Claudio Giovanessi

Claudio Giovannesi: “No es posible recuperar el tiempo perdido"



Crédito: Douglas Kirkland. Getty Images

El director italiano reflexiona sobre la memoria, la guerra y los vínculos que llegan demasiado tarde en su nueva película, Hey Joe.

En el marco de la 19ª edición de la Festa do Cinema Italiano, en Lisboa, he tenido la oportunidad de conversar con el cineasta Claudio Giovannesi, una de las voces que más se consolidad dentro del cine contemporáneo europeo. Su obra, profundamente arraigada en lo real, ha explorado con sensibilidad las tensiones de la juventud, los márgenes sociales y las huellas invisibles de la historia, principalmente en su Italia natal. Pero con Hey Joe, su más reciente película ( protagonizada por James Franco y Francesco di Napoli) presentada en el festival, percibí un giro interesante: una historia donde el peso ya no recae en quienes buscan un modelo a seguir, sino en quien intenta, demasiado tarde, reconstruir un vínculo, un vínculo que puede estar perdido.

Ambientada en Nápoles —una ciudad que en su cine se siente viva, compleja y lejos de cualquier postal turística—, Hey Joe se sitúa en las consecuencias de la guerra más que en la guerra misma. A través del encuentro entre un padre y un hijo separados por décadas, la película propone una reflexión sobre el tiempo, la memoria y las heridas que no siempre pueden cerrarse. En el centro de Hey Joe emerge una idea contundente: el pasado no se puede recuperar. El reencuentro entre padre e hijo no es una reparación, sino una confrontación con el tiempo perdido. El personaje del padre, que regresa para buscar a un hijo al que nunca conoció, aparece escindido no solo por las diferencias culturales entre Estados Unidos e Italia, sino también por la lengua y por una distancia generacional marcada por una época en la que el ascenso social de los jóvenes —especialmente en contextos marginales— era una fuerza urgente, casi inevitable. Más que reconciliar, la película expone esa fractura y la transforma en una posibilidad incierta de construir algo nuevo.

Sobre Hey Joe, pero también sobre sus motivaciones, sobre Nápoles y sobre su visión como realizador, continuación, algunos fragmentos de la conversación con Claudio.

1. Hay un momento en la vida, principalmente la adolescencia, donde la influencia de algunas personas mayores puede marcar el rumbo de nuestras vidas, como vemos en películas tuyas como Fiore o La Paranza dei Bambini (Piranhas). ¿Era esta la idea en Hey Joe?

R: Creo que en el caso de Hey Joe es lo contrario. En mis anteriores películas sí que hay personajes jóvenes que, en esa búsqueda de quiénes quieren ser, se encuentran con figuras a las que quieren imitar o que influyen en sus vidas, como esa figura paterna —no literal, pero sí simbólica— en La Paranza dei Bambini. Sin embargo, en Hey Joe es un hombre mayor quien viaja para buscar la figura de su hijo, y ambos comparten y aprenden de sus vivencias.

2. Nápoles es nuevamente protagonista en Hey Joe. ¿Qué representa para ti y cómo la ves como personaje cinematográfico?

R: Nápoles es una ciudad con la que siento una gran conexión. Me he mudado allí y he vivido algunos años; incluso hay personas que piensan que soy napolitano. Aunque soy de Roma, es una ciudad que me gusta mucho por su historia, por lo que representó durante la Segunda Guerra Mundial y después, especialmente por la influencia de los Estados Unidos. Desde lo cinematográfico, me atrae porque es de las pocas ciudades italianas que aún conserva una esencia propia, sin haberse convertido completamente en una postal turística. Su centro continúa siendo un centro popular y no una adaptación al turismo que hoy corroe todo. Cuando digo “popular” me refiero a un centro donde vive y trabaja gente y te puedes encontrar cosas buenas y malas, y en ese orden esto de trabajar con el barrio es algo que es disruptivo, pero que me entusiasma, y esa cierta espontaneidad se ve reflejada en la cinematografía.

3. Tus historias son profundamente italianas —y estas últimas muy napolitanas—, pero abordan temas universales como la juventud o el crimen. ¿Cuál es el vínculo emocional que te lleva a escoger un proyecto?

R: Sin duda hay un componente muy humano, y como dices, universal. La juventud, el crimen, el deseo de crecer socialmente no pertenecen solo a Nápoles, sino a cualquier periferia del mundo. En cuanto al vínculo, no hay algo premeditado. Los temas surgen de la experiencia, de lo que vivo y de aquello que me toca personalmente. Todas mis películas, aunque sean ficción, parten de algo real, casi como si fueran documentales.

4. En el marco de este festival se rinde homenaje a Pasolini. ¿Es una referencia para ti como director?

R: Sin duda, Pasolini es un referente para mí, sobre todo por su forma de ficcionalizar el realismo, creando historias muy particulares a partir de una base real. En ese sentido, cada película que hago tiene esos dos componentes: lo real y lo ficticio.

5. Hey Joe pone el foco en las consecuencias de la guerra y en un reencuentro marcado por la distancia. ¿Qué te interesaba explorar en esa relación entre padre e hijo, especialmente en torno a la idea de lo irreparable?

R: Es una obra sobre las consecuencias de la guerra, no sobre los campos de batalla. Me interesaba mostrar cómo la violencia no termina con el conflicto, sino que deja una herencia en las décadas siguientes. Quienes hacen la guerra son los hombres, pero quienes más la sufren son las mujeres, los niños, las familias.

La historia parte de ese contexto: de algo que ocurrió en el pasado y que sigue teniendo efectos muchos años después. Y en ese sentido, la relación entre padre e hijo refleja precisamente eso. No es posible recuperar el tiempo perdido, no es posible cambiar un error hecho en el pasado.

Lo único que se puede hacer es intentar construir un futuro nuevo, abrir otras posibilidades. Pero esa relación siempre estará marcada por una distancia, por algo que no se vivió y que ya no puede reconstruirse. Y eso, para mí, es el núcleo emocional de la película.

Más allá de las respuestas, lo que queda de este diálogo es la sensación de estar ante un cineasta que no busca imponer discursos, sino observar, escuchar y transformar la experiencia en relato. En Hey Joe, esa mirada se traduce en una historia íntima y contenida, donde el pasado pesa, pero no impide —del todo— imaginar un futuro distinto.

Hey Joe. Poster oficial. Palomar Vision Distribution