Resulta práctico aceptar la estabilidad de realidades institucionales en las cuales se desenvuelve la cotidianidad de la vida colectiva. Asi sucede en nuestra sociedad con la democracia, como la forma de organización política que nos configura el ejercicio del poder político; igual percepción podrán tener en otros países con instituciones teocráticas, monárquicas, tribales, imperiales, de partido único... ¿Qué es mejor? No existe una respuesta con validez universal; llegamos a pensar que la democracia era un modelo probado, pero los hechos demuestran la fractura de este ideal.
En Colombia, aún la democracia nos define como colectividad política. La jornada electoral del domingo 8 de marzo de 2026 lo demuestra: Participar con nuestro voto ha sido un gesto individual que dota de solidez a las instituciones que nuestra estructura constitucional ha diseñado. En este ejercicio se ha hecho visible la diversidad, el pluralismo, la arena de debate de las diferencias, la construcción de consensos y en mayor o menor medida -dada la polarización y el uso indiscriminado de lenguajes públicos disonantes y agresivos- el respeto de los contendores en el juego democrático.
En medio del presente histórico mundial colmado de agitaciones así como en el contexto nacional de cambios, surgimiento de nuevos liderazgos, ruidos y gritos, exigencias macroeconómicas, equilibrio de poderes y un largo etcétera de incertidumbres y preguntas, acudir a un puesto de votación para encontrar los listados en la puerta, las personas que guiaban a los sitios, el grupo de ciudadanos investidos de la función electoral transitoria de jurados de votación, los cubículos de cartón, las cajas para depositar los votos, los discretos agentes de policía resguardando la entrada y la salida ha sido un rito cívico de confianza en la permanencia de las instituciones, de las cuales los ciudadanos votantes somos el eje principal.
Tal vez porque quien escribe es mujer y su madre votó por primera vez en 1957 -cuando ella tenía 22 años- y este evento siempre fue central en su memorial vital, la pregunta de cultura ciudadana de hoy es: ¿Votamos?
Se conserva lo que se cuida en el tiempo y esto sucede con la democracia. No basta con opinar en redes, elevar a personas al estatus de influencers, generar tendencias, participar en marchas, acudir a eventos masivos; es indispensable acudir al puesto de votación asignado y depositar el voto libre para mantener el funcionamiento y validez social de la democracia; de este gesto individual que se suma a millones de personas que lo repiten a lo largo del territorio nacional surge la conformación de nuestras corporaciones y el nombre de nuestros presidente, vicepresidente, gobernadores y alcaldes.
El DANE en sus documentos de la Encuesta de Cultura Política incorpora la definición de ésta en los siguientes términos: “[…] el conjunto de las orientaciones específicamente políticas de los ciudadanos hacia el sistema político, hacia sus partes componentes y hacia uno mismo como parte del sistema” (Almond y Verba, 1963:23). [https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/cultura/cultura-politica-encuesta].
De esto se trata la Cultura Política vinculada estrechamente a la Cultura Ciudadana.
Gloria Yepes
Historia y Artes PhD.