La Rasquiñita


La cultura caribe es original, única e inimitable; lo que fue, fue: directa y frentera. En el Caribe la palabra es espontánea, la reacción es inmediata y la mamadera de gallo forma parte del ADN social; sin embargo, esa misma franqueza exige límites cuando se cruza con el respeto y la dignidad de las personas, más aún cuando se trata de figuras públicas y de escenarios institucionales.

La agarrada de fundillo al exalcalde de Cartagena generó risas y desató controversias. Lo que para algunos fue chiste y desahogo popular, para otros resultó ofensivo y preocupante. El irrespeto es repudiable, inaceptable; el que mama gallo tiene que aguantar. “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, y “el que tiene rabo de paja no se arrima a la candela”.

¡Pero es que hay que estar loco pa’ agarrarle el jopo a otro loco!

Si Dumek es amigo del “Rasquiña”, es amigo y no se puede negar. Pero él no puede responder por los actos de los amigos. El tractor se quedó con el jopo agarrado porque desagarre no hay; si el Rasquiña lo hizo por mamadera de gallo o por irrespeto, debe asumir las consecuencias. 

En un Estado de Derecho, la línea entre la burla y la injuria por vía de hecho es delgada y, cuando se cruza, aparecen responsabilidades sociales y jurídicas.

Pero que “El tractor” afirme que Dumek es marica es un hecho improbable, lamentable. No soy amigo de Dumek, pero he hablado con él en algunas oportunidades y no lo he notado ni con “botadera de plumas” ni “bajito de sal”; por el contrario, lo he visto en misa con su esposa y es un hombre de familia. 

Ser gay no es nada raro, ni reprochable; pero decir que el alcalde lo es resulta una forma de ofensa… Al Willian Dau afirmar que Dumek y Rasquiña son pareja cruza una línea innecesaria. Este tipo de afirmaciones, más allá del tono, contribuyen a degradar la discusión pública y a normalizar el ataque personal como forma de hacer política, y contribuyen a la revictimización de la población LGTBI.

Que Dumek sea cleptómano es otra cosa que no puedo probar, pero tengo mis dudas. 

Qué tristeza que en la sociedad de nuestro corralito de piedra no exista el respeto y ocurran estos hechos, tan bochornosos y circenses, que dañan la imagen de nuestra ciudad. Cartagena merece debates serios, propuestas, altura y liderazgo, no espectáculos que terminan viralizándose por lo escandaloso.

En medio de todo, los ciudadanos observan, opinan y esperan resultados. También esperamos que los materiales de las obras de Dumek no sean comprados por Temu, porque la ciudad necesita infraestructura de calidad, planeación y transparencia, no improvisación ni simbolismos que terminen alimentando la desconfianza.

Cartagena ha sido resiliente, alegre y frontal, pero también debe ser respetuosa y consciente del impacto de sus palabras. La chabacanería no puede convertirse en costumbre política ni en excusa para normalizar el irrespeto. 

La crítica es válida, la burla tiene tradición, pero la dignidad debe ser el límite. Porque, cuando la política se vuelve circo permanente, la ciudad entera termina pagando el precio.