Los días 20 y 21 de agosto de 2026, Cartagena fue escenario de una conversación que ya no pertenece al futuro: el Primer Congreso Internacional de Derechos Humanos e Inteligencia Artificial, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena y la Universidad Internacional de La Rioja. El encuentro, presencial y virtual, reunió a académicos, abogados, magistrados, investigadores y estudiantes para discutir los desafíos que la inteligencia artificial plantea frente al ser humano.
El Palacio de la Proclamación se convirtió durante dos días en un espacio para hablar de tecnología, pero, sobre todo, para hablar de derechos. Porque la inteligencia artificial avanza a una velocidad que muchas veces supera nuestra capacidad para regularla, comprenderla y establecer límites.
La organización contó con la dirección académica de la doctora Tatiana Díaz Ricardo, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena, y de la doctora Silvia Verdugo Guzmán, profesora titular de Derecho Penal de la Universidad Internacional de La Rioja. En el comité organizador estuvo el profesor Fernando Luna Salas, del Departamento de Derecho Procesal de la Universidad de Cartagena.
Y vaya que había de qué hablar.
El programa abordó asuntos que hace pocos años parecían propios de una película de ciencia ficción: neuroderechos, datos personales, algoritmos, inteligencia artificial aplicada a la justicia, vigilancia predictiva, cibercrimen, ciberseguridad, evidencia digital y hasta los límites de la inteligencia artificial frente al debido proceso.
El profesor Fernando Luna Salas, por ejemplo, planteó los desafíos de las pruebas neurocientíficas como medio de prueba pericial y sus tensiones con la protección de los derechos humanos en los procesos judiciales. El doctor Mario Maldonado Smith, de México, abordó la inteligencia artificial y el delito, incluyendo el perfilamiento y las herramientas de predicción delictiva.
También se discutieron los retos de investigar y juzgar los ciberdelitos en Colombia, la ciberseguridad y la responsabilidad legal en América Latina, así como la utilización de la inteligencia artificial en el sistema procesal penal.
Pero quizás la pregunta más importante no sea qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué estamos dispuestos a permitirle hacer.
Estamos entrando en una época en la que aparecerán nuevos delitos, nuevas formas de fraude, nuevas maneras de vulnerar la intimidad y nuevas dificultades para determinar quién responde cuando una inteligencia artificial se equivoca.
Por eso estos espacios académicos son necesarios. No podemos esperar a que la inteligencia artificial llegue para comenzar a preguntarnos cómo vamos a enfrentarla. La justicia debe prepararse antes de que los problemas lleguen a los tribunales.
Es innegable que la inteligencia artificial llegó para quedarse… Ahora nos corresponde decidir si será una herramienta para construir una sociedad más justa o una tecnología que, sin controles suficientes, termine poniendo en riesgo aquello que precisamente debemos proteger: la dignidad y los derechos humanos.