Resumen
La eclesiogénesis, concepto desarrollado por Leonardo Boff en su obra Eclesiogénesis. Las comunidades de base reinventan la Iglesia, constituye una de las propuestas eclesiológicas más originales surgidas en América Latina durante el siglo XX. Este artículo propone una recepción creativa de dicha obra con el fin de evaluar su vigencia en el siglo XXI. Se sostiene que, aunque el contexto histórico ha cambiado profundamente, el núcleo teológico de la eclesiogénesis —la Iglesia como realidad que nace desde la fe vivida comunitariamente y no como mera prolongación institucional— conserva una relevancia decisiva. Sin embargo, se argumenta que hoy la eclesiogénesis debe ampliarse para discernir nuevas formas de generación eclesial en un mundo marcado por la desinstitucionalización, la fragmentación cultural, las nuevas pobrezas y las tensiones ideológicas contemporáneas. La Iglesia del siglo XXI está llamada a redescubrir su capacidad de nacer desde abajo sin romper la comunión, evitando tanto el clericalismo como la disolución eclesial.
Palabras clave: Eclesiogénesis, Iglesia, comunidades, recepción creativa, Leonardo Boff, siglo XXI.
Introducción
La pregunta por la Iglesia atraviesa toda la historia del cristianismo. Sin embargo, no todas las épocas se interrogan del mismo modo. En contextos de crisis, la cuestión deja de ser meramente organizativa y se vuelve radical: ¿dónde nace realmente la Iglesia?, ¿qué la constituye como tal?, ¿qué la mantiene viva más allá de sus formas históricas?
En este horizonte se sitúa la propuesta de Leonardo Boff en Eclesiogénesis, escrita en el marco de la teología latinoamericana de la liberación. Frente a una eclesiología excesivamente centrada en la institución, Boff sostuvo que la Iglesia no es una realidad que simplemente se administra, sino una realidad que acontece, que nace allí donde el pueblo creyente se reúne en torno a la Palabra, la fe compartida y la praxis histórica.
Más de cuarenta años después, el presente artículo se pregunta por la vigencia de esta intuición en el siglo XXI. ¿Puede seguir hablándose de eclesiogénesis en un mundo marcado por la secularización, la desconfianza institucional y la mutación de los vínculos comunitarios? La hipótesis que se defiende es que la eclesiogénesis no solo sigue siendo válida, sino que constituye una clave imprescindible para comprender el futuro de la Iglesia.
Marco teórico: la eclesiogénesis como categoría teológica
En la obra de Boff, la eclesiogénesis designa el proceso mediante el cual la Iglesia se genera históricamente desde la base del pueblo de Dios, y no únicamente desde la estructura jerárquica. La Iglesia no es, en primer lugar, una organización que produce comunidades, sino una comunión de creyentes que, al vivir el Evangelio, da origen a formas institucionales siempre secundarias y revisables.
Esta afirmación se apoya en una convicción teológica central: la Iglesia existe en función del Reino de Dios y no se identifica plenamente con ninguna de sus concreciones históricas. Por ello, toda absolutización institucional corre el riesgo de traicionar su razón de ser. La eclesiogénesis no niega la institución, pero sí cuestiona su pretensión de autosuficiencia.
Desde esta perspectiva, la Iglesia es comprendida como una realidad dinámica, atravesada por la acción del Espíritu, capaz de generar constantemente nuevas formas de existencia eclesial en diálogo con los contextos históricos.
Contexto de producción de la obra
Eclesiogénesis fue escrita en un contexto marcado por las comunidades eclesiales de base, la escasez de ministros ordenados, la pobreza estructural y los procesos de concientización popular en América Latina. En ese escenario, la Iglesia institucional mostraba serias limitaciones para acompañar la vida cotidiana de los sectores populares.
Las comunidades de base aparecieron entonces como espacios donde la fe se vivía de manera comunitaria, corresponsable y comprometida con la transformación social. Para Boff, estas experiencias no eran marginales ni provisionales, sino lugares teológicos donde la Iglesia se regeneraba desde sus raíces evangélicas.
Metodología: la recepción creativa
El presente artículo adopta la metodología de la recepción creativa, entendida no como repetición literal del pensamiento de Boff, sino como su reinterpretación crítica desde un nuevo contexto histórico. Ser fiel a la eclesiogénesis implica, paradójicamente, no copiar sus formas originales, sino reconocer dónde y cómo el Espíritu sigue haciendo nacer la Iglesia hoy.
Esta metodología exige discernimiento histórico, apertura teológica y una actitud crítica frente a toda sacralización del pasado, incluso del pasado liberador.
La eclesiogénesis en el siglo XXI: nuevos escenarios
De las comunidades de base a las comunidades significativas
El siglo XXI presenta un escenario profundamente distinto al de finales del siglo XX. La urbanización masiva, la cultura digital, la movilidad social y la fragmentación de los vínculos han transformado las formas tradicionales de comunidad. En muchos contextos, las comunidades eclesiales de base han perdido centralidad o se han institucionalizado.
Sin embargo, la eclesiogénesis no depende de una forma específica de comunidad, sino del principio generativo que la sostiene. Hoy la Iglesia nace también en pequeños grupos de acompañamiento, comunidades familiares, espacios pastorales de frontera, procesos terapéuticos con dimensión espiritual, redes solidarias y experiencias digitales con densidad humana. Allí donde hay fe compartida, escucha de la Palabra y compromiso con la vida concreta, la Iglesia vuelve a nacer.
Institución, carisma y crisis de credibilidad
Uno de los grandes desafíos actuales es la crisis de credibilidad de las instituciones, incluida la Iglesia. En este contexto, la eclesiogénesis se presenta como una alternativa teológica al mero mantenimiento estructural. No se trata de debilitar la institución, sino de recordarle que su legitimidad proviene de su capacidad de servir a la vida comunitaria y no de su autorreferencialidad.
Al mismo tiempo, la eclesiogénesis advierte contra la tentación opuesta: la disolución de lo eclesial en experiencias puramente subjetivas o ideológicas. La Iglesia que nace desde abajo debe permanecer en comunión con la Iglesia universal para no convertirse en un proyecto cerrado sobre sí mismo.
Discusión: vigencia crítica del planteamiento de Boff
La gran actualidad de la eclesiogénesis reside en su capacidad de desclericalizar la comprensión de la Iglesia sin secularizarla. Al desplazar el eje desde el poder hacia la comunión, desde la norma hacia la vida, Boff ofrece una eclesiología profundamente evangélica y pastoralmente fecunda.
Aplicada al siglo XXI, esta perspectiva permite criticar tanto el clericalismo defensivo como las instrumentalizaciones ideológicas de la fe. La eclesiogénesis recuerda que la Iglesia no puede ser propiedad de ningún grupo, ni de derechas ni de izquierdas, ni de élites ni de movimientos. Nace allí donde el Evangelio se encarna en la vida real de las personas.
Conclusiones
La eclesiogénesis sigue siendo una categoría teológica de gran potencia para pensar la Iglesia en el siglo XXI. Su valor no reside en reproducir las formas históricas de las comunidades de base, sino en mantener viva la convicción de que la Iglesia no se conserva, se engendra.
Una recepción creativa de la obra de Leonardo Boff permite afirmar que la Iglesia está llamada a renacer continuamente desde la fe vivida, la comunión concreta y el servicio a la dignidad humana. En un tiempo de crisis institucional y de profundas transformaciones culturales, la eclesiogénesis no representa una amenaza para la Iglesia, sino una de sus posibilidades más fecundas de futuro.
Referencias
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