¡El gran chicharrón!


La construcción del Gran Malecón puede transformar la calidad de vida de los habitantes de la heroica. Su diseño y paisajismo embellecen el entorno, recuperan espacios para el disfrute ciudadano y le dan otra cara a la ciudad. Eso merece reconocerse. Pero no nos dejemos deslumbrar por las postales: tenemos un gran chicharrón pendiente.

La invasión del margen de la Ciénaga de la Virgen, en La Boquilla, es un problema que no puede seguir escondiéndose debajo de la alfombra. Rellenos, vertimientos de aguas residuales y defraudación de servicios públicos forman parte de una realidad que exige atención urgente. Mientras unos celebran el paisaje, otros le pasan la cuenta al ecosistema y a toda Cartagena.

¿De qué sirve embellecer una orilla si en otra se destruye la ciénaga? ¿De qué sirve hablar de sostenibilidad mientras se ocupa ilegalmente suelo protegido, se arrojan aguas residuales y se altera un entorno natural que pertenece a todos? El medio ambiente no puede defenderse únicamente cuando da buena imagen para una fotografía.

Alcalde Dumek, siga la línea del Presidente y póngale el pecho a los problemas que incomodan. La ciudad necesita decisiones firmes frente a las ocupaciones ilegales y los daños ambientales, sin mirar quién está detrás ni cuántos votos pueda representar. La ley no puede tener excepciones para los conocidos ni hacerse la ciega ante nadie.

Deje el miedo y actúe con la misma determinación con la que se han recuperado otros espacios, como ocurrió en Chambacú. Restituya los bienes de uso público y proteja las zonas de especial importancia ambiental ocupadas ilegalmente, con la complacencia de los inspectores de policía y de los alcaldes menores. 

La Ciénaga de la Virgen no es un patio trasero ni un terreno disponible para que cualquiera lo rellene a su antojo. Es un ecosistema vital para Cartagena, y permitir su deterioro es hipotecar el bienestar de las próximas generaciones. La ciudad no puede celebrar el progreso en un extremo mientras tolera el desastre en el otro.

Alcalde, ¡dele con toda! Estamos en la Patria Milagro y Cartagena también debe ser una ciudad milagro: una ciudad que embellezca sus espacios, proteja su patrimonio natural y haga cumplir la ley sin titubeos. El Gran Malecón puede ser motivo de orgullo, pero recuperar la ciénaga debe ser también una prioridad.

Porque una ciudad no demuestra grandeza solo por lo que construye, sino por lo que se niega a destruir.

¡Que viva Cristo Rey!