aportes hídricos cuatro meses seguidos por debajo del promedio histórico. Eso se lee como una noticia de sequía, pero la cifra que de verdad importa es otra: cómo está respondiendo el sistema a esa sequía.

En agosto, la generación con carbón subió 6,2% frente a julio, el gas nacional 13,72%, y el gas importado, el más caro de los tres, 28,67% en un solo mes. El gas importado ya representa 34% de todo el suministro nacional, con proyecciones de Promigas de que llegue a 40% antes de que termine el año. Y las reservas probadas de gas del país alcanzan para apenas 4,9 años al ritmo actual de consumo.

Los medios y las entidades reportan estos datos por separado, como si fueran noticias distintas: una de clima, otra de precios, otra de reservas, sin embargo es la misma historia contada en tres pedazos. El sistema perdió margen de generación propia justo cuando más lo necesitaba, y lo está compensando con la opción más costosa y menos confiable que tiene.

Hay incluso un ejemplo de esa fragmentación dentro del propio comunicado de XM. El informe de agosto de 2025 comparaba el nivel de los embalses contra la senda de referencia que fija la CREG, el margen mínimo de seguridad que evita tener que racionar. El informe de este año no la menciona. No sabemos si hoy estamos por encima o por debajo de ese margen, justo el año en que más falta hace saberlo. Cuando cada área reporta su pedazo sin mirar el conjunto, ese tipo de comparaciones simplemente se pierden en el camino.

La energía solar, mientras tanto, sí ha crecido: 66% en un año. Pero todavía representa apenas 8,3% de la generación total, frente al 28,77% que hoy suman el carbón y el gas. Es un avance real, y también la prueba de que ningún avance aislado alcanza a compensar un sistema que perdió margen en varios frentes a la vez, como ya escribí antes sobre el falso dilema entre gas y renovables.

Lo que estamos viendo no es la transición energética fracasando por culpa de quemar más carbón y gas. Es la prueba de que esa transición se diseñó como una carrera de sustitución, cuando debió ser, desde el principio, una maratón de coexistencia con el gas y el carbón. Ese diseño incompleto es lo que hoy nos deja sin margen.

Y el margen se va a seguir achicando. El IDEAM ya confirmó que El Niño está activo, con 81% de probabilidad de alcanzar intensidad "muy fuerte" entre octubre y diciembre, potencialmente uno de los eventos más fuertes desde 1950, sostenido hasta el primer trimestre de 2027. Hoy estos datos se leen como noticias sueltas. Sumados, en unos meses van a pesar como una sola crisis.

Esa transición silenciosa, de agua a combustibles más caros, no se queda en un reporte técnico. Termina en la tarifa que paga cada hogar, cada industria, y en las cuentas que tiene que cuadrar el Estado. Cuando el aumento de costo se explica mes a mes, sin conectarlo con su causa de fondo, la factura le llega a la gente como una sorpresa en vez de como la consecuencia esperada de algo que se veía venir desde hace meses.

Eso es, al final, un problema de comunicación tanto como uno energético. La estrategia (que no sé si deliberada o por desconocimiento) no es ocultar cifras para que un país se prepare a medias, sino contarlas por separado.

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