La reciente publicación de El Universal titulada “Cartagena Sí (está en su mejor momento)" invita al optimismo y al sentido de pertenencia. Celebro que se promueva el orgullo por Cartagena, pero la realidad cotidiana desborda la narrativa publicitaria. Creer transforma, sí, pero solo cuando el discurso se acompaña de decisiones estructurales y coherentes. De lo contrario, el entusiasmo corre el riesgo de convertirse en un velo. Y esta ciudad no necesita velos, mi mucho menos la continuidad del exceso de positivismo y de noticias que tapan las reales necesidades: necesita no solo verdades, sino las acciones sostenidas.
Mientras se nos pide amar y abrazar la ciudad, su campo y sus islas, persisten prácticas que la contradicen: imprudencia vial normalizada, conductores sin respeto por la vida, cebras peatonales invadidas y tres metros de distancia que nadie cumple. Lancheros que exceden la velocidad en zonas donde simplemente no está permitido, y pescadores que insisten en usar artes que son contradictorias con lo que se espera de su rol como cuidadores ancestrales. A ello se suma la tala de manglar como nunca antes vista en tiempos recientes, compensaciones forestales que mueren al poco tiempo y más cemento que sombra. En una ciudad donde el sol golpea sin tregua, la ausencia de siembra de árboles nativos es una omisión grave. No se trata solo de estética urbana, sino de salud pública y resiliencia climática. El orgullo no puede ser una campaña si el espacio público se deteriora.
También preocupa el silencio frente a temas estructurales: las invasiones constantes en el cerro de La Popa, la falta de celeridad en la declaratoria de los Corales de Varadero como área protegida —ni la Oficina de Asuntos Ambientales de la Alcaldía se ha hecho presente en las reuniones preparatorias entre Cardique, comunidad sujeto de consulta previa y algunos interesados en hacerle seguimiento al proceso—, la pérdida de cobertura vegetal en la Loma del Marión y la presión constante sobre la Ciénaga de la Virgen. Los bordes de manglar de caños y lagos internos retroceden ante rellenos y deforestación: la plaza de variedades terminó siendo la antítesis de lo que no se debió nunca hacer en el Parque Espíritu del Manglar. La Cartagena insular y rural tampoco escapa a esta tensión entre desarrollo y conservación. Si la campaña invita a “Cuídala”, debería también decir, con claridad, “Defiéndela”.
La cultura ciudadana no se decreta con eslóganes; se construye con política pública. ¿Formuló el EPA su plan de cultura ambiental ciudadana, mas allá de actividades del momento? ¿El IPCC y la Escuela de Gobierno consolidaron lineamientos para una formación cultural integral en el Distrito? La ciudadanía —servidores públicos, docentes, estudiantes y comunidad en general— debemos pasar del deseo de cambio a la práctica constante de lo correcto. Amar la ciudad implica exigir cuentas y asumir responsabilidades compartidas. Y, si nos equivocamos antes, tenemos que corregir y avanzar. Sin institucionalidad fuerte y coherente, el mensaje pierde fuerza.
Para fortalecer esta campaña de "Cartagena, Sí" propongo cinco estrategias: primero, incorporar el eje “Defiéndela” con metas medibles en protección ambiental y espacio público. Segundo, publicar indicadores trimestrales sobre arborización con especies nativas, protección formal de manglares y corales y movilidad segura y sostenible. Tercero, (re)activar veedurías ciudadanas con apoyo técnico y acceso abierto a información ambiental. Cuarto, integrar educación obligatoria en cultura ambiental y vial en colegios y entidades públicas y privadas. Quinto, articular la narrativa emocional con acciones verificables y de contexto en barrios, corregimientos e islas, para que creer en Cartagena no sea solo un lema, sino un compromiso tangible.
Creer en Cartagena es un acto poderoso, pero defenderla es un deber inaplazable. Que el orgullo no sea solo consigna: que se convierta en acción diaria, valiente y verificable.
Para: Catalina Araújo, lideresa de esta campaña desde El Universal.
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Maestrante en Educación
Especialista en Educación Ambiental, y en Pedagogía para el Desarrollo del Aprendizaje Autónomo
Psicólogo Social