La Cartagena de Indias de 1741 no era la misma del siglo anterior cuando alcanzó su momento de mayor gloria, pero su fama de ser “la mejor, la más principal y populosa de cuántas ciudades hay en todos los puertos de mar de estas Indias occidentales” seguía en pie. La fama se consolidó gracias a la cantidad y la calidad de las fortificaciones construidas por los españoles en los doscientos años desde la fundación de la ciudad en 1533 para defenderla de los ataques de piratas, corsarios y potencias enemigas que buscaban saquear las riquezas que aquí se atesoraban.
En el mapa de la bella bahía de Cartagena, que reproduzco a continuación, pueden verse las fortificaciones existentes en ese momento (distintas en varios casos a las que quedan hoy en pie), empezando por las de Barú y siguiendo con las demás en el sentido de las agujas del reloj: baterías de Punta Abanicos y Varadero (4 y 5); la batería de San José (9) en Bocachica frente a Tierrabomba; el castillo de San Luis y las baterías de Chamba, Santiago y San Felipe (1, 2 y 3); el fuerte de Castillo Grande, donde hoy se encuentra el Club Naval; la ciudad amurallada y su arrabal en amarillo con las murallas en rojo; las baterías de Crespo (6, 7 y 8); el Castillo de San Felipe de Barajas; el fuerte El Boquerón en Manga, donde hoy se encuentra el Club de Pesca; y, el fuerte de Manzanillo en el lugar que hoy ocupa la casa presidencial.
Mapa de la Bahía de Cartagena de Indias y sus fortificaciones en 1741. Las flechas indican los sitios por donde atacaron las fuerzas inglesas: Bocachica, por el mar y La Boquilla y La Popa por tierra. (Tomado de la página web de Singladuras por la historia naval)
Además de las fortificaciones, para su defensa Cartagena contaba con su mar que Luis XIV, el Rey Sol de Francia, definió como “un señor invencible”. Cartagena nunca fue atacada directamente por mar abierto, para hacerlo era preciso ingresar a la bahía por Bocagrande que daba acceso directo a la bahía interior, o, cuando esta entrada se cerró, por Bocachica que lo hacía a la bahía exterior. En 1741, Bocagrande estaba cerrada, como aun lo está hoy en día por una razón diferente, para navíos de gran calado. En ese entonces, el origen de su cierre fue una barra de arena que unía los dos extremos de tierra firme causada por el hundimiento de dos grandes navíos portugueses en 1640. Este banco de arena obligó tanto a los visitantes deseados como a los no deseados de la ciudad a ingresar por Bocachica, donde la acción de las mareas abrió un canal navegable para grandes barcos donde antes no existía. Desde un punto de vista militar, esa vuelta por Bocachica era una gran ventaja para los defensores de la ciudad al demorar a los atacantes que debían, además de recorrer mayores distancias para acercarse a Cartagena, sortear unas defensas más complejas y eficaces que las que una entrada tan amplia como la de Bocagrande ofrecía.
Plano de la bahía de Cartagena de Indias realizado en 1735 y publicado en la obra Relación histórica del viaje a la América meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa (*)
Los comandantes: dos españoles y dos ingleses
Por España
Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes, Guipúzcoa, 3 de febrero de 1689-Cartagena de Indias, Nueva Granada, 7 de septiembre de 1741)
El héroe más recordado de la batalla por Cartagena de Indias de 1741 es, sin lugar a dudas, Blas de Lezo, conocido en esa época como “Medio hombre” (“Halfman”, para los ingleses). Aunque podría describir todos los hechos que llevaron al apodo de nuestro personaje, creo que el gráfico siguiente de El fisgón histórico explica muy bien cuando y bajo qué circunstancias ocurrieron los eventos que llevaron a la pérdida de una pierna, un brazo y un ojo y, finalmente, a la de su vida.
Hijo de padres que pertenecían a la pequeña nobleza vasca, se vinculó a los 12 años a la Armada, donde desarrolló una carrera brillante hasta llegar al rango de Almirante. Arribó a Cartagena de Indias en 1737 como Comandante General.
Sebastián de Eslava y Lazaga (Enériz, Navarra, 19 de enero de 1685 – Madrid, 21 de junio de 1759)
Dadas las diferencias de criterio y los conflictos que Eslava tuvo con Blas de Lezo, en general, su papel en la defensa de Cartagena de Indias no ha sido bien valorado, aunque también fue muy importante. Luego de una larga y brillante carrera militar, que había iniciado también muy niño, el Teniente General Eslava llegó en 1740 a Cartagena de Indias como virrey, gobernador y capitán general de la Nueva Granada y presidente de la Real Audiencia de Santa Fe.
Por Inglaterra
Edward Vernon (Westminster, Londres, 12 de noviembre de 1684 – Nacton, Suffolk, 30 de octubre de 1757)
El padre de Vernon fue un ministro de estado del Rey Guillermo III de Inglaterra. Al igual que sus rivales en el sitio de Cartagena Vernon ingresó a la marina, en su caso a la inglesa muy joven, adelantando una carrera brillante hasta alcanzar el grado de almirante. Su oficio en la Marina Real británica lo combinaba con su presencia en el Parlamento de su país. En noviembre de 1739, al estallar la Guerra del Asiento contra España, Vernon fue nombrado comandante en jefe de todas las fuerzas navales británicas en las Indias Occidentales.
Busto del Almirante Vernon
General Thomas Wentworth
El comandante de las tropas británicas de tierra, el general y parlamentario Wentworth, fue el más oscuro de los cuatro adversarios que combatieron por el dominio de Cartagena de Indias en 1741. Si bien alcanzó un grado alto en el ejército inglés, su hoja de vida es bastante pobre comparada con las de Blas de Lezo, Eslava y Vernon. Una posible explicación de cómo un hombre mediocre ascendió a ese alto nivel como militar, es que en esa época en los ejércitos de Europa los rangos se compraban con lo que no todos los altos oficiales eran grandes militares.
Primer objetivo de Vernon: Portobello en Panamá
Como espero haya quedado claro de la descripción de sus defensas, Cartagena de Indias, así el Imperio español no estuviera en su mejor momento militar y económico, era un hueso duro de roer, cuestión que el Almirante Vernon tenía muy clara. Durante las tumultuosas sesiones del parlamento inglés previas a la declaración de la guerra a España, Vernon que además de militar era miembro de ese cuerpo colegiado por el partido de los tories, aseguró con vehemencia en una sesión que si ponían a su disposición seis navíos él se tomaba el famoso puerto de Portobello en Panamá vengando así una derrota de la marina inglesa ocurrida en 1727 al mando del Vicealmirante Hosier que no había logrado tomarse el puerto, con una flota compuesta por 20 barcos y donde se perdieron más de 4.000 hombres en un sitio que duró seis meses. El primer ministro inglés Walpole cansado de discutir con Vernon y los demás tories, concedió al primero sus deseos antes de declarar la guerra a España.
Hoy pocos saben de Portobello (cuyas fortificaciones se observan en esta fotografía reciente), pero en los siglos XVII y XVIII fue el puerto panameño donde se celebraba el mayor mercado mundial cuando se juntaban los comerciantes del Perú con la plata extraída del Potosí y la flota de galeones que transportaba desde Cádiz las mercancías de toda Europa. Una vez concluida la feria, los peruanos regresaban a su país, cruzando por tierra el istmo con recuas de mulas cargadas que luego se traspasaban a buques para la travesía hasta el Callao por el Pacífico, mientras la Flota de Galeones, cargada de plata, volvía a Cartagena de Indias a esperar el momento de zarpar hacia La Habana donde se juntaba con la otra flota que en Veracruz había realizado la misma operación, pero esta vez con la plata de México y las sedas de Filipinas.
Antes de atacar Portobello, Vernon envió tres de sus navíos al mando del Capitán Thomas Waterhouse a interceptar los barcos que se movilizaban entre ese puerto y el de La Guaira en Venezuela. El 22 de octubre de 1739, Waterhouse desplegó en sus barcos la bandera de España e intentó, escondido tras el engaño, penetrar en la bahía del puerto venezolano. Los defensores del puerto, comandados por el Capitán Francisco Saucedo, esperaron a los ingleses sin disparar hasta que los tuvieron cerca, momento en que soltaron toda su artillería obligándolos a poner pies en polvorosa. La justificación del comandante inglés para no presentar combate fue salvaguardar la vida de sus hombres frente a un botín tan pequeño.
El 20 de noviembre, Vernon lanzó su ataque contra las fortificaciones de Portobello que, a pesar de las advertencias, no estaban preparadas para su defensa y cayeron rendidas en manos del inglés en poco más de lo que canta un gallo. Tan poco prevenidas estaban, que 260 de sus 300 soldados huyeron por la selva con los primeros tiros de los anglosajones. El costo de la ocupación para los ingleses fue de tres muertos y siete heridos. Tomada la ciudad, las huestes británicas la ocuparon por tres semanas, demoliendo todas las fortificaciones y los edificios más importantes
Avisada la City del triunfo de Vernon, la fiesta fue total: en su honor se compuso el famoso himno Rule Britannia, que puede oírse en este enlace: https://bit.ly/3HMd5IM; en Londres, se cambió el nombre de Green´s Lane por Portobello Road; el nuevo héroe inglés fue elevado al rango de Almirante; y, se mandaron a acuñar monedas con las leyendas “El valiente Vernon nos hizo libres”, en el anverso, y “Ninguna búsqueda en los mares puede ser Portobello”, en referencia a la destrucción de este puerto español.
Monedas celebrando la toma de Portobello en 1739
Con este triunfo inobjetable, Vernon se preparó para la caza mayor: el sitio y la toma de Cartagena de Indias, la Reina del Caribe, que ocurriría en 1741 no ya con seis navíos sino con una flota muchísimo mayor, de donde seguramente esperaba saldrían más monedas en homenaje a una victoria aún más trascendental.