Trabajo que falta, país a construir


En el Día del Trabajo, versión 2026, el mundo nos recuerda que el empleo ya no es solo un lugar: es una posibilidad. Sin embargo, cuando el trabajo se vuelve esquivo, aparecen caminos precarios: depender de ayudas, apostar a la suerte o simplemente sobrevivir. Hoy, la tecnología, la economía digital y los nuevos oficios están redefiniendo lo que significa trabajar, abriendo puertas que antes no existían y que seguirán surgiendo. Pero Colombia —y especialmente Cartagena— enfrenta una tensión profunda: aunque el desempleo baja, aún no se traduce en oportunidades dignas para todos. Según el DANE, la desocupación rondó el 9,2% en febrero de 2026, una mejora importante, pero insuficiente frente a la calidad del empleo.

Hoy no basta con tener trabajo: necesitamos trabajos que permitan vivir, no sobrevivir. Jóvenes que buscan su primera experiencia enfrentan un sistema que les exige experiencia previa —como ironizan tantas veces las redes—; mientras mujeres y padres cabeza de familia cargan con brechas estructurales que el mercado no corrige por sí solo. El mismo DANE advierte que cerca del 24,2% de los jóvenes no estudia ni trabaja, una cifra que no es solo estadística, sino una alerta social que exige respuestas distintas. No es falta de ganas, es falta de oportunidades reales.

Cartagena no es ajena a esta realidad. Aunque el país genera empleo con algunas excepciones, la informalidad sigue marcando el ritmo: miles de personas trabajan sin garantías ni estabilidad. En La Heroica, el desempleo ha superado en varios momentos el promedio nacional, evidenciando que el crecimiento no siempre llega donde más se necesita. El reto no es solo generar empleo, sino impulsar uno que construya sociedad. Pero ¿cómo lograrlo en medio de visiones fragmentadas sobre el fortalecimiento del tejido social, que es, en últimas, el que define nuestra verdadera imagen ante el mundo?

Por eso, el reto del Estado —y de la Alcaldía Mayor de Cartagena— no es solo celebrar cifras o destacar grandes obras de infraestructura, sino volcar y permanecer su capacidad hacia quienes más lo necesitan: formación pertinente, incentivos reales para el primer empleo, apoyo decidido a emprendedores y protección efectiva a quienes sostienen hogares. La cultura, esa que permea lo ambiental y lo social con impacto constante, es más que urgente. Existen programas, sí, pero el verdadero avance está en convertirlos en política pública que garantice continuidad. Y el sector privado debe entender que ceder en lo esencial —salarios dignos, estabilidad, oportunidades— no es perder: es apostar por un país más sostenible.

El futuro del trabajo no está escrito, pero sí puede ser decidido. Este Día del Trabajo debe ser un llamado a no perder la fe: Colombia tiene talento, resiliencia y ganas de salir adelante. Si logramos que las oportunidades lleguen a quienes hoy esperan, dejaremos de hablar de sobrevivir para empezar, por fin, a hablar de vivir con dignidad. 

Corolario: expresiones como “ponerse la camiseta”, “estar disponible 24/7” o “dar la milla extra” no pueden seguir normalizando el desgaste. El trabajo digno también implica respeto por el tiempo. Que este día siga siendo la voz viva de quienes buscan una oportunidad y de quienes trabajan por un mejor presente y futuro.


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Maestrante en Educación

Especialista en Educación Ambiental, y en Pedagogía para el Desarrollo del Aprendizaje Autónomo

Psicólogo Social

coralesdevaradero@gmail.com

 

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