Triduo Pascual: Un llamado a los RICOS


Queridos hermanos y hermanas que, en Cartagena y Bolívar, han recibido en abundancia bienes, oportunidades, influencia y poder:

En estos días de Triduo Pascual no los invito a una celebración cómoda ni a un ritual distante. Los invito a mirar de frente el misterio central de nuestra fe: Dios que se hace carne en nuestra historia concreta, especialmente en la de los más pobres y excluidos de nuestra tierra caribe.

El Triduo Pascual —desde el Jueves Santo hasta la Vigilia de la Resurrección— es el corazón de la fe cristiana. Pero, desde la teología latinoamericana y en sintonía con el pensamiento del teólogo colombiano Alberto Parra, este misterio nos confronta con preguntas directas y exigentes, especialmente a quienes tenemos más:

¿Dónde está hoy la cruz en nuestro departamento? ¿Quiénes están siendo crucificados por la desigualdad, la exclusión y la indiferencia? ¿Dónde queremos que irrumpa la resurrección, y qué estamos dispuestos a cambiar para que eso ocurra?

Porque Dios no actúa fuera de la historia. Se revela en la realidad concreta de un Caribe marcado por la alegría contagiosa, pero también por brechas sociales profundas, violencia estructural y esperanzas que luchan por no apagarse.

Jueves Santo: el Dios que se arrodilla y lava los pies

El Jueves Santo nos muestra a un Dios que rompe todos los esquemas del poder. Jesús no se sienta en un trono de privilegios: se arrodilla, toma una toalla y lava los pies de sus discípulos.

Este gesto, leído desde nuestra realidad latinoamericana, no es un símbolo piadoso. Es una opción radical por los últimos. Es el Dios que se pone del lado de los pobres, de los excluidos, de los invisibles. Resuena aquí la gran intuición de Medellín: la fe auténtica no puede separarse de la justicia histórica.

Hermanos ricos, el Evangelio nos interpela con fuerza:

¿A quiénes estamos dispuestos a “lavarles los pies” hoy? ¿Seguimos considerando indignos de nuestra mesa a quienes limpian nuestras casas, atienden nuestros negocios o construyen la Cartagena turística que disfrutamos? ¿O estamos dispuestos a convertirnos en “pan partido” para los demás?

La Eucaristía sin servicio concreto y sin compartir los bienes es una contradicción grave. No basta con comulgar con devoción. Es hora de que quienes tenemos más nos convirtamos en agentes de una economía más justa y fraterna.

Viernes Santo: el grito de los crucificados de hoy

El Viernes Santo no es una contemplación estética de la cruz antigua. Es un enfrentamiento doloroso con las cruces del presente.

Jesús murió víctima de la injusticia política, la manipulación religiosa y la indiferencia de los poderosos. Hoy, Cristo sigue siendo crucificado en:

  • el joven de nuestros barrios sin oportunidades reales de estudio ni empleo digno,
  • la mujer violentada o explotada en su trabajo,
  • el trabajador informal que apenas sobrevive con jornadas extenuantes,
  • el desplazado o el habitante de zonas marginadas que sigue esperando justicia.

La cruz no es solo un símbolo espiritual. Es una realidad histórica que clama.

Desde la perspectiva de la teología latinoamericana, Dios no salva desde fuera del sufrimiento, sino desde dentro de él. Él está presente en el hospital sin recursos, en la cárcel hacinada, en el barrio donde falta todo.

Hermanos que han sido bendecidos con riqueza: la pregunta que el Viernes Santo nos pone delante no es solo “¿por qué sufre el mundo?”, sino: ¿Dónde estoy yo frente al sufrimiento del otro? ¿Mi riqueza está contribuyendo a aliviar cruces o, aunque sea por omisión, las está sosteniendo?

Sábado Santo: el silencio de los pueblos que esperan

El Sábado Santo es el día del silencio y la incertidumbre. El día en que parece que Dios calla. Para muchos en Bolívar, este Sábado Santo es permanente: esperando un empleo estable, esperando que llegue la justicia, esperando reconciliación familiar o social, esperando que algo cambie de verdad.

Es el día de María, que no grita ni huye, sino que permanece con esperanza silenciosa pero resistente.

Este día nos enseña una espiritualidad necesaria: la de la espera activa, la resistencia paciente y la esperanza que no se rinde. Para los ricos, este silencio interpela: ¿estamos dispuestos a acompañar el dolor ajeno sin prisa por “resolverlo” con soluciones superficiales? ¿O preferimos el confort que ignora el sufrimiento prolongado de los hermanos?

Vigilia Pascual: la resurrección como fuerza transformadora

Cuando todo parece perdido, la vida irrumpe. La resurrección no es un “final feliz” individual ni una evasión espiritual. Es una ruptura radical de la lógica de la muerte y la injusticia. Es una fuerza histórica que afirma: la desigualdad, la explotación y el pecado estructural no tienen la última palabra.

En nuestra tierra de resiliencia caribeña, la resurrección se hace visible cuando:

  • la madre sola saca adelante a sus hijos con esfuerzo heroico,
  • el joven decide rechazar los caminos fáciles de la violencia,
  • las comunidades se organizan para exigir y construir dignidad,
  • la fe se traduce en acciones concretas de solidaridad.

Hermanos ricos: la resurrección los llama a un compromiso real con la vida. Su fe no puede quedarse en la oración privada ni en la filantropía ocasional. Debe traducirse en responsabilidad social valiente: inversión ética, generación de empleo digno, apoyo a proyectos educativos y productivos que empoderen a los más pobres, y una vida más austera que deje espacio para compartir.

Conclusión: un llamado urgente a la conversión social

Queridos hermanos y hermanas bendecidos con bienes materiales en Cartagena y Bolívar:

El Triduo Pascual no es algo que se celebra solo en los templos. Es un camino existencial que cada uno debe recorrer. Para quienes tenemos más, este camino implica una conversión profunda: pasar de la lógica del acumular a la lógica del compartir; de la indiferencia a la solidaridad efectiva; del poder que aplasta al servicio que levanta.

La fe cristiana no elimina el sufrimiento, pero le da sentido. Y el sentido cristiano de la riqueza no es el lujo desmedido, sino el servicio generoso. El cristiano auténtico no evita la cruz ajena, sino que la alivia y la atraviesa junto al hermano.

Que esta Semana Santa no pase como una más. Que en sus empresas, en sus hogares, en sus decisiones de inversión y en su estilo de vida, el Triduo Pascual se convierta en experiencia viva de justicia y misericordia.

Porque Cristo no está muerto. Cristo sigue caminando con su pueblo, especialmente con los crucificados de hoy.

Y nos llama a los que tenemos más a caminar con Él, no desde arriba, sino arrodillados, sirviendo y compartiendo, para que la resurrección sea también una realidad social en nuestro Caribe.

Que el Señor les conceda un corazón generoso y valiente.