Quiénes ganaron, quiénes perdieron y quiénes todavía pueden ganar


Las elecciones del pasado domingo 8 de marzo definen muchas cosas y, a riesgo de equivocarme, aquí me tiro al agua con algunos análisis y predicciones.

Por el carril de la izquierda, Cepeda queda solo en la carrera presidencial. Eso es bueno para él, pero no necesariamente para la izquierda. La votación de la lista del Pacto Histórico al Senado, que tantas alegrías despertó en el petrismo, muestra que el nivel de aceptación del presidente y el de su candidato no se traduce automáticamente en votos. Los 25 senadores elegidos obtuvieron el 23 % de la votación, un porcentaje importante, pero muy por debajo de las favorabilidades que hoy registran Petro y Cepeda en las encuestas.

Al escoger como fórmula vicepresidencial a la senadora Quincué, Cepeda parece optar por consolidar su electorado antes que ampliarlo. Seguramente calcula que, si Petro ganó con Francia Márquez en 2022, nada impide repetir la fórmula con una dirigente indígena en 2026. El problema es que esta elección será muy distinta a la anterior. Primero, porque el país ya vivió cuatro años del gobierno de Petro y ese balance pesa. Segundo, porque el candidato de la oposición ya no es el Ingeniero (Q. E. P. D.), sino una mujer que ha demostrado en la consulta su capacidad de tejer alianzas. Y tercero, porque la votación obtenida por la Gran Consulta por Colombia abre la puerta a una coalición amplia en torno a Paloma Valencia, cuyos integrantes, a diferencia de lo ocurrido hace cuatro años con la coalición del centro, han manejado sus diferencias con notable disciplina. Disciplina que esperemos no se resquebraje por intereses individuales.

Por el carril de la derecha, si De la Espriella realmente quiere lo mejor para el país, lo más sensato sería que renunciara a su candidatura y empezara desde ya a cargarle la maleta a Paloma Valencia. La votación de sus listas fue, por decir lo menos, escuálida, y tampoco refleja el nivel de favorabilidad que las encuestas le atribuyen. Su discurso, además, difícilmente suma sectores nuevos, sobre todo entre quienes desconfían de los radicalismos, sean de izquierda o de derecha. La elección de su compañero de fórmula vicepresidencial, una persona que conozco y respeto, no trae nuevos votos, pero si abre la puerta al diálogo con otros sectores.

Paloma, a quien muchos tildan de ultraderecha, ha demostrado que esa etiqueta es demasiado simple. Con un manejo inteligente de sus actuales aliados podría congregar en torno suyo a conservadores, liberales, sectores de Cambio Radical y, sin duda, a una parte importante del centro.

El carril central, entretanto, corre el riesgo de desaparecer. La votación de Claudia no alcanzó siquiera la mitad de las expectativas, y Fajardo, fiel a su costumbre de caminar solo, corre el peligro de evaporarse del panorama político. Eso no significa que ambos carezcan de importancia en lo que viene. Por el contrario: pueden convertirse en piezas claves en el inevitable juego de alianzas que se dé, antes o después de la primera ronda electoral. Podrían sumarse a la coalición que eventualmente lidere Paloma. La otra opción sería acercarse a Cepeda, aunque, conociendo el dogmatismo de este último, no parece la jugada más probable.

En política, como en el fútbol, no siempre gana quien cree haber ganado. Hoy muchos, empezando por Petro y Cepeda, que celebran como si hubieran vencido. Pero las cifras sugieren que su victoria puede ser menos sólida de lo que parece. Otros, como Roy y Quintero, creen que perdieron… porque en efecto perdieron. Y otros más, como Fajardo o De la Espriella, ni siquiera saben en qué casilla del marcador quedaron.

Quienes sí parecen tener claro que ganaron, y que todavía pueden ganar mucho más, son Paloma Valencia y los integrantes de la Gran Consulta. Todo dependerá ahora de su capacidad para construir algo aún más grande e importante: una gran alianza nacional donde quepan la derecha no extrema, el centro y la izquierda no petrista.

Algo que, dicho sea de paso, es exactamente lo que Colombia necesita.