PETRO Y LA MAGDALENA: PRIMERA ESCENA (DE 10)


(Escena simbólica: un jardín al amanecer. No es el huerto de la resurrección, pero lo recuerda. La luz es suave. María Magdalena camina pensativa. Jesús aparece, como aquella mañana en que la llamó por su nombre.)

 

JESÚS Y LA MAGDALENA

Jesús:
María.

María Magdalena:
(sonríe) Señor… Siempre me llamas por mi nombre. Y cada vez vuelvo a reconocerte.

Jesús:
El amor verdadero siempre llama por el nombre, no por el rumor.

María:
Eso mismo venía pensando. Allá abajo, en la Tierra (Colombia para ser más precisa), andan diciendo cosas curiosas sobre nosotros.

Jesús:
¿Curiosas?

María:
Algunos aseguran que tú y yo fuimos amantes. Que nuestra amistad escondía un romance secreto. Que la fe de siglos ha sido ingenua.

Jesús:
(sonríe con serenidad) No es la primera vez que me atribuyen palabras que no dije, intenciones que no tuve, gestos que no realicé. ¿Recuerdas? “Si al dueño de casa llamaron Beelzebul, ¿cuánto más a los de su casa?” (Mt 10,25).

María:
Sí, Señor. Y también dijeron que estabas loco, que estabas poseído, que blasfemabas. Pero esto es diferente: ahora reducen el amor al erotismo, como si no existiera amistad, discipulado, entrega desinteresada.

Jesús:
El corazón humano, cuando no entiende el amor, lo traduce a su medida. Y cuando alguien vive desde el deseo desordenado, termina creyendo que todo vínculo es deseo.

María:
Es triste, Maestro. Porque yo sé quién soy para ti… y quién fuiste tú para mí.

Jesús:
Dilo, María.

María:
Fui discípula. Fui testigo. Fui aquella de quien expulsaste siete demonios (Lc 8,2). Fui la que permaneció al pie de la cruz cuando otros huyeron (Jn 19,25). Fui la primera en anunciar: “He visto al Señor” (Jn 20,18). Y tú fuiste mi Salvador.

Jesús:
Y yo te llamé por tu nombre cuando llorabas frente al sepulcro (Jn 20,16). No te llamé “amante”. Te llamé “María”. Porque el amor que redime no necesita poseer; necesita liberar.

 

SOBRE EL CHISME

María:
Señor, ¿qué es el chisme? ¿Por qué hace tanto daño?

Jesús:
El chisme es una semilla sembrada sin responsabilidad. Es palabra que no busca verdad, sino impacto. Es juicio pronunciado sin conocer el corazón. ¿Recuerdas lo que enseñé? “De toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del juicio” (Mt 12,36).

María:
Entonces, el chisme no es pequeño.

Jesús:
No. Es pequeño en apariencia, pero grande en efecto. Divide comunidades. Mancha reputaciones. Distorsiona la historia. Y lo más grave: convierte al otro en objeto de conversación, no en hermano.

María:
Algunos dicen que es libertad de expresión.

Jesús:
La libertad sin verdad se vuelve ruido. Y el ruido, cuando repite una mentira, se convierte en confusión colectiva.

María:
¿Y por qué tantos están dispuestos a creer lo peor?

Jesús:
Porque lo escandaloso atrae más que lo santo. El misterio de una amistad pura parece menos interesante que la sospecha de un romance oculto.

 

QUIÉN ES JESÚS

María:
Señor, quizás el problema es que no han entendido quién eres.

Jesús:
¿Y quién soy, María?

María:
Eres el Hijo del Dios vivo. El que dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). El que no vino a ser servido, sino a servir (Mc 10,45). El que amó hasta el extremo (Jn 13,1).

Jesús:
¿Y ese amor era posesión?

María:
No. Era entrega. Era cruz. Era misericordia. Era pureza de intención.

Jesús:
Entonces dime: ¿puede alguien reducir ese amor al mero instinto?

María:
Solo quien no entiende que el amor tiene formas múltiples: amistad, fraternidad, filiación, discipulado, entrega, compasión.

 

SOBRE QUIÉN ES MARÍA MAGDALENA

Jesús:
Y ahora dime, María, ¿quién eres tú?

María:
Soy discípula. No fui la esposa oculta. No fui la amante secreta. Fui la mujer liberada. Fui la que aprendió que el amor verdadero no esclaviza, sino que restaura.

Jesús:
Muchos confunden tu cercanía conmigo con exclusividad romántica.

María:
Pero mi cercanía fue espiritual. Yo estaba donde estaban también otras mujeres: María, mi madre; Salomé; Juana; Susana. Éramos discípulas. Caminábamos, escuchábamos, servíamos.

Jesús:
Y yo os traté con dignidad, en un mundo que no siempre la concedía.

María:
Sí, Señor. Me hablaste cuando otros no lo hacían. Me defendiste cuando otros condenaban. Me miraste como persona, no como objeto.

 

SOBRE EL AMOR Y SU REDUCCIÓN

Jesús:
María, ¿qué ocurre cuando el amor se reduce solo al erotismo?

María:
Se empobrece. Se vuelve frágil. Pierde profundidad. Porque el eros sin ágape se consume a sí mismo.

Jesús:
Bien lo dices. El amor verdadero integra deseo, pero lo ordena. Integra afecto, pero lo eleva. Integra cercanía, pero no la convierte en posesión.

María:
Reducir nuestro vínculo a una relación sexual es no comprender que tú enseñaste: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

Jesús:
¿Amigos, María?

María:
Sí, Señor. Dijiste: “Ya no os llamo siervos… os llamo amigos” (Jn 15,15).

Jesús:
Entonces, ¿la amistad es menor que el erotismo?

María:
No. Es más estable, más profunda, más libre.

 

HUMOR Y TERNURA

María:
Señor, ¿te imaginas si cada amistad profunda fuera convertida en sospecha romántica?

Jesús:
Pedro tendría problemas con Juan.

María:
(riendo) Y Marta con Lázaro.

Jesús:
Y el mundo terminaría creyendo que no existe vínculo puro.

María:
Eso es lo grave. No solo nos difaman a nosotros. Le roban al mundo la posibilidad de creer en la amistad entre hombre y mujer.

Jesús:
Cuando el corazón está desordenado, proyecta su desorden sobre todo.

 

SOBRE LA MISERICORDIA

María:
Señor, ¿cómo debemos responder a quienes hablan así?

Jesús:
Con verdad y misericordia. Recuerda lo que dije a la mujer sorprendida en adulterio:
“¿Mujer, nadie te ha condenado?… Tampoco yo te condeno; vete y no peques más” (Jn 8,10-11).

María:
La misericordia no es aprobación del error.

Jesús:
Es oportunidad de conversión. La misericordia es el tiempo que Dios concede para enderezar el camino.

 

MENSAJE A LOS CRISTIANOS

Jesús:
María, ¿qué dirías hoy a quienes creen en mí y se sienten confundidos?

María:
Les diría: no teman. Los Evangelios son claros. Lean. Mediten. Comprendan. Allí no encontrarán romance oculto, sino discipulado fiel.

Jesús:
Yo les diría: no dañen la imagen que los Evangelios presentan. No se dejen llevar por falsas doctrinas que intentan justificar su propio pecado más que invitar a la conversión.

María:
Quien no vive como piensa, termina pensando como vive.

Jesús:
Y quien trivializa el amor, termina incapaz de reconocerlo.

María:
Cristianos, no se dejen seducir por teorías que nacen más del morbo que de la historia.

Jesús:
Lean lo que está escrito. Vean cómo amé. Vean cómo traté a cada mujer con dignidad, sin apropiación.

María:
Defiendan la verdad con caridad. No respondan al chisme con odio. Respondan con claridad.

Jesús:
Y recuerden: la verdad no necesita gritar; necesita coherencia.

 

CONCLUSIÓN

María:
Señor, ¿te duele que digan estas cosas?

Jesús:
Me duele cuando el corazón humano se pierde. Pero no me sorprende. Ya lo advertí: “Si el mundo os odia, sabed que antes me odió a mí” (Jn 15,18).

María:
Entonces, sigamos llamando por su nombre a cada corazón.

Jesús:
Sí, María. Porque al final, la verdad no se impone; se revela.

María:
Y el amor no se reduce; se eleva.

Jesús:
Y la misericordia no excusa el pecado; lo transforma.

María:
Entonces, que el mundo entienda: nuestra historia no fue romance oculto, sino redención pública.

Jesús:
Y que sepan todos: el amor es más grande que el rumor, más profundo que el deseo, más luminoso que la sospecha.

María:
He visto al Señor.

Jesús:
Y el que tiene oídos para oír, que oiga.

 

(El diálogo termina con la luz del amanecer. No hay escándalo, no hay rumor. Solo verdad, amistad y esperanza.)