Definitivamente, el tema de la seguridad en Cartagena se ha convertido en el principal lunar de la administración distrital. Y no necesariamente por falta de voluntad del alcalde, quien ha delegado esta responsabilidad en el director de Distriseguridad y en el líder del llamado Plan Titán. Sin embargo, delegar no significa desentenderse, y los resultados hoy obligan a hacer una revisión profunda.
La seguridad es un pilar fundamental para la convivencia y la calidad de vida. Sin ella, no hay tranquilidad, no hay desarrollo y no hay ciudad posible. La violencia, los homicidios selectivos y el porte ilegal de armas se han convertido en un flagelo que, hasta el momento, parece incontrolable. Los hechos recientes así lo demuestran, y la percepción de inseguridad crece día tras día entre los ciudadanos.
Cartagena no puede seguir normalizando la violencia ni resignándose a vivir con miedo. No es aceptable que en distintos sectores de la ciudad la ley del más fuerte se imponga sobre el orden institucional. La autoridad debe hacerse sentir con contundencia, con estrategia y con resultados visibles.
Señor alcalde, es momento de abrir los ojos. Cuando un cargo le queda grande a un funcionario, lo responsable es reconocerlo y tomar decisiones. No se trata de lealtades personales ni de compromisos políticos; se trata de proteger la vida y la integridad de los cartageneros. La seguridad no se garantiza con publicaciones en TikTok ni con presencia en redes sociales. Se garantiza con acciones concretas, con inteligencia, con control y con liderazgo efectivo.
La incapacidad de sus funcionarios está permitiendo que las vidas de los inocentes sean arrebatadas por los delincuentes; con ello, las manos de Distriseguridad y del Plan Titán terminan manchadas con la sangre del pueblo. Esta no es una afirmación menor: es el reflejo de una realidad que duele y que exige respuestas inmediatas.
Si los que ocupan los cargos no están a la altura del reto, terminan afectando no solo su imagen como mandatario, sino también el bienestar de toda la ciudad. La ineficiencia en temas de seguridad no es un error menor: es un problema que puede costar vidas.
Su compromiso constitucional y legal es con Cartagena, no con quienes ocupan cargos dentro de su administración. Si el director de Distriseguridad y los responsables del Plan Titán no han logrado dar resultados, es válido preguntarse: ¿qué se está esperando para hacer los cambios necesarios?
Cartagena necesita liderazgo firme en materia de seguridad. Necesita personas con la capacidad, la experiencia y la determinación para enfrentar un problema que ya desbordó lo discursivo y exige soluciones reales. No se trata de improvisar ni de insistir en estrategias fallidas, sino de actuar con responsabilidad.
Hay vidas en juego. Hay familias que viven con miedo. Hay una ciudad que exige respuestas. Siempre habrá personas más capacitadas, con mejores ideas y con mayor compromiso para asumir este reto. Gobernar también implica corregir a tiempo.
La seguridad no admite espera. La ciudad tampoco.