¡Gratitud!


El dolor nos envuelve a todos los colombianos. La tragedia tocó nuestro país el día 10 de agosto. Hay familias que lo han perdido todo, lo que por años les costó construir y otras han perdido mucho más que eso: A unos cuantos o a la totalidad de sus miembros.

El dolor es profundo; sin embargo, la naturaleza sigue su curso. Hoy somos más conscientes de que nosotros hemos tomado el papel de señores y la intervenimos, edificamos, y hasta la desafiamos.

En medio de la tragedia que embarga al país, debemos dar gracias al creador por las vidas que se han salvado, por las personas que han sido rescatadas bajo los escombros, por los milagros que se han evidenciado. En lo personal, le doy gracias por que pudo ser peor, y agradezco a la naturaleza que su fuerza no causó más daño.

En un país con una densidad de construcciones en altura, las ciudades como Cartagena, Barranquilla, Bogotá, Medellín, pudieron sufrir daños grandes. 

De esta tragedia, que enluta a los colombianos, debe quedar como experiencia para todos, la necesidad de aumentar la precaución en la construcción de edificaciones. También nos enseña que debemos estar más preparados, que debemos ser prevenidos, que es necesario crear protocolos de emergencia. 

Dios permita que no se repita, pero es innegable que la naturaleza no se puede controlar. Lo que sí se puede controlar es la manera en la que decidimos construir. Debemos evitar que las edificaciones se realicen de manera insegura, para mitigar el daño en casos de catástrofes.

Dios mío gracias por tener piedad y compasión de nuestro pueblo. Confiamos en que Colombia renacerá, porque si algo nos caracteriza, es que no retrocedemos… Avanzamos.