El conflicto socioambiental en Cartagena en torno a la construcción de una variante del canal de Bocachica, documentado en el Atlas Mundial de Conflictos Socioambientales (EJAtlas, 2017), no es una disputa técnica menor sino una encrucijada entre desarrollo portuario, decisiones gubernamentales y la preservación de uno de los ecosistemas más singulares de la Bahía. Los Corales de Varadero, un arrecife de coral que desafía las condiciones adversas de aguas turbias, sedimentadas y contaminadas, han sido reconocidos internacionalmente por su valor ecológico y científico desde que en 2018 fueron declarados Hope Spot por la organización Mission Blue.
Este ecosistema no es solo una rareza biológica, sino un engranaje vital en la red de servicios ambientales que sostienen la vida marina y humana en la región: alberga alta biodiversidad de corales y peces, mitiga la erosión costera, contribuye a la pesca artesanal y alimenta potenciales modelos de turismo sostenible. Además, en 2021 los Corales de Varadero fueron incorporados en la última versión del Atlas de las Áreas Coralinas de Colombia elaborado por el Invemar como un área coralina de importancia nacional, lo que implica su reconocimiento científico y ambiental para la planificación y gestión.
Es importante recordar que, cuando se formuló el plan de manejo del Área Marina Protegida de los Archipiélagos de Nuestra Señora del Rosario y San Bernardo en 2012 (página 23), Varadero no fue incluido dentro de su polígono de protección. Quizás por olvido, o por omisión del equipo técnico de turno. De igual forma, era clara la ausencia de conocimiento científico consolidado sobre su existencia y funciones ecológicas en ese momento. La falta de inclusión entonces refleja límites de la información disponible, no la irrelevancia del ecosistema; hoy, con reconocimiento técnico y social, su conservación exige una ambición mayor.
Mientras persistan intereses gubernamentales y del sector portuario de modernizar accesos a la Bahía de Cartagena —con el argumento de competitividad logística— que podrían implicar dragados y obras de canal que dañen directamente este arrecife centenario, hay que seguirnos cuestionando qué clase de desarrollo se promueve si sacrifica biodiversidad estratégica en un mundo que enfrenta pérdida acelerada de arrecifes y crisis climática, más allá de una discusión de crecimiento económico. Dudo que estén quebrados los eternamente interesados en ese viejo proyecto. En este contexto, el ejercicio de prealistamiento que Cardique ha estado desarrollando previo a la consulta previa que debe iniciar este mismo año 2026 por razones lógicas y muy bien justificadas, debe garantizar que las comunidades sujetas expresen un rechazo absoluto a cualquier obra que ponga en riesgo la integridad de Varadero. Así mismo, las reuniones Comité Ambiental para la Restauración de la Bahía de Cartagena también deben pasar a la celeridad y, sobre todo, al necesario presupuesto del que poco se habla.
El gobierno nacional actual - y el próximo -, en particular el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, tienen la responsabilidad de defender correctamente la presencia de los Corales de Varadero en el Atlas de Áreas Coralinas de Colombia, además de su condición internacional como Hope Spot para Varadero como la primera área marina - actualmente no protegida - declarada como tal para el Caribe Colombiano. Esto hoy día es un argumento técnico irrefutable para impedir la aprobación de proyectos que fragmenten y destruyan el arrecife heroico; insisto en ni siquiera considerar, bajo ninguna circunstancia, el traslado de ningún centímetro cuadrado de sus colonias arrecifales. Asimismo, los actores portuarios de Cartagena tienen una oportunidad histórica para redirigir su inversión hacia iniciativas que impulsen el bienestar social y ambiental de las comunidades costeras, más allá de campañas de paso, en lugar de apostar nuevamente por infraestructuras que profundizan viejas tensiones; así mismo, se espera que los líderes comunitarios mantengan el interés general en el tan anhelado desarrollo sostenible de sus pueblos, basados en el componente ambiental de sus planes de etnodesarrollo
El tiempo de la discusión interminable de la presentación de rutas metodológicas, de negociaciones por contrataciones externas y de tiempos administrativos en contra de la urgente necesidad de restauración ecológica de los manglares, corales y pastos marinos en Varadero, además del cuidado de su fauna local, debe dar paso a acciones concretas que honren la ciencia, la justicia ambiental y el futuro de esta ciudad que tiene una oportunidad histórica de conservación con evidenciado impacto internacional.
Nota: así como el Santuario de Flora y Fauna Malpelo cuenta con un comité científico que soporta las decisiones de manejo de ese área protegida, los Corales de Varadero también deben contar con su propia figura de expertos.
Fotos: Ecomares, Gente de Mar.
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Maestrante en Educación
Especialista en Educación Ambiental, y en Pedagogía para el Desarrollo del Aprendizaje Autónomo
Psicólogo Social