Conocí al profesor William Malkun hace varios años, cuando se desempeñaba como docente y, posteriormente, como Vicerrector de Extensión de la Universidad de Cartagena, mientras yo ejercía como directivo del Consejo Estudiantil de la Facultad de Ciencias Humanas.
Aun en medio de diferencias -naturales dada la naturaleza plural de la universidad- , coincidimos en varios aspectos sobre el deber ser de la universidad, especialmente en la necesidad de defenderla frente a los desafíos permanentes que enfrenta, en particular los relacionados con su autonomía y con los históricos problemas de financiamiento que afectan a las universidades públicas.
Desde entonces, reconocí en el profesor Malkún a un hombre de talante firme y sereno, defensor de los intereses de la institución, incluso cuando circunstancias adversas pretendían imponerse.
Su postura ha sido la de quien entiende que la universidad no solo se administra: se defiende, y se proyecta como un bien público fundamental.
En los espacios deliberativos estamentarios, siendo él directivo, siempre destacó su actitud democrática y respetuosa del pluralismo ideológico y político que caracteriza la vida universitaria.
Ya en su ejercicio como rector, en 2025, el profesor Malkún enfrentó uno de los momentos más difíciles para la universidad: la amenaza de pagar una obligación económica ilegal cercana a los 200 mil millones de pesos a favor de Ecopetrol.
Ante este desafío, asumió el liderazgo, convocando a los distintos estamentos universitarios —trabajadores, docentes, estudiantes y egresados— y promoviendo una estrategia integral de defensa desde lo jurídico, lo político y lo público, para cerrar filas en torno a la protección del patrimonio de la institución.
Esta lucha trascendió lo institucional: para los estudiantes significó la defensa de su derecho a una educación pública; para Cartagena, la protección de su principal centro de pensamiento y formación; y para el departamento de Bolívar, el resguardo de un patrimonio académico que impulsa el desarrollo social, cultural y económico de la región.
Hoy, la Universidad de Cartagena necesita mantener estos liderazgos.
Por ello, invito de manera respetuosa y consciente a participar en la consulta a rectoría y a respaldar al profesor Willian Malkún. Votar es también un acto de compromiso con el presente y el futuro de nuestra universidad; es la oportunidad de reafirmar, desde la participación, el sentido de pertenencia y la defensa de lo que es de todos.
PD. Recomiendo el artículo académico del profesor Malkún titulado: Universidad de Cartagena, nacimiento, presencia y consolidación 1827-1850. Una lectura obligada para comprender el desarrollo de la universidad de cara a su bicentenario en el año 2027.