Los hechos hablan más que las palabras. El cierre de año estuvo iluminado por el brillo que solo puede generar la alegría colectiva. Cartagena vivió jornadas llenas de vida, donde la emoción, la esperanza y el orgullo de ciudad se sintieron en cada rincón del centro histórico y sus plazas emblemáticas.
La gente se apoderó de las calles con entusiasmo y respeto. Familias, jóvenes, adultos mayores, cartageneros y visitantes compartieron espacios donde reinaron la fraternidad, el buen ánimo y la convivencia. La ciudad se llenó de música, luces y sonrisas, recordándonos que Cartagena no solo es un destino turístico, sino también un lugar donde la alegría se vive y se contagia.
Durante estos días, Cartagena se transformó en un escenario de magia. Una magia construida no solo por su arquitectura, su historia o su belleza natural, sino por la energía de su gente y por el esfuerzo constante de quienes trabajan para que la ciudad sea un espacio de encuentro, disfrute y orgullo colectivo.
Nada de esto ocurre por casualidad. Detrás de cada evento, de cada espacio recuperado y de cada celebración, hay el trabajo de una administración incansable, comprometida con hacer de Cartagena una ciudad ideal para el disfrute, el turismo responsable y la vida en comunidad. Una administración que entiende que gobernar también implica generar bienestar, confianza y escenarios donde la ciudadanía pueda reencontrarse.
Los compromisos son grandes y los desafíos no son menores. Cartagena sigue enfrentando retos importantes en materia de infraestructura, movilidad, seguridad y calidad de vida. Sin embargo, el 2026 llegará cargado de grandes transformaciones para la ciudad, con proyectos que buscan consolidar un desarrollo más equitativo, sostenible y humano.
Que Dios bendiga a Cartagena la Fantástica, a quienes en ella vivimos, a quienes nos visitan y, por supuesto, a sus autoridades. Que esa bendición se traduzca en sabiduría, responsabilidad y vocación de servicio, para que continúen trabajando con entrega y visión.
Cartagena tiene todo para ser no solo una de las ciudades más bellas de Colombia, sino también una de las que ofrezca mayor calidad de vida a su gente. Y cuando la alegría se convierte en política pública, el futuro siempre se ve más luminoso.