Ganar las elecciones se siente como ganar la Copa Mundial de la FIFA: alegría, euforia y, en mi caso personal, un gran alivio al saber que nos salvamos de la destrucción de nuestra democracia por poco más de 200.000 votos. Pero ojo, tal como lo mostró España al ganar la final de fútbol 1-0 contra Argentina, ganar es ganar.
Una vez saboreada la victoria, viene la realidad: ganar por sí solo no resuelve los retos que se vienen de cara a los próximos 4 años, los desafíos que siguen intactos tras el cierre de las urnas y ante los intentos de desconocimiento de la democracia por parte del presidente saliente. En este momento, hospitales como el Nuevo Hospital Bocagrande siguen en crisis y la seguridad sigue preocupando tanto al que votó a favor como al que votó en contra. El verdadero amor por la patria comienza cuando pasa la euforia de la victoria, se enfrenta la complejidad de gobernar y se le panta la cara a lo que nos corre pierna arriba:
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La crisis de la salud: El nuevo gobierno y su aún no designada ministra de Salud tienen el compromiso de dar solución a la quiebra económica en la que está el sistema, en el que se ha sacrificado a todos los implicados —desde las EPS y el personal de salud hasta los pacientes— en el altar de la crisis explícita. Uno de los retos más grandes será abordar las fallas estructurales del sistema, reestablecer la atención de los pacientes (incluyendo el acceso a medicamentos y servicios), evitar la liquidación de Nueva EPS y dignificar al talento humano en salud, que no puede seguir viviendo solo de vocación. Cada día que el sistema sigue en crisis se paga con vidas humanas.
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Seguridad: Más allá de las cifras oficiales, tener vendedores ambulantes y comerciantes pagando extorsión es la muestra del alcance de la criminalidad. Recuperar la seguridad favorece la inversión extranjera, dinamiza el turismo —tan importante en una ciudad como Cartagena— y le devuelve la tranquilidad al ciudadano de a pie, que hoy teme que lo maten por quitarle un celular.
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Recuperar el crecimiento económico: En 2023 la economía solo creció un 0,6%; es decir, nos salvamos de la recesión por un pelito mientras el Banco de la República mantuvo la tasa de interés para evitar una bomba inflacionaria. Pero lo que más duro nos dio fue la caída de la inversión fija. La incertidumbre derivada de las declaratorias de emergencia económica y las reformas estructurales de salud, pensiones, laboral y del sector energético desincentivaron el gasto privado de largo plazo. Ecopetrol fue la gran sacrificada y a nuestra pobre iguana nos la entregan casi disecada. Recuperar el crecimiento económico debe reflejarse en más y mejores empleos, pero también en que se recupere el poder adquisitivo del ciudadano que necesita que la plata le rinda.
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El endeudamiento: Es que le debemos hasta al cachaco de la tienda. Aproximadamente 1 de cada 3 pesos que recauda el Gobierno Nacional por impuestos se destina exclusivamente a pagar los intereses de la deuda pública. Esto reduce el margen de inversión del Estado. Cuando usted escuche decir que Petro le pagó al FMI, sepa que se pagó tomando más deuda: taparon un hueco abriendo otro. Más o menos fue como pagarle al banco al que se le debe el 3% de interés pidiéndole prestado al "paga diario" del barrio, que le cobra al 14%.
Celebrar la victoria es válido y legítimo. Ahora viene el verdadero desafío: gobernar para todos, sacar adelante un país polarizado con problemas de gran envergadura que ameritan soluciones contundentes y urgentes, con una oposición incoherente que cree en todas las formas de lucha y que dice que no reconoce al presidente electo, pero acepta la curul del Estatuto de la Oposición.