Leer no es caminar sobre las palabras.   Es desconfiar de su transparencia para encontrar la voz que calla y   la intención que organiza nuestra mirada.

Lo que la alegría y la literatura reclaman: Leer el caribe


Leer no es caminar sobre las palabras. 

Es desconfiar de su transparencia para encontrar la voz que calla y

 la intención que organiza nuestra mirada

Es una mañana del 23 de septiembre de este 2026 y el grupo de estudiantes de la Institución Educativa Nuestra Señora del Perpetuo Socorro llega feliz y contento, con sonrisas cargadas de energía, esperanza y amor por la vida. Vienen a aprender fuera de las aulas. La Plaza de la Merced permanece callada, esperándolos. El frente del Teatro Adolfo Mejía está un poco sucio y descuidado. No parece ser una edificación protegida y conservada por el Distrito de Cartagena. Es mi impresión. Observo con detenimiento y dejo que los jóvenes estudiantes se vayan preparando para este evento: algunos practican lo que dirán y otros se acicalan para la filmación de los videos que mostrarán la evidencia de su participación. Tenía rato que no me reunía con la Red de Educadores de Lengua Castellana dirigida por Rosalba Tejeda y apoyada por el maestro y pedagogo Alfonso Arce. Son dos personajes que, a punta de tenacidad, se mantienen en la lucha por una mejor educación y cultura para la heroica ciudad de Cartagena, cada uno con sus saberes y compromisos.

Quizás en la distancia fría y gris, mientras algunos burócratas se preparan para un recorte al presupuesto de la cultura, en el Teatro Adolfo Mejía un grupo de estudiantes de bachillerato vivifica la literatura desde sus particulares formas de ver el mundo y lee cuentos y poemas de una escritora y poetisa caribeña con la quietud que le permite el vaivén de las olas del mar Caribe. Ese contraste que se vive constantemente lo dice todo: la cultura sigue viva porque la gente la sostiene, no porque el Estado la cuide.

“Leer el Caribe” durante 23 años ha realizado un periplo variopinto por la crema y nata de la literatura de esta parte del país. Sí, por este evento han pasado y dejado sus huellas muchos de nuestros escritores representativos. Y este año trajo a la escritora barranquillera Fadir Delgado, en cuya voz se juntan el talante femenino de la mujer costeña y la capacidad creadora de nuestro Caribe. Alrededor de su obra se armó una fiesta de color: estudiantes de Cartagena, Turbaco y María La Baja, puestas en escena, bailes, tambores de energía y lecturas de textos creados por estudiantes de la Universidad de Cartagena, que analizaron sus poemas con la comprensión transgresora que merece una poética de ese talante estético. Nadie bostezó, y eso ya es una hazaña pedagógica.

Debo ser sincero: yo solo había leído un cuento de Fadir Delgado, porque la profesora Yuris me facilitó el PDF. Yo llevaba tiempo apartado de la Red de educadores. Quedé impresionado y motivado para participar el año próximo con mis muchachos del Club de Lectura Crítica “Manuel Zapata Olivella”. Esta vez llegué tarde a la fiesta de Leer el Caribe, pero llegué y compartí horas de aprendizaje con esa energía vivificante que brota de estos jóvenes estudiantes que valen más que cualquier informe de gestión. Salí del teatro con una certeza: esa alegría es un argumento político, y quien gobierna debería aprender a leerla. Así de sencillo. Porque leer no es descifrar enunciados ni quedarse en el viejo enfoque formal, sin demeritarlo. Es romper los esquemas y construir el sujeto crítico deseado por todo pedagogo. Desde el Club de Lectura Crítica “Manuel Zapata Olivella” se trabaja para que los estudiantes fortalezcan una consciencia lectora que ausculte otros significados y otras voces que viajan dentro de las palabras y surten efectos de aprendizaje, conocimiento y libertad.

Hoy Bajtín se cristalizó en esa puesta en escena: él llamó carnavalización al sutil gesto de darle la vuelta a lo solemne para que hable lo que la norma silencia. Y nosotros, y los estudiantes, ¿cuántas veces carnavalizamos la cotidianidad sin saberlo, insinuando otras vías, otros caminos más intrincados? Estoy muy seguro de que detenernos una y otra vez en las palabras, en los enunciados, en las frases es la forma de trastocar el poder hegemónico, ese que nos niega el placer de vivir civilizadamente. Porque un pueblo que sabe hacerlo no se deja domesticar fácilmente, y quizá por eso incomoda.

Después de esta jornada, las cartas están sobre la mesa. Seguir debilitando la cultura con recortes presupuestales no es una fatalidad, es una decisión, y quien la toma le está negando un mejor futuro a la juventud. Y no es pedantería intelectual: el poeta alemán Friedrich Schiller vio en la educación estética el camino a la libertad, y la filósofa norteamericana Martha Nussbaum advierte que una educación pensada solo para producir y rentar deja sin cultivar la imaginación que sostiene la democracia. Son ideas que, como piedra angular, constituyen la esencia de nuestra pedagogía crítica y transgresora del establecimiento. Creo en mis jóvenes estudiantes. Como toda nuestra gente joven, merecen un mundo de paz, amor, respeto, tolerancia, ciencia y nuevos conocimientos. Se los debemos y no como favor, sino como razón de ser de nuestro compromiso con la educación.

Y sería bueno encomiar que detrás del escenario, sin reflectores, están Alfonso Arce y Rosalba Tejeda, adalides de nuestra cultura local. Llenos de sueños y esperanzas, a pesar de las adversidades y limitaciones, catalizan la creatividad de niños y jóvenes a través de la lectura literaria. Hoy la continuidad del programa depende de su terquedad, y ninguna política cultural debería depender de la terquedad de dos personas. ¿Qué haría falta para que la lectura literaria tuviera presupuesto estable, con la misma prisa con que se levanta una obra de cemento, imponiéndola como demostración de progreso?

Desde el Club, enviamos a Alfonso, a Rosalba y a todo el equipo nuestra energía positiva para que no desfallezcan en esta magnífica empresa. Y le dejamos una pregunta a quien decide si se sigue o se matan las artes: cuando la alegría de los jóvenes pide más espacio, ¿la va a oír como música de fondo o como una exigencia?