Las realidades y la lógica del fin de los tiempos
Por René Arrieta Pérez
En este artículo enumero situaciones, realidades, conexiones, términos de tiempo, la certeza cósmica y el inexorable hecho del fin de los tiempos; asimismo, la gestión divina de dicho acontecimiento. No solamente enumero todos estos aspectos, sino que igualmente entrego una breve explicación sobre ellos.
Si tomamos la palabra situación que significa sitio, emplazamiento, advertimos inmediatamente que hablamos de la ubicación de una realidad referencial en el ahora, sin excluir el inmediato pasado de los últimos 18 años e incluyendo el inminente futuro de los próximos 28 años; es decir, abordamos una línea temporal y conectamos esas realidades con una razón de ser, muy poderosa, por cierto, que se circunscribe dentro de una lógica, y también la gestión divina de todo.
Imposible que no hubiese control del conjunto de circunstancias que conforman tal realidad. ¿Estaría de más decir que el control lo tiene Dios? No, no estaría de más. Primeramente, porque existe mucho escepticismo que le resta importancia a una realidad palpable; y, luego, porque al final todos apelarán a Dios como refugio, y ya todo será demasiado tarde. Deben saberlo.
En cuanto a las realidades que se relacionan con el fin de la raza, de la civilización, de toda forma de vida sobre la faz de la tierra, ellas fluyen en dos dimensiones. Toman forma en el mundo espiritual o cuarta dimensión y se manifiestan en el mundo físico. En el orden general están enunciadas desde hace milenios en la Biblia y en las cosmogonías de las civilizaciones antiguas. El hecho final estará mediado por las aguas. No obstante, antes del fin, la realidad será plasmada en distintos hechos: pestes, guerras, hambre, fenómenos naturales, incremento de violencia, accidentes, perpetración de monstruosidades, desplazamiento y migraciones masivas, crisis financieras, desestabilización del orden social y mundial, etc., etc., etc.
Vayamos a la palabra realidad (del lat, realitas). Realidad significa cualidad relativa a la cosa verdadera o real. Sus componentes léxicos son: res (cosa), alis (relativo) y dad (cualidad). Entonces la realidad es la existencia verdadera y objetiva de las cosas, de lo que es y sucede, lo que por supuesto se contrapone a lo imaginario y ficticio. Privilegiamos ese eje significativo; sin embargo, lo ficticio, lo imaginado, lo subjetivo y lo posible también son realidades; igualmente lo es la apariencia de los hechos ‘reales’ o verdaderos, digamos. Quedémonos con lo fáctico objetivo, lo que se ve y se palpa, lo que se registra como acontecimiento en la historia, realidad que, desde luego, distorsiona en gran parte el relato histórico u oficial.
Como la realidad es relativa (relacionada a la cosa), lo relativo es fragmentario, sencillamente por lo que es un ángulo de observación que aprecia la realidad; además, esa realidad observada se torna subjetiva. La lente personal la agranda o la achica, selecciona detalles y omite otros, etc. Vemos que la cosa ya no es lo que es, en fin.
De igual manera, si nos quedamos con la realidad no contaminada, esta la podemos situar en dos dimensiones particularmente, para circunscribirnos a lo que queremos señalar. La dimensión espiritual o cuarta dimensión y la dimensión física o tercera dimensión. Ambas dimensiones tienen los componentes de tiempo y espacio. Estos componentes cambian en relación de una dimensión a otra. Si referenciamos el tiempo, por ejemplo, en la dimensión espiritual, es de plenitud (pasado, presente y futuro son todos en uno), en la tercera dimensión fluye linealmente y (uno es, otro se queda atrás y otro más está por venir). Por tales razones podemos decir que lo profético ya es una realidad en la dimensión espiritual y en la dimensión del mundo físico está por venir. Como el profeta tiene la capacidad de ver en el mundo espiritual oculto al hombre, ya él ha visto la realidad, lo que es, conoce lo que ha de ser en la tercera dimensión, en el futuro de los hombres.
El transcurso del tiempo y la realidad que hace palpable en el mundo de la tercera dimensión es lo que conecta la realidad que existe en ambas dimensiones como hechos (en la tercera y la cuarta). Lo cual indica que lo que al profeta le ha sido dado ver en el mundo espiritual (que ya es), y luego será en la tercera dimensión.
Si te atienes a esta lógica –difícil que soslayes–, tendrás una gran inferencia: la vida apocalíptica de esta raza, su civilización y su final están definidos en un arco de tiempo que ya casi acaba su itinerario. En caso de que no la aceptes, igualmente se impondrá, porque lo que es, es, y tu creencia o parecer le son indiferentes a los hechos.
Por otro lado, es una certeza cósmica el final de la raza. De hecho, el final está plasmado en las constelaciones, en la relación entre ellas, particularmente entre Orión (el cazador), Lepus (la liebre), Eridanus (el río) y Fornax (el horno). Orión es Dios, quien quiere preservar a la liebre, la humanidad misma, esquiva de Dios y sus leyes; entonces se la lleva el río, el fluir del tiempo, y la arroja al horno. Dos elementos arquetípicos, el agua y el fuego, ambos purificadores.
No podemos olvidar a Ofiuco (derivado del griego y con el significado de “el que sostiene a la serpiente”), que, aunque no está relacionado en cercanía a estas constelaciones en el cielo nocturno que cuentan la historia humana, sí es un signo que ejerce un nivel de regencia y conturba particularmente a la liebre, el cual tiene además implicaciones con el círculo de las 12 constelaciones zodiacales que determinan marcas sustanciales en la vida e historia de los hombres. Sobre estas relaciones entregaremos un relato más detallado posteriormente.
El conteo regresivo casi acaba
En este blog llevamos un conteo regresivo del fin, que mueve su marcador cada año, precisamente en Semana Santa (que pasó recientemente), cada Viernes Santo. Este año el conteo regresivo se sitúa a 17 años del Juicio (2043) y a 27 de la hecatombe final (2052). Obsérvese que la reducción teosófica de los años es 9 (fin).
En los últimos 10 años la humanidad vivirá una realidad apocalíptica de extrema crudeza: inclementes fenómenos naturales, temperaturas insoportables cercanas a los 50 grados centígrados, rotura absoluta del orden social, en donde el imperativo será el ‘todos contra todos’, y habrá violencia incontrolable, canibalismo, pestes, hambre, distopía, etc.
El plan de Dios
Como hemos dicho siempre, quien determinó su propio fin fue el ser humano, no Dios. Dios solo determinó un ciclo para que se efectuaran las consecuencias de lo que el ser humano decidió. El Padre entregó una casa al ser humano para que viviera (el planeta Tierra), y la ha destruido; por tanto, su suerte está ligada a la perturbación a la que sometió al planeta.
Dios solamente gestiona que los acontecimientos se cumplan dentro del término de tiempo fijado el devenir cósmico. La energía de maldad que ha desatado el ser humano hace tiempo hubiera acabado con la vida en el planeta, pero Dios no ha permitido que sea en el tiempo de los demonios generados por el hombre, quienes lo acusan ante Él, sino en el tiempo establecido en su plan de sabiduría.
Por otra parte, nótese que lo señalado por sus profetas bíblicos dibujan la realidad actual, la pintan. Y en el término de tiempo que resta, la realidad de la humanidad se reflejará en esos relatos.
Realidad científica del fin
En mi libro científico, de edición bilingüe, publicado en Amazon, Apocalyptic end of civilization (Fin del mundo 2052) se explica ampliamente el fenómeno y presento un modelo predictivo que está asociado a la desaparición de los casquetes polares. Como la Tierra es una balanza de agua, cuando se derrita el Polo Norte el bamboleo de las aguas oceánicas desequilibran al planeta y este invierte sus ejes geográficos. Y así desaparece toda forma de vida sobre la faz de la tierra.
¿Habrá semilla?, sí, si habrá. Ya ese es otro tema.
Que la paz sea con todos ustedes.
Crédito: imagen generada por Meta.
Nota de advertencia
Todos los artículos en el que Dios Padre envíe mensajes a la humanidad a través de su ungido tendrán esta advertencia, y el costo personal y familiar puede ser muy alto:
Quien no esté en capacidad de ver en el mundo espiritual y de comprobar o no lo que decimos, mejor que permanezca en silencio, reflexione y le deje todo juicio al tiempo, que no haga ningún comentario en contra, no sea que por hacerle pulso al mensaje de Dios sea blanco de su ira. Toda persona que ataque la palabra de Dios en boca de su ungido, uno de los dos testigos del apocalipsis, se vincula a que la severidad de la ley divina lo castigue con tragedia y muerte, y con juicio sumario lo hagan descender a las mazmorras del Infierno. De forma idéntica a como cuando la autoridad policial captura a un delincuente, a un infractor de la ley, que los lectores consideren la debida advertencia, que reza: “Todo lo que usted diga podrá ser usado en su contra”. La ley se cumplirá de forma implacable. Ya llegó el momento, en consideración de la jerarquía celestial, que no se puede dejar pasar ningún tipo de faltas, y mucho menos afrentas e insultos al ejercicio de la autoridad de Dios y de su plenipotenciario aquí en la Tierra, en este periodo del fin de los tiempos.