Desvelaste sombras
mientras yo buscaba la verdad.
Desvelaste contornos,
epidermis que no engaña,
facturas de otros tiempos,
condiciones múltiples
y un trópico de piscis.
Desvelaste sombras
como quien se ducha
y pide tiempo a solas,
abriendo ventanas para fumar,
considerando al otro
un esposo,
un guerrero,
un marido.
Desvelaste sombras
en un hotel
en el que había cuchillos.
Los habías llevado tú,
sigilosa.
Y pediste que los guardasen en la recepción.
Desnudaste la mañana
desvelando sombras,
simulando prisas y urgencias,
revistiendo tus piernas,
tu cuello,
y tu vientre
que sólo prometía
un nuevo desvelo de sombras.