Entre los extremos y el Estado: por qué Juan Carlos Pinzón Bueno importa en 2026
Colombia atraviesa una paradoja tan antigua como peligrosa: mientras el país se vuelve cada vez más complejo —economía real, crimen organizado transnacional, desconfianza institucional, polarización digital—, el debate político se simplifica hasta la caricatura. Dos esquinas gritan. Dos mesianismos compiten. Y en medio de ese ruido, abundan quienes prometen “redención” sin haber pasado nunca por la prueba esencial del poder público: gobernar.
La escena es recurrente. Aspirantes ubicados en los extremos ideológicos que, cuando se les exige pasar del eslogan a la solución concreta, responden con evasivas, relatos emocionales o enemigos abstractos. Unos evitan la entrevista rigurosa; otros la convierten en espectáculo. En ambos casos, el resultado es el mismo: un discurso genérico, vacío, incapaz de traducirse en política pública real.
Ese vacío explica por qué crece y se consolida #LaGranConsulta. No como una moda, sino como una reacción ciudadana frente al cansancio de los caudillos y las sectas políticas. Allí se busca método, experiencia, carácter y visión de país. En ese conjunto plural de trayectorias valiosas, sobresale una figura que incomoda a los extremismos precisamente por lo que más les falta: experiencia de Estado. Juan Carlos Pinzón Bueno no es un producto de redes ni de coyuntura; ha estado donde las decisiones pesan y donde los errores cuestan vidas, presupuesto y credibilidad internacional.
1) El dilema real no es “izquierda vs. derecha”, sino “Estado vs. espectáculo”
Los extremos comparten una misma lógica: simplificar la realidad para venderse como salvación única. De un lado, el moralismo que divide al país entre “buenos” y “malos”. Del otro, la promesa de autoridad sin arquitectura institucional, sin métricas, sin justicia funcional, sin inteligencia financiera ni coordinación efectiva del Estado.
Ambos viven de la emoción inmediata. Pero un país no se gobierna con adrenalina. Un Estado se conduce con diseño, prioridades claras, capacidad de ejecución y límites democráticos firmes. Colombia no necesita intérpretes del momento; necesita administradores del presente y constructores del futuro.
2) ¿De qué está hecho Pinzón? De gestión, no de épica
En un país donde muchos inflan biografías, los hechos importan. Pinzón fue ministro de Defensa y embajador en Estados Unidos. Esa experiencia no es ornamental: implica haber enfrentado amenazas reales a la seguridad nacional y, al mismo tiempo, haber representado al país en escenarios donde se negocian cooperación, inversión y confianza estratégica.
En tiempos de improvisación elevada a virtud, esta diferencia es sustancial: Pinzón no ensaya con el Estado; lo conoce y lo ha gestionado.
3) “#PorqueMerecesAlgoMejor” no es consigna: es una propuesta de vida
El error de muchos candidatos ha sido hablar del futuro como si fuera un apéndice distante. Repetir fórmulas sobre seguridad o empleo sin aterrizarlas en la experiencia cotidiana.
Aquí, mejor no es una palabra vacía. Mejor es salir sin miedo, progresar sin padrinos, emprender sin extorsión, trabajar sin ansiedad permanente, estudiar con oportunidades reales y vivir en un país que no sacrifique su mañana.
El orden deja de sonar a imposición cuando protege libertades: la libertad de crear, de disentir, de construir proyecto de vida. Y la seguridad del siglo XXI no se limita al uniforme: es justicia que funcione, tecnología contra el delito, inteligencia financiera y oportunidades donde hoy manda la ilegalidad.
4) La verdadera primera línea: construir, no destruir
En ese horizonte aparece una idea poderosa que redefine el sentido de país:
la primera línea que Colombia necesita no destruye, construye.
- La primera línea de Pinzón no levanta piedras ni siembra miedo.
- Es una línea de personas que transforman con talento, emprendimiento e innovación.
- Que creen en la democracia no como consigna, sino como sistema que genera oportunidades reales.
- Que convierten ideas en empresas, conocimiento en desarrollo y tecnología en progreso social.
- No es una primera línea de confrontación;
es la primera línea del futuro.
La que demuestra que un país sin miedo se construye con oportunidades, no con violencia.
5) Respetar al contradictor sin entregar el país al crimen
Una democracia madura no aplasta ideologías; derrota al crimen sin destruir las instituciones. Debatir modelos de desarrollo no exige convertir al adversario en enemigo interno. Aquí emerge una virtud política de Pinzon cada vez más escasa: respeto por las diferencias con firmeza frente a la delincuencia.
Esa combinación —tan simple como difícil— es la que hoy reclaman millones de colombianos.
6) La decisión de fondo: redentores o personas de Estado
La pregunta no es quién grita más fuerte, sino quién puede sentarse el 7 de agosto y hacer funcionar el Estado como un sistema: seguridad, economía, justicia, relaciones internacionales, educación y desarrollo sostenible.
"frente al falso dilema de los extremos, la respuesta responsable es una persona de Estado"
Por eso, frente al falso dilema de los extremos, la respuesta responsable es una persona de Estado. Por eso respaldo a Juan Carlos Pinzón Bueno: porque su propuesta devuelve lo esencial a la política colombiana: orden para progresar, seguridad con propósito y transformación sin miedo. No desde una esquina ideológica, sino desde el centro de la responsabilidad pública.
COLOFON
Los países no fracasan solo por malas ideas; fracasan por malos ejecutores con buenas frases. En un momento histórico donde abundan los atajos, el verdadero acto transformador es elegir competencia, carácter y respeto democrático.
Porque sí: merecemos algo mejor.
Y “mejor” empieza cuando el poder deja de ser espectáculo y vuelve a ser responsabilidad.