Por qué Petro es peligroso: Argumentos filosóficos, teológicos, psicológicos y comunicacionales
Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en la historia reciente de Colombia, ha generado un debate polarizado sobre su liderazgo y sus políticas. Su trayectoria política, desde su militancia en el M-19 hasta su ascenso al poder en 2022, revela una figura compleja cuya visión y métodos plantean riesgos significativos para la democracia, la estabilidad económica y la cohesión social del país. Este articulo que se presenta a continuación argumenta, desde una perspectiva interdisciplinaria basada en evidencias, que Petro representa un peligro por su inconsistencia ética, su absolutismo ideológico, su manejo comunicacional divisivo y su desprecio por las instituciones, analizando estas dimensiones a través de lentes filosóficos, teológicos, psicológicos y comunicacionales.
Dimensión filosófica: La inconsistencia ética y el relativismo moral
Desde un punto de vista filosófico, la trayectoria de Petro evidencia una contradicción entre sus acciones pasadas y su discurso actual, lo que pone en duda la coherencia de su marco ético. En los años 90, como miembro del M-19, Petro recurrió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para protegerse tras ser destituido como alcalde de Bogotá en 2013, un hecho que marcó su defensa de los derechos individuales frente al poder estatal. Sin embargo, hoy sus seguidores y aliados, como el abogado Jhon Jairo Turizo Hernández, denuncian a congresistas opositores por acudir a la misma CIDH, acusándolos de “traición a la patria” (Revista Semana, 17 horas atrás). Esta doble moral sugiere un relativismo ético que erosiona los principios universales de justicia y libertad que Petro dice defender.
Immanuel Kant, en su ética deontológica, argumenta que la moralidad debe basarse en principios consistentes aplicables a todos. La conducta de Petro y sus seguidores viola este imperativo categórico: lo que era legítimo para él en el pasado se convierte en traición cuando lo hacen sus adversarios. Esta inconsistencia no solo debilita su autoridad moral, sino que fomenta un ambiente donde las normas se subordinan a la conveniencia política, un peligro para el Estado de derecho. Además, su tendencia a etiquetar a todo opositor como “uribista”, “ultraderechista” o “fascista” refleja una visión maniquea que, desde la filosofía de Hegel, podría interpretarse como una dialéctica reduccionista que elimina la síntesis en favor de un conflicto perpetuo, socavando la posibilidad de un consenso democrático.
Dimensión teológica: El mesianismo secular y la idolatría del poder
Teológicamente, el liderazgo de Petro puede analizarse como un mesianismo secular que sustituye la trascendencia divina por una fe ciega en su proyecto político. En su discurso inaugural en 2022, Petro prometió “transformar Colombia” y “unir al país”, evocando una narrativa salvífica que resuena con la teología de la liberación, corriente que él mismo ha citado como influencia. Sin embargo, esta visión se pervierte cuando se combina con su intolerancia hacia la disidencia. Al declarar que el Banco de la República “sabotea” su gobierno y lo acusa de “uribismo” (El País, 1 de abril de 2025), Petro no solo deslegitima una institución autónoma, sino que se posiciona como el único intérprete legítimo de la voluntad popular, una forma de idolatría política.
San Agustín, en La Ciudad de Dios, advierte contra la confusión entre lo humano y lo divino, señalando que el poder terrenal, cuando se absolutiza, corrompe tanto al gobernante como a la sociedad. Petro, al presentarse como el redentor de Colombia mientras ataca a quienes lo cuestionan, encarna esta advertencia. Su retórica sugiere que disentir de él es pecar contra el “pueblo”, un constructo que él define arbitrariamente. Este mesianismo no solo es peligroso por su potencial autoritario, sino porque deshumaniza a los opositores, justificando su exclusión o persecución bajo una supuesta causa superior.
Dimensión psicológica: Narcisismo y polarización
Desde la psicología, el comportamiento de Petro exhibe rasgos de narcisismo político, caracterizado por una autoimagen grandiosa y una incapacidad para tolerar críticas. Su reacción ante la decisión del Banco de la República de mantener las tasas de interés (El País, 1 de abril de 2025) ilustra esto: en lugar de aceptar un desacuerdo técnico, lo interpreta como un ataque personal y una conspiración “uribista” contra su gobierno. Este patrón se repite en su historial: durante su alcaldía en Bogotá (2012-2015), su gestión del sistema de recolección de basura colapsó, pero él atribuyó el fracaso a enemigos externos en lugar de asumir responsabilidad.
El psicólogo Carl Jung describe cómo el narcisismo puede proyectar las fallas internas en un “otro” demonizado, un mecanismo que Petro emplea al dividir a Colombia entre sus seguidores y los supuestos “fascistas”. Esta polarización psicológica tiene consecuencias sociales graves: fomenta la desconfianza, exacerba el conflicto y dificulta la cooperación. Estudios como el de Adorno sobre la personalidad autoritaria sugieren que líderes con estas características tienden a generar seguidores dependientes y hostiles hacia el disenso, un fenómeno observable en el petrismo, donde la crítica se equipara a traición, como en el caso de los congresistas denunciados ante la Corte Suprema.
Dimensión comunicacional: La retórica divisiva y el control narrativo
En términos comunicacionales, Petro utiliza una estrategia de polarización deliberada que, si bien le ganó la presidencia, amenaza la estabilidad democrática. Su uso de redes sociales, como en el mensaje del 1 de abril de 2025 en X, donde acusa al Banco de la República de “estancar” la economía y “desacatar” la Constitución, combina verdades a medias con ataques personales. Esta táctica, analizada por teóricos como McLuhan, explota la inmediatez de los medios digitales para imponer una narrativa unidireccional, evitando el debate racional.
Petro emplea lo que el lingüista George Lakoff llama “marcos cognitivos” para redefinir la realidad: quienes no apoyan sus reformas no son simplemente opositores, sino enemigos del pueblo. Esto se ve en su respuesta a la visita de congresistas a la CIDH, donde sus aliados los acusan de traición (Revista Semana), ignorando que él mismo usó ese recurso. Esta hipocresía comunicacional no solo desinforma, sino que erosiona la confianza en las instituciones al presentarlas como herramientas de una élite “uribista”. El peligro radica en que, al monopolizar la verdad, Petro fomenta un culto a su liderazgo que rechaza el pluralismo, piedra angular de la democracia.
Evidencia histórica y contemporánea
La trayectoria de Petro ofrece ejemplos concretos de estos riesgos. Como senador, denunció la corrupción del establecimiento, pero su gobierno ha enfrentado escándalos como el de Laura Sarabia y Armando Benedetti en 2023, vinculados a financiación irregular y escuchas ilegales. Su reforma tributaria de 2022, aunque progresista, no logró los ingresos proyectados, y su insistencia en culpar a factores externos (como el Banco de la República) refleja su negativa a ajustar políticas económicas inviables. Además, su “paz total” con grupos armados ha coincidido con un aumento de extorsiones y secuestros en 2023, según el Ministerio de Defensa, lo que cuestiona su capacidad para cumplir promesas sin sacrificar la seguridad.
Conclusión: Un peligro multidimensional
Gustavo Petro es peligroso no por su ideología de izquierda, sino por cómo la ejecuta: con una ética inconsistente que socava el Estado de derecho, un mesianismo que absolutiza su poder, un narcisismo que polariza a la sociedad y una comunicación que manipula la verdad. Filosóficamente, su relativismo moral debilita los principios básicos de convivencia; teológicamente, su idolatría política pervierte la justicia; psicológicamente, su proyección fomenta el conflicto; y comunicacionalmente, su retórica divide en lugar de unir. Colombia necesita líderes que fortalezcan las instituciones, no que las erosionen bajo la bandera de una revolución personalista. Petro, en su afán transformador, arriesga llevar al país a un precipicio de inestabilidad y autoritarismo.
Guía de lectura: Preguntas para el diálogo
Esta guía no busca imponer una postura, sino provocar un diálogo interno y colectivo. Usa estas preguntas como punto de partida para discutir con otros o para meditar en soledad. El cambio verdadero en Colombia comienza cuando nos atrevemos a mirarnos a nosotros mismos y actuar desde donde estamos. ¿Qué vas a hacer hoy?
1. Sobre la dimensión filosófica: ¿Qué tan coherentes somos con nuestros propios principios?
El ensayo señala la inconsistencia ética de Petro al usar la CIDH para protegerse, mientras sus aliados condenan a otros por hacer lo mismo.
- Pregunta: ¿En mi vida diaria, aplico los mismos estándares a mí mismo que exijo a los demás? Por ejemplo, ¿critico a otros por acciones que yo también he cometido?
- Autoanálisis: Reflexiona sobre una situación reciente en la que hayas juzgado a alguien (un político, un vecino, un familiar). ¿Fuiste justo, o tus juicios dependieron de tus intereses personales?
- Compromiso: ¿Cómo puedo empezar a practicar una ética más consistente en mi entorno, como en mi barrio o lugar de trabajo, para contribuir a una Colombia más justa?
2. Sobre la dimensión teológica: ¿A qué o a quién le doy mi lealtad absoluta?
El texto describe a Petro como un líder con un mesianismo secular, presentándose como el salvador del país mientras ataca a sus críticos.
- Pregunta: ¿En quién o en qué deposito mi confianza para resolver los problemas de Colombia? ¿Es un líder, una ideología, o algo más grande como la comunidad o los valores compartidos? Para los que profesan una fe religiosa como el cristianismo ¿No les parece que es hora de profundizar más en su propia fe? ¿Quién es tu Dios?
- Autoanálisis: Piensa si alguna vez has idealizado a una figura política (Petro, Uribe, o cualquier otra) al punto de ignorar sus errores. ¿Qué te llevó a hacerlo?
- Compromiso: ¿Qué pequeño paso puedo dar en mi entorno (escuchar a otros, cuestionar mis creencias) para evitar caer en la idolatría política y promover un diálogo más humano?
3. Sobre la dimensión psicológica: ¿Cómo manejo las diferencias con los demás?
El ensayo sugiere que el narcisismo de Petro lo lleva a polarizar, viendo a los opositores como enemigos en lugar de interlocutores.
- Pregunta: Cuando alguien no está de acuerdo conmigo (en política, en casa, en el trabajo), ¿lo veo como una amenaza o como una oportunidad para aprender?
- Autoanálisis: Recuerda la última vez que discutiste con alguien de opinión opuesta. ¿Intentaste entender su perspectiva, o solo defender la tuya?
- Compromiso: ¿Qué puedo hacer hoy, en mi círculo cercano, para reducir la polarización? Por ejemplo, ¿iniciar una conversación respetuosa con alguien que piensa diferente?
4. Sobre la dimensión comunicacional: ¿Qué papel juego en la construcción de la verdad?
Petro, según el texto, usa una retórica divisiva para imponer su narrativa, etiquetando a sus críticos como “fascistas” o “traidores”.
- Pregunta: ¿Cómo contribuyo a la información que circula en mi comunidad? ¿Comparto rumores sin verificar, o busco hechos antes de opinar?
- Autoanálisis: Reflexiona sobre tus redes sociales o charlas recientes. ¿Has repetido frases como “todos los de X son corruptos” sin evidencia? ¿Qué impacto tuvo?
- Compromiso: ¿Cómo puedo ser un comunicador más responsable desde mi lugar (verificar fuentes, evitar insultos) para fortalecer la confianza en mi entorno?
5. Sobre la acción concreta: ¿Qué cambio puedo liderar desde donde estoy?
El ensayo concluye que el peligro de Petro radica en debilitar las instituciones y dividir a la sociedad, pero también nos desafía a actuar.
- Pregunta: ¿Qué problema concreto veo en mi comunidad (corrupción, desconfianza, pobreza) que podría empezar a abordar con mis acciones?
- Autoanálisis: Identifica una situación en tu entorno donde sientas que falta justicia o diálogo. ¿Qué te detiene de actuar: miedo, apatía, falta de tiempo?
- Compromiso: Define un paso pequeño pero realista que puedas dar esta semana (organizar una reunión vecinal, informarme mejor, apoyar una causa local) para construir un cambio positivo.
Reflexión final: Un llamado al compromiso
El ensayo nos advierte sobre los riesgos de un liderazgo como el de Petro, pero también nos interpela indirectamente: si criticamos, ¿qué estamos haciendo para ser diferentes? Colombia no cambiará solo por señalar lo que está mal, sino por lo que cada uno aporte desde su lugar.
- Pregunta clave: Si quiero una Colombia más democrática y unida, ¿qué estoy dispuesto a cambiar en mí mismo y en mi entorno para lograrlo?
- Acción: Escribe una idea concreta que te comprometas a realizar en los próximos días y compártela con alguien de confianza para mantenerte comprometido en su cumplimiento.
Nota: No me gusta escuchar las falacias de "Petro el Peligroso", pero aquí los dejo con "Martina, la Peligrosa", que la disfruten: https://www.youtube.com/watch?v=DCO_z-FLWs4