La Psicología de la Liberación frente al progresismo contemporáneo


La Psicología de la Liberación frente al progresismo contemporáneo:

Ideología, victimización y praxis en el socialismo del siglo XXI y la cultura wok

Mauricio Gabriel Pareja Bayter
Doctor en Psicología

Resumen

La Psicología de la Liberación, desarrollada por Ignacio Martín-Baró en el contexto latinoamericano, surgió como una propuesta crítica orientada a desideologizar el conocimiento psicológico y a comprometerlo con la transformación histórica de las condiciones de opresión. Tradicionalmente vinculada a la crítica del capitalismo, el colonialismo y los regímenes autoritarios, esta perspectiva ha sido frecuentemente identificada —de manera reductiva— con posiciones ideológicas de izquierda. El presente artículo propone una relectura crítica de la Psicología de la Liberación aplicada al contexto contemporáneo, argumentando que, en coherencia con sus fundamentos epistemológicos y éticos, dicha perspectiva debería hoy ejercer una crítica rigurosa a los movimientos progresistas asociados al socialismo del siglo XXI y a la cultura wok. Se sostiene que estos discursos, al absolutizar identidades, sacralizar la victimización y privilegiar narrativas simbólicas sobre la praxis transformadora, reproducen nuevas formas de ideologización y control psicosocial. Desde una aproximación teórica y hermenéutica, el artículo defiende que la vigencia de la Psicología de la Liberación depende de su capacidad para interpelar críticamente toda forma de poder que clausure la conciencia histórica y la agencia del sujeto.

Palabras clave: Psicología de la Liberación; ideología; progresismo; cultura wok; victimización; praxis.

Introducción

La Psicología de la Liberación ocupa un lugar singular dentro de la psicología social latinoamericana por su apuesta explícita a favor de una ciencia comprometida con la realidad histórica concreta de los pueblos oprimidos. Formulada por Ignacio Martín-Baró en un contexto marcado por la violencia política, la pobreza estructural y la represión estatal, esta propuesta no pretendió simplemente ampliar el repertorio teórico de la disciplina, sino cuestionar radicalmente sus presupuestos epistemológicos y su función social (Martín-Baró, 1989).

No obstante, el paso del tiempo ha generado una paradoja significativa: una psicología concebida para desenmascarar la ideología corre hoy el riesgo de ser absorbida por nuevas formas de ideologización. En el escenario contemporáneo, los discursos progresistas vinculados al socialismo del siglo XXI y a la cultura wok se presentan como herederos naturales de las luchas por la justicia social. Sin embargo, su creciente hegemonía cultural, especialmente en ámbitos académicos y mediáticos, plantea interrogantes relevantes sobre su compatibilidad con los principios fundacionales de la Psicología de la Liberación.

Este artículo sostiene que una lectura fiel y actualizada de Martín-Baró exige someter dichos movimientos a un examen crítico riguroso. Lejos de implicar una negación de las luchas históricas contra la opresión, esta postura busca preservar el carácter anti-ideológico, histórico y praxis-orientado que define a la Psicología de la Liberación.

La Psicología de la Liberación como crítica epistemológica

Uno de los aportes centrales de Martín-Baró consiste en haber mostrado que la psicología, lejos de ser una disciplina neutral, ha operado históricamente como un dispositivo de legitimación del orden social. En contextos de desigualdad estructural, el conocimiento psicológico ha tendido a individualizar problemas colectivos, patologizando al sujeto y ocultando las raíces históricas de su sufrimiento (Martín-Baró, 1989).

La Psicología de la Liberación surge precisamente como una respuesta a esta función ideológica de la disciplina. Su objetivo no es reemplazar una ideología por otra, sino desideologizar: desmontar los supuestos que naturalizan la injusticia y devolver centralidad a la realidad vivida por las mayorías excluidas. En este sentido, su crítica no se dirige exclusivamente al capitalismo o a los regímenes autoritarios, sino a toda forma de pensamiento que absolutice sus categorías y se imponga como interpretación única de la realidad social.

Desde esta clave, la identificación automática de la Psicología de la Liberación con un proyecto político específico resulta conceptualmente problemática. Tal identificación reduce una propuesta crítica y abierta a un marco ideológico cerrado, contradiciendo su vocación original.

Fatalismo, identidad y victimización en el progresismo contemporáneo

El concepto de fatalismo, desarrollado por Martín-Baró, describe la interiorización psíquica de estructuras de opresión que lleva a los sujetos a percibir su situación como inmodificable. Este fenómeno cumple una función ideológica decisiva: inhibe la acción colectiva y refuerza el statu quo (Martín-Baró, 1989).

En el contexto contemporáneo, el fatalismo adopta formas renovadas. Los discursos progresistas identitarios tienden a fijar al sujeto en categorías cerradas —género, etnia, orientación sexual— que, si bien visibilizan injusticias reales, corren el riesgo de convertirse en determinantes ontológicos. La identidad deja de ser un punto de partida para la acción transformadora y se convierte en un destino ineludible.

Este desplazamiento tiene consecuencias psicosociales relevantes. La victimización, en lugar de ser una condición histórica a superar, se transforma en una identidad permanente que confiere legitimidad moral y política. Como ha sido señalado en análisis críticos recientes, esta lógica produce una gestión simbólica del sufrimiento que no necesariamente se traduce en procesos efectivos de emancipación material o social.

Desde la Psicología de la Liberación, este fenómeno resulta problemático, ya que sustituye la concientización crítica por una fijación identitaria que limita la agencia del sujeto.

Cultura wok y nuevas formas de ideologización

La cultura wok se presenta como una sensibilidad orientada a la justicia social y al reconocimiento de las opresiones históricas. No obstante, su expansión ha venido acompañada de dinámicas que recuerdan a las ideologías totalizantes criticadas por Martín-Baró: moralización del lenguaje, cancelación del disenso, reducción de la complejidad social a binarismos morales y vigilancia simbólica del pensamiento.

Desde una perspectiva martinbariana, estas prácticas pueden ser interpretadas como formas de violencia simbólica, en tanto imponen marcos interpretativos rígidos y deslegitiman cualquier cuestionamiento como expresión de ignorancia o complicidad con la opresión. La Psicología de la Liberación advertía ya sobre el peligro de que los discursos emancipadores se conviertan en nuevos mecanismos de control cuando se desligan de la realidad concreta y de la praxis transformadora.

Praxis, responsabilidad histórica y liberación

Un elemento central en la obra de Martín-Baró es la primacía de la praxis histórica. La liberación no se reduce a un cambio discursivo ni a una reconfiguración simbólica de las identidades, sino que implica procesos concretos de transformación social orientados a restaurar la dignidad y la capacidad de acción de los sujetos.

Cuando los movimientos progresistas privilegian la regulación del lenguaje o la producción de narrativas identitarias por encima de la acción transformadora, se produce una desconexión entre discurso y realidad. Esta desconexión puede derivar en una psicología de la dependencia, en la que el sujeto es concebido como incapaz de agencia y permanentemente necesitado de tutela institucional.

Desde la Psicología de la Liberación, tal concepción contradice el objetivo de promover sujetos históricos capaces de comprender y transformar su realidad.

Discusión: vigencia crítica de la Psicología de la Liberación

La vigencia de la Psicología de la Liberación no depende de su alineación con los discursos progresistas contemporáneos, sino de su fidelidad a su núcleo crítico. Esto implica mantener una actitud de sospecha frente a toda forma de poder que se presente como incuestionable, incluso cuando adopta el lenguaje de la justicia social.

Releer a Martín-Baró en el contexto actual exige reconocer que las formas de dominación se transforman y que las ideologías no desaparecen, sino que se reconfiguran. En este sentido, la Psicología de la Liberación conserva su relevancia en la medida en que se atreve a interpelar críticamente al progresismo cuando este reproduce fatalismo, victimización crónica y clausura del pensamiento crítico.

Conclusiones

La Psicología de la Liberación fue concebida como una psicología incómoda, capaz de cuestionar tanto al poder político como a los discursos que, en nombre de la liberación, terminan reproduciendo nuevas formas de dominación. Aplicada al contexto contemporáneo, esta perspectiva invita a someter a crítica los movimientos progresistas del socialismo del siglo XXI y la cultura wok cuando estos absolutizan identidades, sacralizan la victimización y sustituyen la praxis transformadora por la gestión simbólica del sufrimiento.

Ser fiel a Martín-Baró hoy no implica repetir sus adversarios históricos, sino aplicar su método desideologizador a las configuraciones actuales del poder. Solo así la Psicología de la Liberación puede seguir siendo una herramienta crítica al servicio de la dignidad humana y de la transformación histórica.

Referencias

Martín-Baró, I. (1989). Psicología de la liberación. Madrid: Trotta.

Pareja Bayter, M. G. (2023). El pobresismo: el verdadero rostro del progresismo contemporáneo. El Universal. https://blogs.eluniversal.com.co/lecciones-de-teologia/el-pobresismo-el-verdadero-rostro-del-progresismo-contemporaneo