Álvaro Cepeda Samudio y el nuevo lenguaje narrativo de " La Casa Grande.
Por:
CLAUDIA DE LA ESPRIELLA
Mi padre, Ramiro de la Espriella, llegó a Barranquilla al inicio de 1950. Iba a cumplir con el requisito de un año como juez para poder graduarse como abogado. Comenzó a concurrir a la famosa "Cueva", donde acudían artistas jóvenes, intelectuales y bohemios. Allí conoce a Alfonso Fuenmayor, Alejandro Obregón y Bernardo Restrepo Maya y establece amistad con el estudiante de medicina Luis Eduardo Consuegra y el periodista, que había estudiado en EE.UU, Álvaro Cepeda Samudio.tanbien se reencontró con Gabito, con el que mantenía una amistad desde Cartagena.
En los años 70 un día tocan a la puerta de nuestra casa en Bogotá. Era Álvaro Cepeda Samudio quien nos contó que viajaría a Nueva York pues tenía que someterse a un tratamiento para curar un cáncer que lo aquejaba. Unos meses después fallece en la Gran Manzana. Ese hecho sume a mi padre en depresión durando unos días en cama levantándose únicamente para comer y bañarse.
Un par de años más tarde, cuando yo estaba estudiando Literatura en la Javeriana, leí " La Casa Grande". De inmediato sentí que ese nuevo lenguaje literario abrió mi mente. Entendí que esa novela está llena de simbología y que va por caminos mucho más amplios que romper los estándares rígidos que entonces se manejaban en Colombia. Llama a las cosas por su nombre , sin florituras, escapando de los prejuicios sociales y nos transforma como lectores en artífices de sus conclusiones.
Desarrolla, con gran destreza, el vínculo histórico de la matanza de las bananeras , ocurrida entre el 5 y 6 de diciembre de 1928, en Ciénaga, cuando él contaba con escasos dos años de edad. Aunque su familia vivía para entonces en Barranquilla, al poco tiempo regresan a esa ciudad. Es claro que lo que allá oyó respecto a los actos de violencia de la United Fruit Company y con el apoyo del presidente colombiano Miguel Abadía Méndez, quien envío al Ejército para que disparara contra los trabajadores de la empresa estadounidense, quienes pedían mejoras de sus condiciones laborales, lo oyó Cepeda de los deudos directos de las víctimas, y ellos también dolientes, y no es producto de una imaginación desbordada. Es una realidad cruenta y desmedida que sigue sacudiendo al país como si alimentara el aire que a diario respiramos De allí que la novela sea la verdadera innovadora de la segunda mitad del siglo XX en nuestro país. Su poder del manejo del equilibrio entre lo verdaderamente descriptivo y la inteligencia emocional, me lleva a situar a Cepeda Samudio en el espacio creativo que tienen obras como " El Viejo y el Mar", " Pedro Páramo" o " El Extranjero". Es la economía del lenguaje, sin que se pierda lo poético ni la fuerza estética se diluya en el aire.
Cartagena, 14 de abril de 2026.