Ayer fue un día de acontecimientos históricos, no por la captura de Maduro, sino porque pudimos darnos cuenta de la cantidad tan abrumadora de personas que resultaron ser lo que yo denomino "chavistas de clóset". ¿Cuántas máscaras se cayeron ayer bajo el manto de la corrección política y la excusa del respeto al derecho internacional? La cosa fue de tal magnitud que llegaron al punto de decirle a venezolanos que sufrieron en carne propia la dictadura y el exilio si tenían o no razón en alegrarse por la captura de un dictador, y que definitivamente había que agotar las vías diplomáticas.
Yo les quiero preguntar a esos queridos "bienpensantes" que pontifican desde la superioridad moral e intelectual criolla: según ustedes, ¿qué les faltó por hacer a los venezolanos? Por lo menos yo los vi protestar, ir a diálogos, salir a las calles, votar, votar y votar de nuevo; inundar las calles de Caracas con camisetas blancas y vinotinto y agotar toda vía que permitiera una salida democrática de la dictadura. La respuesta del régimen fue violar sistemáticamente sus derechos humanos, incurrir en secuestros, ejecuciones extrajudiciales, represión, exilio y robarse las elecciones de la forma más descarada posible; tan descarada que ni Gabriel Boric, siendo de izquierda, las reconoce. ¿Cómo se supone que sacarían a Maduro y al régimen que tiene el monopolio de las armas y el aparato de represión del Estado? ¿Invitándolo a comer arepa? Sean serios.
¿Dónde estaba la indignación de estos iluminados cuando el 90% de la población venezolana cayó en la pobreza y el 50% en la pobreza extrema? No los vi protestar cuando la dictadura ocasionó el éxodo migratorio más grande de la historia reciente, llevando a más de 7 millones de venezolanos a abandonar su país. ¿Qué hicieron cuando vimos cómo, por orden del tirano, aplastaban estudiantes con tanques de guerra por pedir libertad y derechos humanos? ¿Sí sabían que van miles de detenciones arbitrarias (más de 2.000 poselectorales en 2024), torturas y ejecuciones extrajudiciales (más de 10.000 desde 2013), según datos de la Misión de Determinación de Hechos de la ONU, HRW y Amnistía Internacional?
¿Se les olvidó, acaso, que el gobierno de Juan Manuel Santos le entregó a Lorent Saleh, cuando tenía 26 años, al gobierno venezolano, sabiendo que era un perseguido político, y que a partir de ese hecho fue sometido a 4 años de torturas por el SEBIN? Lo más avergonzante de ese hecho fue que lo hicieron para quedar bien con Maduro y que este facilitara los diálogos con las FARC. Vergonzoso, por decir poco.
Ayer todos eran expertos en política exterior: que si fue una invasión, que si fue una violación a la Carta de las Naciones Unidas, que si era legal... ni en el Circo del Sol se han visto tantas maromas para justificar una verdad que cada vez les está quedando más difícil de ocultar: detrás de esa "corrección política" se esconde una "complicidad vergonzante". En el fondo de su corazón desean que esas promesas que reparte el socialismo sean ciertas, aunque la evidencia les demuestre una y otra vez que el socialismo es una ideología fracasada. Y que les guste el socialismo no está mal, pero tengan el valor de reconocerlo, porque Colombia no está para medias tintas.
Los colombianos somos especialmente afortunados por el vecino que nos tocó: Venezuela. Pudimos ver de cerca cómo un país pasó de una economía principalmente agrícola a ser petrolero de talla mundial, alcanzando ingresos con los que en Colombia aún soñamos. Ese país recibió a muchísimos colombianos en décadas anteriores, ofreciéndoles la oportunidad de progreso que muchos no encontraron en su tierra. Tristemente, vimos también en primera fila cómo el engaño populista del socialismo hacía lo que mejor sabe hacer: mostrar al verdugo como redentor y al dictador como demócrata. Advertidos estamos.
A los venezolanos que me leen: me alegro con cada uno de ustedes. ¡Gloria al bravo pueblo!