Carta a Abelardo de La Espriella: la naturaleza no puede pagar la austeridad


Señor De La Espriella:

Más de 12.000.000 de colombianos te dieron su confianza. Con ello, y de acuerdo con lo presentado en tu plan de gobierno, comienza una nueva etapa en la discusión sobre el tamaño y las prioridades del Estado. Es claro que respeto plenamente la facultad presidencial de proponer ajustes institucionales, pero sería un error fusionar el Ministerio de Ambiente con otras entidades. Se trata de una de las carteras históricamente más débiles en materia presupuestal y, al mismo tiempo, una de las que acumula mayores responsabilidades nacionales e internacionales. La austeridad administrativa puede parecer eficiente en el papel, pero cuando se debilita la gestión ambiental, los costos económicos y sociales terminan apareciendo por otras vías.

La experiencia debería servir de referencia. Durante el gobierno de Álvaro Uribe, la fusión que dio origen al Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial generó cuestionamientos de sindicatos, comunidades y expertos que percibieron una pérdida de capacidad institucional para la protección de la naturaleza. La vivienda y la infraestructura terminaron ocupando buena parte de la agenda pública, mientras los asuntos ambientales quedaron rezagados . Algo similar ocurriría hoy si usted insiste en mezclar funciones que requieren enfoques, equipos y prioridades claramente diferenciadas.

Uno de los programas menos valorados ha sido precisamente el de Educación Ambiental. Quizás porque no produce resultados electorales inmediatos, suele recibir menos apoyo que otras áreas, pese a ser el puente entre la ciencia, las autoridades y las comunidades. Sin educación, participación y apropiación social, la mejor gestión técnica pierde legitimidad y sostenibilidad. La nueva Política Nacional de Educación Ambiental debe seguir fortaleciéndose y actualizándose, incorporando grupos poblacionales, enfoques territoriales y nuevas formas de participación que quedaron insuficientemente representadas en su formulación reciente.

Colombia no puede darse el lujo de retroceder en la protección de sus ecosistemas ni en la gestión integral del agua, ya sea lluvia, acuíferos, ríos, lagos, ciénagas o lagunas costeras. Somos un país con compromisos internacionales en tierra y mar, y no debe olvidarse que más del 40 % de nuestro territorio es marítimo. Casos como los Corales de Varadero, en la bahía de Cartagena, demuestran que la naturaleza no puede tratarse como un negocio: después de más de una década de defensa social y científica, con consulta previa reconocida por el Ministerio del Interior en 2025 y su inclusión en el Atlas de Áreas Coralinas del Invemar, merecen protección efectiva y no nuevas amenazas derivadas de proyectos innecesarios. El mar no es un negocio, como lo planteó su coordinadora local de campaña en la ciudad de Cartagena; el mar es patrimonio nacional, y la naturaleza se respeta.

Esperamos de usted, señor De La Espriella, sensatez sin eufemismos.

 

Cc: José Manuel Restrepo Abondano.

 

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Maestrante en Educación

Especialista en Educación Ambiental, y en Pedagogía para el Desarrollo del Aprendizaje Autónomo

Psicólogo Social

bbasabes@hotmail.com