Mi primera FILBo (y el riesgo de hablar entre Jaramillos)


Este próximo lunes 27 de abril estaré, por primera vez en la FILBo, no como visitante sino como autor. En las vísperas, la sensación es extraña: una mezcla de tensión interna por lo logrado y la ansiedad de estar allí, por fin, como participante.

Para que me acompañara en esta primiparada invité a mi compañero de estudios y editor de Las bocas del silencio, el poeta Darío Jaramillo Agudelo. Con gran gentileza aceptó, pero me sugirió que, en lugar de un dueto, armáramos un trío. Entendiendo que no se trataba —ni mucho menos— del muy francés ménage à trois (ni Darío ni yo estamos para esos trotes), acepté la propuesta. Acordamos que el tercero ideal debía ser, en realidad, una tercera, y que yo me encargaría de concretarlo.

Con Anamarta, mi mujer, barajamos varios nombres. La primera persona que escogimos quería hacerlo, pero importantes compromisos previos se lo impedían. La solución vino por cuenta de mi hijo mayor, Juan Carlos, biólogo y, como sus hermanos, lector de tiempo completo. Me propuso a una compañera suya del colegio Juan Ramón Jiménez: Alejandra Jaramillo Morales, nieta del intelectual liberal Otto Morales Benítez. Y Juanca le pegó al perrito: hablé con Alejandra, le propuse hacer parte del trío y ella, también con generosidad, aceptó.

Con Darío ya habíamos conversado hace unos meses, cuando me acompañó en el lanzamiento de la novela en la Casa del Teatro Nacional, en Bogotá. Fue una charla muy entretenida que el 27 de abril tendrá otro nivel: no se trata ya de presentar un libro por primera vez, sino de conversar sobre una obra que ha tenido recorrido y que va por su segunda edición. Hablaremos de sus personajes y de las aventuras que viven en la época que les tocó. En la Sala María Mercedes Carranza tendremos la oportunidad de preguntarnos si Las bocas del silencio pertenece a esa «religión literaria que cree que las novelas son para entretener, que fueron inventadas para llenar de placer el tiempo libre».

Con la otra Jaramillo nos conocemos, por ahora, a través del teléfono y de WhatsApp. Alejandra será la segunda mujer con la que hablaré en público sobre mi libro. La primera fue Iliana Restrepo, una lectora voraz que, si Las bocas del silencio fuera una universidad, ya le habría otorgado el cum laude por haberla leído cuatro o cinco veces. Alejandra trae a esta conversación una voz fresca, respaldada por una sólida trayectoria como autora de novelas, cuentos y ensayos, miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua y profesora de la Universidad Nacional. Un palmarés que promete miradas distintas sobre la novela y sus personajes: el abuelo, la Bisbis, el narrador, el amigo Ramiro Escobar y la madre, junto con las peripecias que los atraviesan.

Todos, hayan leído o no la novela, están invitados a este conversatorio a tres voces: la del poeta y editor, la de la literata y crítica, y la del autor.

Porque, al final, de eso se trata: de sentarse a oír una buena historia… y de comprobar si todavía creemos —o no— que las novelas están hechas, ante todo, para darnos placer.