Una casa, dos rebeldías


En ocasiones me he preguntado si la rebeldía que nos contagió a los cinco hermanos Pizarro Leongómez nos viene en el ADN. Buscar una respuesta me ha llevado, este fin de año, a leer el libro que sobre nosotros escribió el periodista neerlandés Robert Jan Friele. Los textos de Robert tienen varias virtudes: una, los escribe un europeo con la ventaja que le da la distancia de pertenecer a un país y a un continente lejanos; dos, aunque es nuestra historia, es sobre todo la historia de Colombia vista por un extranjero y narrada a través de nosotros; tres, Robert recoge numerosos testimonios de tres generaciones que nos muestran un universo más diverso y completo que si solo se tomara una de ellas. Al fin y al cabo, somos porque fuimos y porque seremos a través de nosotros mismos y de otros que nos precedieron y nos sucederán.

De acuerdo con el autor neerlandés —quien recoge una tradición familiar—, la rebeldía nos viene por el lado materno: José Acevedo y Gómez, el Tribuno del Pueblo; su hija, Josefa Acevedo y Gómez de Gómez, una mujer excepcional, escritora cuando este oficio era monopolio de los varones y feminista cuando este vocablo aún no existía; y Adolfo Leongómez, poeta, periodista y político liberal que sufrió cárcel en el Panóptico de Bogotá —hoy Museo Nacional— y en el leprosorio de Agua de Dios, adonde fue desterrado para frenar su rebeldía. Además del sufrimiento, que no fue poco, Adolfo compuso poemas que luego se convirtieron en bellas canciones, no solo andinas sino también caribes.

No parece haber duda —y siento que Robert Friele piensa lo mismo— de que nuestro inconformismo proviene de los Leongómez liberales y no de los Pizarro godos. Es cierto que la rebeldía de los primeros es más dramática, más ruidosa y mejor documentada. Pero, a mi entender, no explica por completo nuestra indocilidad, que también está marcada por la actitud de un hombre conservador como mi padre: alguien que se negó a dar de baja a dos oficiales de la Armada por ser liberales, como se lo exigió un dictador de origen conservador; y que prefirió renunciar a su carrera militar cuando un presidente liberal cedió a las presiones del Ejército para impedir que fuera nombrado ministro de Guerra, como lo merecían él y la Armada Nacional.

En honor a esa rebeldía dual —la liberal, que busca mejoras sociales, y la conservadora, que busca integridad y orden—, hace muchos años decidí que no soy de izquierda ni de derecha. O, mejor dicho, que para ciertas cosas soy de derecha; que para otras soy de izquierda; y que para otras no soy ni de izquierda ni de derecha.

Lo que sin duda Robert entendió bien es que nuestra casa fue un lugar de convergencias, pero también de divergencias, que se conversaban en medio de un profundo respeto por el otro. Algo que mantuvimos en nuestra vida privada y que debimos haber defendido con mayor fuerza en nuestra vida pública.

Nota bene: El libro de Friele, publicado originalmente en neerlandés, fue traducido al español y editado en nuestra lengua por Ícono Editorial, con traducción de Catalina Ginard Féron.