Cartagena 105


Cartagena 105 es, ante todo, un acto de memoria y de identidad. Durante 105 días la ciudad resistió el sitio, se mantuvo firme y se negó a rendirse. Fue heroica, valiente y profundamente resiliente. Esa historia, que muchas veces queda atrapada en los libros, hoy vuelve a respirar gracias a una iniciativa que mezcla arte, cultura y compromiso ciudadano.

Un grupo de artistas y empresarios decidió rendir homenaje a esa Cartagena que no se doblegó ante el asedio de Pablo Morillo, ni ante piratas ni filibusteros. Lo hacen a través de un evento circense único, cargado de simbolismo, estética y pasión, que logra conectar el pasado con el presente de manera emocionante y respetuosa. No es solo un espectáculo: es una experiencia que invita a recordar quiénes somos y de dónde venimos.

Asistir a Cartagena 105 vale la pena. Es una oportunidad para sentir la historia, para verla representada con sensibilidad y buen gusto, y para reafirmar que esta ciudad sigue siendo firme, resistente y orgullosa de su legado. En cada acto se percibe el esfuerzo por revivir episodios que marcaron nuestra identidad y por transmitirlos a nuevas generaciones desde el arte y la emoción.

En tiempos donde muchas veces la cultura lucha por mantenerse viva, este tipo de iniciativas demuestran que la memoria no depende únicamente de los discursos oficiales. Aun cuando el apoyo institucional sea insuficiente y la corrupción intente opacar lo valioso, surgen ciudadanos decididos a construir, a narrar y a defender lo que nos pertenece como sociedad.

Cartagena 105 nace precisamente con ese propósito: revivir la historia para que no se diluya en el olvido. Recordarnos que esta ciudad ha sido capaz de resistir antes y que sigue teniendo la fuerza para hacerlo hoy. Porque la memoria también es una forma de resistencia, y el arte, cuando se compromete con la historia, se convierte en un puente entre lo que fuimos y lo que estamos llamados a ser.