Del voto VERGONZANTE al voto EMBERRACADO y del voto emberracado al voto SERENO Y SABIO
Resumen
Durante las primeras décadas del siglo XXI, América Latina ha experimentado una profunda reconfiguración de sus dinámicas políticas y culturales. Más allá de la tradicional alternancia entre izquierda y derecha, se observa una transformación en la forma como amplios sectores de la población perciben, expresan y ejercen su participación política. Este artículo analiza la evolución del denominado voto vergonzante hacia lo que aquí se denomina voto emberracado, interpretando dicho tránsito a la luz de la teoría de la batalla cultural desarrollada por autores como Antonio Gramsci y reinterpretada contemporáneamente por Agustín Laje. Se argumenta que una parte significativa de la reacción conservadora contemporánea surge como respuesta a la percepción de hegemonías culturales progresistas instaladas en diversos espacios educativos, mediáticos e institucionales. Sin embargo, el artículo sostiene que la democracia madura no puede quedarse atrapada ni en el silencio del voto vergonzante ni en la emocionalidad del voto emberracado. Como horizonte normativo se propone el concepto de voto sereno y sabio, inspirado en la teoría de la resonancia de Hartmut Rosa, entendido como una forma de participación política orientada a la construcción de una vida buena compartida.
Palabras clave: batalla cultural, comportamiento electoral, voto vergonzante, voto emberracado, conservadurismo, resonancia, ciudadanía democrática
Un pretexto para dar contexto
17 Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela del pueblo de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, tú les advertirás de parte mía.
18 Cuando yo diga al malvado: «Vas a morir», si tú no se lo adviertes, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, y de esa manera salve su vida, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
19 Si tú, en cambio, adviertes al malvado y él no se convierte de su maldad y de su mala conducta, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.
20 Y cuando el justo se aparte de su justicia para hacer el mal, yo lo haré tropezar, y él morirá porque tú no se lo has advertido: morirá por su propio pecado y no le serán tenidas en cuenta sus obras de justicia, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.
21 Si tú, en cambio, adviertes al justo para que no peque y el justo no peca, él vivirá porque ha sido advertido, y tú habrás salvado tu vida.
(Ezequiel 3, 17 - 21)
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Introducción
Uno de los fenómenos políticos más interesantes del siglo XXI consiste en la creciente desconexión entre lo que los ciudadanos dicen públicamente y lo que finalmente hacen en las urnas. La literatura sobre comportamiento electoral ha documentado ampliamente la existencia de votantes que ocultan sus preferencias políticas debido a presiones sociales, temor a la desaprobación o fenómenos de autocensura colectiva (Noelle-Neumann, 1995).
Sin embargo, en los últimos años parece estar ocurriendo algo diferente.
Muchos ciudadanos que anteriormente ocultaban sus convicciones hoy las expresan abiertamente e incluso con intensidad emocional. Lo que antes era silencio se ha convertido en protesta. Lo que antes era reserva se ha transformado en confrontación. Lo que antes era prudencia política hoy se expresa frecuentemente como indignación.
Desde una perspectiva cercana a la denominada centroderecha liberal-conservadora, este fenómeno no puede comprenderse únicamente mediante variables económicas. Existe también una dimensión cultural.
Autores como Agustín Laje (2022) sostienen que gran parte de la política contemporánea se desarrolla en el terreno de las ideas, los símbolos, los valores y las narrativas que configuran la percepción social de la realidad. En otras palabras, antes de ganar elecciones es necesario ganar legitimidad cultural.
Esta perspectiva recupera parcialmente la intuición de Gramsci (1971), quien señalaba que el poder político duradero depende de la construcción de hegemonías culturales capaces de moldear el sentido común de una sociedad.
Paradójicamente, una parte importante de la nueva derecha latinoamericana considera que la izquierda comprendió mejor que nadie esta lección gramsciana y logró construir durante décadas una notable influencia sobre instituciones educativas, medios de comunicación, organizaciones culturales y organismos internacionales.
Desde esta lectura surge la noción contemporánea de batalla cultural.
La batalla cultural y el surgimiento del voto vergonzante
La idea de batalla cultural parte de un supuesto fundamental: las disputas políticas no se limitan al Estado ni a las elecciones.
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También ocurren en las escuelas.
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En las universidades.
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En los medios de comunicación.
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En la industria cultural.
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En las redes sociales.
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En los lenguajes que una sociedad considera aceptables.
Laje (2022) sostiene que durante varias décadas determinados marcos interpretativos asociados al progresismo lograron ocupar posiciones privilegiadas dentro de estos espacios, configurando lo que él denomina una hegemonía cultural progresista.
Desde esta perspectiva, muchos ciudadanos conservadores comenzaron a percibir que expresar ciertas opiniones relacionadas con religión, familia, nación, seguridad o tradición podía generar sanciones simbólicas.
La teoría de la espiral del silencio formulada por Noelle-Neumann (1995) ayuda a comprender este fenómeno. Según esta autora, los individuos tienden a ocultar opiniones que perciben como socialmente minoritarias o susceptibles de generar rechazo.
En consecuencia, surgió lo que diversos analistas políticos han denominado voto vergonzante.
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No se trataba necesariamente de ciudadanos indecisos.
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Tampoco de votantes desinformados.
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Eran personas que preferían reservar públicamente sus preferencias mientras las mantenían intactas en privado.
Como señala Inglehart (2018), las transformaciones culturales contemporáneas han generado fuertes tensiones entre valores tradicionales y valores posmaterialistas, configurando nuevos clivajes políticos que atraviesan gran parte de las democracias occidentales.
Del desencanto político a la indignación colectiva
La segunda variable explicativa del fenómeno se relaciona con los resultados concretos de gobierno.
Durante las primeras décadas del siglo XXI numerosos países latinoamericanos experimentaron ciclos políticos vinculados a distintas expresiones de la izquierda regional.
Aunque sus resultados fueron diversos y heterogéneos, comenzaron a emerger percepciones de frustración asociadas a problemas persistentes como corrupción, inseguridad, deterioro institucional, estancamiento económico y crisis migratorias.
La teoría del voto retrospectivo sostiene que los ciudadanos evalúan a los gobiernos principalmente por sus resultados percibidos (Fiorina, 1981).
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Cuando las expectativas no se cumplen, aumenta la probabilidad de castigo electoral.
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La frustración acumulada comienza entonces a transformarse en energía política.
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Y es precisamente allí donde emerge lo que podríamos llamar voto emberracado.
El voto emberracado como fenómeno psicológico y político
Desde la psicología política sabemos que las emociones desempeñan un papel central en la toma de decisiones electorales.
Durante mucho tiempo predominó la idea de que los votantes actuaban principalmente mediante cálculos racionales.
Hoy sabemos que esa visión resulta insuficiente.
Autores como Jonathan Haidt han demostrado que las emociones suelen preceder a las justificaciones racionales de nuestras decisiones políticas.
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La indignación, la ira y la percepción de injusticia poseen una extraordinaria capacidad movilizadora.
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El voto emberracado no representa simplemente una adhesión a una ideología.
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Representa una reacción emocional frente a una realidad percibida como insatisfactoria.
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Su fuerza proviene menos de la doctrina y más del desencanto.
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Menos de la teoría y más de la experiencia cotidiana.
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Menos de los programas políticos y más de la sensación de que las élites gobernantes dejaron de escuchar a los ciudadanos.
Por ello, movimientos conservadores, libertarios y de centroderecha han logrado crecer en numerosos países occidentales.
No necesariamente porque todos los ciudadanos compartan íntegramente sus postulados ideológicos.
Sino porque han logrado canalizar emociones sociales acumuladas.
El riesgo de quedarse atrapados en la ira
No obstante, la indignación también tiene límites.
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La ira puede movilizar.
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Pero difícilmente puede gobernar.
La historia política demuestra que las emociones constituyen excelentes motores de cambio, pero pésimos arquitectos de estabilidad institucional.
Cuando la política se reduce exclusivamente a la confrontación emocional aparecen fenómenos peligrosos:
- Polarización afectiva.
- Tribalismo ideológico.
- Demonización del adversario.
- Deterioro del diálogo democrático.
Como advierte Levitsky y Ziblatt (2018), las democracias suelen erosionarse cuando desaparece el reconocimiento mutuo entre adversarios políticos.
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La cuestión central ya no es quién tiene razón.
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La cuestión central es si todavía somos capaces de convivir con quienes piensan distinto.
Y aquí aparece una pregunta decisiva para las democracias latinoamericanas:
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¿Existe una etapa posterior al voto emberracado?
Inteligencia política y sabiduría política
La respuesta a esta cuestión exige distinguir dos conceptos que con frecuencia se utilizan como sinónimos, pero que en realidad designan capacidades humanas diferentes: la inteligencia y la sabiduría. La inteligencia puede entenderse como la capacidad para resolver problemas de manera eficaz. Gracias a ella analizamos información, evaluamos escenarios, diseñamos estrategias y tomamos decisiones orientadas al logro de determinados objetivos. En cierto sentido, la inteligencia responde a una pregunta eminentemente práctica: ¿cómo puedo alcanzar aquello que me propongo?
La sabiduría, en cambio, opera en un nivel más profundo. Mientras la inteligencia se ocupa principalmente de los medios, la sabiduría reflexiona sobre los fines. No pregunta solamente cómo alcanzar un objetivo, sino si ese objetivo merece realmente ser perseguido y qué consecuencias tendrá para la propia vida y para la vida de los demás. Por ello, la sabiduría no consiste únicamente en saber hacer las cosas correctamente, sino en discernir qué cosas vale la pena hacer.
Hartmut Rosa y la construcción de una vida buena
La teoría de la resonancia desarrollada por Hartmut Rosa (2019) ofrece un marco particularmente valioso para este análisis.
Según Rosa, el principal problema de las sociedades contemporáneas no es simplemente económico.
Es existencial. Vivimos inmersos en una lógica de aceleración permanente.
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Queremos producir más.
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Consumir más.
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Acumular más.
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Controlar más.
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Pero no necesariamente vivimos mejor.
Para Rosa, la vida buena consiste en desarrollar relaciones resonantes con el mundo.
La resonancia implica una relación significativa, transformadora y recíproca con las personas, las instituciones, la naturaleza, la cultura y la comunidad.
Desde esta perspectiva, una sociedad democrática saludable no se mide únicamente por el crecimiento económico ni por la eficacia administrativa.
También debe evaluarse por su capacidad para generar vínculos sociales significativos.
La pregunta política fundamental deja entonces de ser: ¿Quién gana las elecciones?
Y pasa a ser: ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo?
El voto sereno y sabio
Aquí emerge la propuesta central de este artículo.
Después del voto vergonzante y del voto emberracado debe surgir el voto sereno y sabio.
Un voto que conserve la valentía de expresar convicciones.
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Un voto que mantenga la capacidad crítica.
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Pero que no se deje gobernar por la ira.
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Un voto capaz de combinar firmeza con prudencia.
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Convicción con humildad.
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Identidad con apertura.
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El ciudadano sereno y sabio comprende que ningún partido político posee el monopolio de la verdad.
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Que ningún líder es un salvador.
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Que toda propuesta humana es imperfecta.
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Y que la democracia exige algo más difícil que ganar elecciones.
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La democracia exige aprender a convivir.
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Conclusión
Desde una perspectiva de centroderecha democrática, el tránsito del voto vergonzante al voto emberracado constituye uno de los fenómenos políticos más significativos de la América Latina contemporánea.
Durante décadas, amplios sectores sociales percibieron que determinadas convicciones culturales eran sistemáticamente marginadas del debate público. La batalla cultural ayuda a comprender por qué muchos ciudadanos desarrollaron formas de autocensura política y posteriormente reaccionaron con creciente intensidad emocional.
Sin embargo, la historia democrática no puede terminar en la indignación.
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La ira puede despertar a una sociedad.
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Pero no puede sostenerla indefinidamente.
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La inteligencia política puede ayudarnos a derrotar malos gobiernos.
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La sabiduría política puede ayudarnos a construir una sociedad mejor.
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La inteligencia resuelve problemas.
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La sabiduría enseña a vivir bien.
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Y siguiendo a Hartmut Rosa, vivir bien significa construir una vida resonante, una vida capaz de establecer relaciones significativas con los demás, con las instituciones y con el mundo compartido.
El verdadero desafío de las democracias latinoamericanas no consiste únicamente en pasar del silencio a la protesta.
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Consiste en pasar de la protesta al discernimiento.
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Del resentimiento a la responsabilidad.
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De la reacción a la construcción.
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Del voto vergonzante al voto emberracado.
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Y del voto emberracado
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al voto sereno y sabio.
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P.D. Mi voto es por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. No me avergüenza decirlo, pero tampoco lo expreso desde la rabia o el apasionamiento. Es el resultado de un ejercicio personal de reflexión y discernimiento, realizado a la luz de la actual coyuntura política nacional.
En mi opinión, y pensando en lo que considero mejor para Colombia, espero que sean elegidos para gobernar el país durante los próximos cuatro años. Sin embargo, si no compartes mi posición política, deseo que, independientemente de quién resulte vencedor, podamos seguir conviviendo democráticamente en este mismo espacio y tiempo, reconociéndonos como conciudadanos y construyendo juntos una sociedad más libre, más justa y más humana.
Dicho en términos de la propuesta desarrollada en este artículo, espero que podamos hacerlo de manera verdaderamente resonante.
Referencias
Fiorina, M. P. (1981). Retrospective Voting in American National Elections. Yale University Press.
Gramsci, A. (1971). Selections from the Prison Notebooks. International Publishers.
Haidt, J. (2012). The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion. Pantheon Books.
Inglehart, R. (2018). Cultural Evolution: People's Motivations are Changing and Reshaping the World. Cambridge University Press.
Laje, A. (2022). La batalla cultural: Reflexiones críticas para una nueva derecha. HarperCollins Ibérica.
Levitsky, S., & Ziblatt, D. (2018). How Democracies Die. Crown.
Noelle-Neumann, E. (1995). The Spiral of Silence: Public Opinion, Our Social Skin (2nd ed.). University of Chicago Press.
Rosa, H. (2019). Resonance: A Sociology of Our Relationship to the World. Polity Press.
Rosa, H. (2021). The Uncontrollability of the World. Polity Press.
Schwartz, S. H. (2020). Values and behavior: Taking a cross-cultural perspective. International Journal of Psychology, 55(4), 531–538.