Este adjetivo, que también es sustantivo, tiene tanto de largo como de ancho, pero sobre todo, tiene profundidad.
Saber quiénes somos, porqué somos, qué nos conmueve, que nos motiva, que defendemos, en que creemos, que nos hace sentir orgullosos, que nos disgusta, que nos hace felices de nuestra ciudad hace parte del reconocimiento de nuestra identidad.
A partir de las investigaciones realizadas por el Laboratorio de Cultura Ciudadana de Cartagena (LAB3C), especialmente en el marco de la elaboración del Plan Decenal de Cultura Ciudadana y Cartageneidad, (2020- 2023), se puede articular un análisis profundo sobre los desafíos que enfrenta nuestra identidad. La "cartageneidad" no es un concepto estático; es una construcción colectiva e intersubjetiva que hoy se encuentra bajo tensión debido a una serie de fracturas sociales e institucionales.
Según los hallazgos del LAB3C, nuestra identidad está siendo amenazada no solo por factores externos sino por dinámicas internas que debilitan el tejido social. Entre ellas tenemos el alto sentimiento de exclusión de los habitantes. Cuando el ciudadano no se siente parte de las decisiones públicas o percibe que las potencialidades de la ciudad no le pertenecen, se produce una ruptura con la apropiación y el futuro de su territorio. Un ejemplo de esto y que constituye un reto común de las ciudades turísticas en todo el mundo, es la gentrificación y el desplazamiento real y simbólico de áreas históricas, que refuerzan en el ciudadano local la idea de que ser de dicha urbe es algo ajeno a la "ciudad vitrina".
También el diagnóstico del Plan Decenal de Cultura y Cartageneidad revela la existencia de un fenómeno de desconfianza hacia la institucionalidad, que puede ser revertida con acciones positivas de fortalecimiento de la gestión pública pero también con rutas estables para la superación de brechas de pobreza multidimensional, a través de estrategias para superar las tensiones que fragmentan nuestra identidad.
No podemos olvidar que la desconfianza se traduce en apatía, que lleva a no cuidar lo público, porque el ciudadano no se siente participe en su construcción, lo que deteriora la identidad civil y genera ausencia de gestión, conservación y apropiación de los bienes comunes; por esta razón la recuperación de bienes, parques, plazas, calles, infraestructura y activos públicos es un camino importante para revertir el abandono y la exclusión de estos escenarios donde tradicionalmente se manifiesta la cartageneidad, pero también es un vehículo poderoso para la reconstrucción de la convivencia: Recuperar el espacio común es abrirse a la oportunidad de reconocerse en el "otro" facilitando conductas que fortalecen la confianza y la ética ciudadanas.
La cartageneidad es el derecho a disfrutar de una armónica convivencia desde la identidad, que se nutre de las raíces del folclor, de las historias barriales, de la riqueza de los inmigrantes, del contacto enriquecedor con los visitantes, etc. Para ello se requiere el espacio público como bien común donde todos se sientan dueños y responsables, por ser el lugar de encuentro que fortalece el derecho a la ciudad en el uso y disfrute colectivo, involucrando a la ciudadanía en su diseño, cuidado y apropiación de usos diversos en armonía.
Para esto es necesaria la participación, ya que el ciudadano debe sentirse seguro para proponer, debatir, ser escuchado y atendido. En el Plan Decenal de Cultura Ciudadana se proponen esquemas de cocreación entre los actores diversos de ciudad: academia, gremios, gobierno y sociedad civil para que las propuestas tendientes a tejer consensos germinen en este seno. En este marco las iniciativas plurales, como los "laboratorios ciudadanos" del cual el LAB3C es un ejemplo, permiten que los habitantes prueben nuevas formas de relacionarse y recuperen la confianza mutua, a partir de una metodología que propone llevarnos a superar el individualismo. Acciones simbólicas como el proyecto de las "Sombrillas Caminantes” demuestran que el cuidado del otro y de lo público genera beneficios tangibles para todos, fortaleciendo un sentido de pertenencia basado en la solidaridad y no en la exclusión. La creación de una hoja de ruta técnica y participativa asegura que la formación en valores cívicos sea constante, atacando las multicausalidad de la falta de civismo y permitiendo aprovechar el caudal de experiencias sociales a través de su sistematización, replicación y re-creación.
Entre las fuerzas de la globalización que puede desplazar o alienar y la desconfianza que aísla y desconecta, la identidad cartagenera tiene fuerzas internas para salir fortalecida, desde ejercicios de re- politizar, re- iniciar, re- enamorar al ciudadano, haciéndolo sentir actor principal de su territorio. La cartageneidad es ante todo un ejercicio diario de respeto activo y dignidad compartida en cada calle y con cada ciudadano.
Puede consultarse el documento aquí: https://lab3c.com.co/publicaciones/
Elfa Luz Mejía Mercado
Laboratorio de Cultura Ciudadana