El verde que no enfría


Comenzaré por lo obvio: no es justo que Cartagena de Indias, por ser una ciudad costera y naturalmente cálida, tuviera que aceptar que cada vez haya menos sombra y más cemento.

La reapertura del Parque Apolo ha sido presentada como una gran noticia para la ciudad, así como otros proyectos que siguen ocultando lo realmente importante. Sin embargo, más allá de los números anunciados por la Alcaldía, seguirá valiendo la pena preguntarnos si esta intervención realmente ayuda a enfrentar el calor que cada año sienten con más fuerza los cartageneros y demás habitantes. Sembrar 41.000 plantas ornamentales puede hacer que un lugar se vea bonito, pero eso no significa que esté ayudando de manera importante a capturar carbono o refrescar la ciudad. Los estudios científicos muestran que quienes realmente cumplen esa función son los árboles grandes y maduros, aquellos que llevan años creciendo y ofreciendo sombra. En términos sencillos: un árbol frondoso aporta mucho más al clima de la ciudad que decenas de plantas decorativas.

La controversia no surge por la renovación del parque en sí misma, sino porque parte de la ciudadanía considera que la intervención implicó la pérdida de árboles funcionales cuya reposición tardará años en ofrecer beneficios equivalentes. 

Por eso sigue siendo difícil entender por qué se siguen talando árboles en buen estado para luego celebrar la siembra de nuevos individuos: un árbol recién sembrado puede tardar muchos años en dar la sombra que hoy ofrece un árbol adulto. Mientras tanto, la ciudad sigue perdiendo frescura, capacidad para absorber dióxido de carbono y tener calidad ambiental. Dicho de otra manera: cuando se corta un árbol sano, la ciudad pierde mucho más de lo que gana con una nueva siembra. Perdemos todos: tanto el que vive en Bicentenario y la Isla de León, como el que vive en Barcelona de Indias pasando por todos los barrios de la ciudad aunque lo neguemos, ignoremos o desconozcamos.

Tampoco deja de causar desconcierto la falta de una visión ambiental clara por parte de la administración distrital. Jamás se entenderá por qué se siguen tomando decisiones de este tipo en una ciudad donde cada vez hace más calor y donde los espacios con sombra son cada vez más necesarios: eso sí, me refiero a la sombra que producen los árboles nativos, que son los únicos que deben sembrarse en Cartagena. Al alcalde Dumek Turbay, como máxima autoridad local, no se le ha escuchado un solo planteamiento sensato y acorde con los desafíos ambientales que enfrenta Cartagena en la actualidad: las decisiones ambientales promovidas por su Administración no han ejecutado, hasta ahora, una estrategia coherente para fortalecer la cobertura arbórea de Cartagena, y que incluya claramente cómo y de qué manera se van a cuidar. Mientras en muchas ciudades del mundo existen ejemplos donde se protegen los árboles maduros porque son aliados fundamentales contra el calor, aquí en La Heroica se les da más importancia a las obras vistosas y a los jardines ornamentales que a las soluciones ambientales verdaderamente útiles.

Además, la memoria del cartagenero de a pie no es corta. Muchos recuerdan cuando especies como el matarratón o el clemón formaban parte del paisaje cotidiano y ayudaban a refrescar calles, parques y barrios. Hoy, en cambio, se observa una tendencia que favorece lo ornamental sobre lo funcional. Y eso ocurre precisamente cuando las islas de calor, esos sectores donde la temperatura es mucho más alta por la falta de árboles y vegetación adecuada. Lo peor es que las autoridades distritales hacen honor al pensamiento ajeno de la Cartagena calurosa, como otras ciudades costeras del planeta cuya gente también soporta las inclemencias del clima, a la vez que un sector de la ciudadanía se mantiene en quejadera constante pero con poca acción real para el cuidado de lo nuestro. 

Una ciudad que piensa en su futuro no reemplaza árboles útiles por decoración: protege sus árboles nativos, recupera las especies tradicionales y entiende que el verde urbano sirve para mucho más que adornar una fotografía, un informe de gestión presupuestal, o una red social.

 

Corolario: A Dumek Turbay le queda poco más de un año para concluir su mandato. Desde una mirada ciudadana y ambiental, resulta difícil encontrar indicadores que permitan hablar de una gestión satisfactoria en materia de cobertura arbórea y protección del patrimonio verde de Cartagena. Si algún día se realizara una evaluación seria, independiente, académica y libre de cualquier influencia política o mediática, muchos ciudadanos considerarían que el balance en este aspecto estaría lejos de ser aprobatorio. La ciudad ha perdido árboles, ha visto reducirse espacios de sombra y ha observado cómo las discusiones ambientales terminan con frecuencia subordinadas a criterios paisajísticos, urbanísticos o de infraestructura.

También se acercan nuevas contiendas por el solio del Palacio de la Aduana. Por eso el llamado es a las organizaciones sociales, fundaciones, colectivos ambientales, juntas de acción comunal y veedurías ciudadanas de Cartagena: es momento de fortalecer la unidad alrededor del control social ambiental. Debemos abrir más espacios a jóvenes preparados en estos temas, respaldar la participación informada y examinar con rigor las propuestas de quienes aspiran a dirigir la ciudad. 

Cartagena ya no puede darse el lujo de improvisar en asuntos socioambientales. El palo no está para cucharas. Los desafíos climáticos, la pérdida de biodiversidad y la reducción de áreas verdes exigen liderazgo, conocimiento y compromiso real. Y si algo ha quedado claro en los últimos años, es que el poder ciudadano, organizado y vigilante, está más vigente que nunca y seguirá siendo la mejor garantía para defender el interés colectivo y el patrimonio natural de la ciudad. Que se mantenga vivo, por siempre.

Este mensaje no solo es para quienes aspiran desde la izquierda, el centro o la derecha: también está dirigido a quienes estén en varias líneas, incluyendo a quienes vivan en el norte, sur, oriente u occidente.


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Maestrante en Educación

Especialista en Educación Ambiental, y en Pedagogía para el Desarrollo del Aprendizaje Autónomo

Psicólogo Social

coralesdevaradero@gmail.com