Cada año, cuando llega el tercer domingo de junio, Colombia vuelve a encontrarse con una tradición que ha resistido cambios de calendario, intereses comerciales y coyunturas políticas. Más allá de cualquier discusión sobre fechas, permanece intacta una certeza sencilla: existe un día reservado para recordar a quienes dejaron huellas profundas en nuestras vidas. No se trata únicamente de una celebración; también es una oportunidad para volver sobre esos rastros silenciosos que el tiempo no consigue borrar.
A veces la memoria no regresa con grandes acontecimientos. Aparece en el aroma de una taza de café que inaugura la mañana, en una caja de herramientas guardada durante años, en la vieja radio que acompañó incontables jornadas o en aquella bicicleta que enseñó las primeras lecciones de equilibrio. También se manifiesta en el apoyo brindado durante la enfermedad, en los triunfos y en los momentos difíciles. En muchas ocasiones, con una silla vacía. Son recuerdos aparentemente sencillos, capaces de abrir puertas hacia experiencias compartidas que siguen habitando nuestro presente. Aunque, en mi caso, cambiaría el café por un delicioso jugo de corozo caribeño.
Quizá por eso las historias más auténticas sobre la paternidad rara vez necesitan discursos. Bastan una silla junto a la mesa, la costumbre de preguntar cómo nos fue durante el día o una enseñanza heredada sin darnos cuenta. En esos detalles sobreviven consejos, ejemplos y lecciones que continúan orientando decisiones mucho después de haber sido pronunciados, incluso cuando quienes los transmitieron ya no caminan a nuestro lado. La influencia verdadera suele expresarse de maneras discretas, pero profundamente duraderas.
En este Día del Padre, tan firme como una tradición que se resiste a las modificaciones impuestas por las circunstancias, vale la pena detenerse un instante para reconocer esas presencias que permanecen. Agradecer a quienes estuvieron, a quienes siguen acompañando cada paso y a quienes ayudaron a construir lo que somos mediante gestos cotidianos. También a los padres que hoy permanecemos atentos a nuestros hijos brindándoles compañía, orientación y afecto. Como la vida avanza sin detenerse, los años transcurren y las circunstancias cambian, ciertos recuerdos conservan intacta su capacidad de iluminar el camino. Allí, precisamente allí, también habita el amor de un padre.
Feliz día.
Narrativa de lo ideal sobre el Día del Padre: https://www.youtube.com/watch?v=Po3DtIQ4DJ4
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Maestrante en Educación
Especialista en Educación Ambiental, y en Pedagogía para el Desarrollo del Aprendizaje Autónomo
Psicólogo Social
Imágenes y video: Margarita Rosa Mogollón - AI Editorial Storytelling