El racismo es un invento del hombre. Y es el origen de las desigualdades y la discriminación racial que vive la humanidad. Está comprobado científicamente que no exista una raza humana. Todos somos iguales y compartimos el 99.99% de nuestro ADN según la ciencia y la genética. Entonces, cuál es el cuento que hay razas superiores. Por allá en el siglo XVIII acuñaron la palabra raza, para distinguir a Europa de su avance intelectual de otras regiones. Y no era otra cosa, lo dijo la historia, que la manera ideada para el dominio, colonialismo y explotación de las poblaciones que ellos consideraban inferiores.
Y así fue, creo que todos conocemos estas historias fantasiosas y extremadamente arriesgadas de los conquistadores, conquistando otros mundos, África, América y Asia. Llegaron e impusieron sus reglas, sus supuestos avances tecnológicos y sus dinámicas sociales culturalmente “más avanzados”, según ellos, de lo que encontraron. Eliminación total de la cosmovisión del mundo que se tenía y la creación de territorialidades con el poder y el mando de decidir todo, todo es todo. Hasta sus creencias, sus costumbres que es lo más arraigado cultural y socialmente en un territorio. Ese patrón, “más avanzado”, sigue vigente, sigue en la mente de muchas personas que, lo convirtieron en una conducta humana. Sociológica y antropológicamente es un error histórico de la civilización humana, que estamos padeciendo y son los orígenes de tantos desajustes sociales.
Los gobernantes del mundo deberían dar ejemplo para que estos estigmas vayan desapareciendo del consciente y subconsciente de la humanidad. Y han hecho todo lo contrario, en vez de ir disminuyendo el racismo, las desigualdades, las injusticias, la discriminación y la pobreza lo que le han agregado a estas estigmaciones es que, todo este estado de cosas es producto de las ideologías. Otro error histórico. Mejor dicho, otra narrativa para diluir sus responsabilidades.
América Latina y África sufrieron y siguen sufriendo el racismo y las desigualdades sociales en su máximo esplendor. Y la pobreza, la inseguridad alimentaria y la falta de oportunidades están produciendo ciudadanos defectuosos, retrasos en su desarrollo natural como seres humanos. Esto es real, real. La misma Organización Mundial de la Salud lo dijo desde su creación en 1948. Y en 1995 quedó como una verdad científica internacional, denominada stuting o retraso del crecimiento. Estas condiciones deficientes de crecimiento sí produjeron cambios profundos que, hoy en día los gobiernos, las instituciones, la misma sociedad tratan de enmendar para que podamos vivir en una mejor convivencia y solidaridad los unos con los otros.
Dice la investigadora mexica, Olivia Gall de la UNAM que, “Cada país tiene una forma de racismo que le es propia. La diferencia entre unas y otras tiene que ver con la historia de cada nación, puntualiza la investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias Humanidades (CEIICH) y coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Racismo y Xenofobia”. Es una gran verdad, cada quien tiene su propia historia, pero, las historias son muy parecidas que en lo único que varían es el contexto donde suceden. Y Colombia no es la excepción.
En Colombia todavía es la hora, en pleno siglo XXI que algunos no han entendido que las apariencias físicas de los seres humanos tienen que ver con el proceso evolutivo de adaptarse al clima, el entorno. Por eso, existen blancos, negros, indios, mestizos, etc., grupos étnicos como dice el DANE. Nuestra herencia es indígena, africana y europea, somos triétnicos. Lo demás es seguir “meándose fuera del tiesto” como decían nuestros antepasados.