¡Gracias, Rey!


Después del terremoto que afectó tanto al país, he pensado que las mejores maneras de ayudar a nuestros compatriotas a reconstruir sus ciudades y sus vidas son: una, con la solidaridad permanente, expresada en donaciones que lleguen a quienes las necesitan; y otra, continuando y mejorando nuestro día a día, con mejores proyectos que nos hagan crecer como sociedad y como individuos.

En ese sentido, el viernes 28 de agosto pasado, el Club de Pesca de Cartagena de Indias organizó por primera vez una velada que bautizó como Tarde con historia, dirigida a sus socios y a sus invitados. El tema de esta primera sesión fue la apasionante, trágica y, por momentos, muy entretenida historia del intento de toma de Cartagena de Indias en 1741por la expedición anfibia británica comandada por el almirante Edward Vernon e impedida por Blas El Teso y el Virrey Eslava

La idea de organizar este evento fue de mi amigo Reynaldo Martínez Emiliani, quien se inspiró en las Cenas con historia que Anamarta y yo venimos realizando en nuestro apartamento desde mayo de 2023. La diferencia es que nuestras cenas son íntimas: seis, máximo diez invitados. La organizada por Rey era para 120 personas, sentadas a manteles.

Para sacar adelante el evento, Rey contó con un equipo de mujeres estupendas: Sandra Borda Caldas, Ileana Stevenson y Katherine Ortiz. Y para echar el cuento, que debía combinar la precisión histórica con las anécdotas memorables de aquel sitio de 1741, eligió como moderador a Nicolás Pareja, director de El Universal, y como expositores al arquitecto e historiador Gonzalo Zúñiga y a mí.

Todos los astros se alinearon aquel viernes para hacer del evento un hecho memorable. El clima de Cartagena se comportó a la altura: dejó la tormenta tropical para la tarde y noche del sábado y brindó a los asistentes una temperatura que hizo inútiles los abanicos. El muelle donde se realizó el evento, entre los yates fondeados a lado y lado, fue un escenario magnífico para un relato marino como el que nos convocaba.

La organización fue impecable, desde la recepción de los asistentes con el cóctel que lleva por nombre el apodo de Vernon —sus marinos lo llamaban Old Grog— hasta el cierre de la velada. El sonido y la pantalla, tantas veces culpables de que los conversatorios naufraguen, operaron al ciento por ciento. Y la comida, muy bien servida y mejor preparada, tuvo esa sabrosura caribe que está haciendo de Cartagena un destino gastronómico.

Comentario aparte merecen los asistentes, quienes constituyeron un público perfecto para contarles lo ocurrido en su ciudad en 1741, con sus antecedentes y sus consecuencias. Su interés nos acompañó durante las dos horas que duró el conversatorio.

Fue, en síntesis, una velada mágica, que espero haya dejado sembrada la semilla para que se repita muchas veces más en ese muelle que albergó durante años a un gran señor y mejor tío, Germán Leongomez Matamoros. 

Y todo lo anterior se lo debemos a Rey.


Fotografía: Zenia Valdelamar. Cortesía de El Universal