La travesía
El viaje empezó cuando la tirada de quinientos ejemplares de mi primera novela, editada por Yarumo Libros, salió de las instalaciones de DGP Editores SAS, en Bogotá, D. C., Colombia. El destino inicial de los primeros libros fue la ciudad de Cali, conocida también con el sobrenombre de la Capital del Cielo.
Allí, en medio de la calidez y el entusiasmo de los asistentes a la Feria del Libro de Cali, que se celebra en el Bulevar del Río, un lugar mágico y abierto, Las bocas del silencio hizo su presentación en sociedad de la mano del escritor caleño Antonio García Ángel, autor de una verdadera fiesta de la literatura titulada Que pase lo peor.
De Cali mi novela saltó a Cartagena de Indias, puerto donde fue gestada entre los años 2021 y 2025. La presentación ante sus paisanos se realizó en dos ocasiones en una de las librerías más lindas del mundo, Ábaco Libros y Café, conducida por dos personas amigas: la literata Iliana Restrepo Pareja y el historiador Alfonso Múnera Cavadía.
Desde este sitio icónico del centro histórico de La Heroica, la novela recorrió poco más de cien kilómetros hasta llegar a otro lugar emblemático, La Cueva, en Barranquilla, donde el responsable de introducirla fue el historiador Gustavo Bell Lemus.
Su siguiente destino fue otro puerto, Santa Marta, y otra librería: Librería Café de Pombo, un centro cultural joven donde el librero Edwin Dayán Uribe conversó conmigo sobre Las bocas del silencio.
El siguiente destino fue la capital donde la novela había visto la luz. Allí, en esa ciudad helada, vital y que no para, tuvieron lugar dos presentaciones. La primera ocurrió en una antigua sinagoga donde hoy mora el espíritu de una teatrera que no conoció la novela, pero a quien sin duda le habría encantado hacerlo: la gran Fanny Mikey. El responsable de presentarla en Casa del Teatro Nacional fue su padrino, el poeta Darío Jaramillo Agudelo.
La segunda presentación ocurrió en un sitio donde Las bocas del silencio sintió, de la mano de Luc Gerard, la magia y la calidez de África: Casa Kitambo.
Este periplo de la primera edición de Las bocas del silencio culmina la semana entrante, más exactamente el sábado 31 de enero a las tres en punto de la tarde, cuando el escritor caribe de origen dominicano Frank Báez conversará conmigo en la librería Remedios La Bella, del Fondo de Cultura Económica en el Claustro de La Merced en Cartagena de Indias.
Será un cierre estupendo, al lado de las cenizas de Gabriel García Márquez, el gran caribe colombiano que sin duda influyó, con sus escritos, en que esta novela tomara forma.
Las reacciones
Este peregrinaje de Las bocas del silencio no ha pasado desapercibido para los lectores, quienes han escrito y dicho cosas muy lindas sobre la novela, donde el verbo más frecuente ha sido disfrutar y el sustantivo más usado, delicia:
—«Fue una delicia mi lectura».
—«Las bocas del silencio son un laberinto de sorpresas altamente disfrutable…».
—«El libro es excelente, va a gustar».
—«…empecé a disfrutar esta pieza de picaresca clásica».
—«¡El humor fino en cada cierre de relato! ¡Es un libro muy usted!».
—«Qué alegría, una novela donde, como dijo Darío, pasan cosas muy interesantes, bien contadas, en varios planos, continentes, ciudades, islas. Ese retrato de los bogotanos cachacos es magistral».
—«Disfruté muchísimo leyéndolo y me daban constantemente muchas ganas de seguir, a pesar de las otras cosas en mi agenda —lo cual es siempre un muy buen signo—. Me da mucha gracia que a tus 73 años hayas debutado con esta historia tan tremenda, con un párrafo inicial que para mí ya es casi legendario».
—«Tu novela es una deliciosa caja de trufas de chocolate».
Reimpresión
Terminado por estos días este primer viaje, Las bocas del silencio iniciarán otro, igual de disfrutable y delicioso, cuando en unas semanas, gracias de nuevo a Yarumo Libros, vea la luz su primera reimpresión. Será una ocasión inmejorable para reanudar, en un nuevo nivel, la conversación sobre su entorno histórico, su trama y sus personajes.