Dicen que la naturaleza guarda memoria.
Y no es para menos: en el caso de las aguas de las lagunas de Cartagena, cada ola pequeña que golpea sus orillas, por ejemplo, trae consigo historias que pocos escuchan. Historias de manglares que alguna vez protegieron los bordes y hoy día son rellenos, o simplemente no hay nada, en aguas que antes eran de mejor calidad y ahora cargan turbios silencios.
También hay historias de corales que resisten, aunque pocas personas aún los nombren. Ni siquiera al alcalde Dumek Turbay se le ha escuchado mencionarlos en alguna declaración pública, a la cual se tenga acceso como ciudadano común y corriente. Y eso que él también ostenta la principal autoridad ambiental de carácter civil en el Distrito de Cartagena: que valga la pena el llamado de atención, porque él está en su deber de reconocer no solamente lo visible, sino lo que está en el agua.
Que bueno que el Alcalde haga su curso exprés de buceo y registre todo lo que hay en los arrecifes: sus problemas actuales, su importancia integral ecológica y económica: sus soluciones, sí, pero de tipo científico y sociocultural escuchando a la gente. Nunca se ha visto en prensa o redes a un mandatario distrital buceando la naturaleza acuática de Cartagena, cuya área es mucho mayor que la terrestre que todos conocemos de alguna forma. Si se va a hacer, que sea para contribuir a la protección formal de estas invaluables zonas.
Cartagena también tiene memoria, aunque muchas veces parece que decide olvidarla: a la fuerza, por desidia o desinterés. Una ciudad que crece de espaldas a lo que la sostiene. Que avanza sobre sus propios límites naturales, como si la tierra y el mar no tuvieran voz o "no pasará nada con ellos". En medio de todo, una pregunta que se cuela como brisa caliente de estos días: ¿quién está decidiendo este rumbo?
No es el pescador artesanal y responsable que cada vez encuentra menos. No es la mujer que vive donde el agua ya entra sin pedir permiso. No son los niños que aprenderán a nombrar especies que quizás ya no existan, o que desde la escuela aún se insista en conocer primero las imágenes de la fauna de otros continentes en vez de la colombiana y la caribeña.
Las decisiones parecen tomarse lejos, tanto en distancia física como en interés general. En salas con aire acondicionado, donde el territorio se vuelve plano, medible, negociable. Donde un manglar, el bosque seco y el arrecife coralino —incluyendo pastos marinos— pueden ser un obstáculo y no un hogar; o ser realmente valorados como parte de la gran despensa alimentaria local y mundial. Donde el desarrollo se dibuja en planos y en bellos render, pero no siempre se siente en la vida.
Mientras tanto, la ciudad real —la que respira, la que resiste— sigue esperando ser escuchada, pero hay algo que no han podido borrar: la insistencia. La de quienes defienden lo que queda, la de quienes entienden que proteger no es frenar el desarrollo, sino darle sentido, la de quienes se niegan a aceptar que el futuro ya está decidido. Porque no lo está.
El futuro ambiental de Cartagena no es un documento administrativo firmado, o una arbitrariedad cometida por desconocidos. Es una historia en disputa. Una historia que aún puede escribirse distinto, si dejamos de mirar hacia otro lado.
Tal vez el mar y la tierra no solo guardan memoria. Tal vez también están esperando que, por fin, aprendamos a escuchar sin interrumpir. Y a defender, por supuesto, con sentido hacia lo que nos cobija a todos por igual.
Invitación: el 22 de marzo se conmemorará el Día Mundial del Agua. Entre los muchos eventos locales que seguramente están programados para este fin de semana con puente, cordialmente se invita a la ciudadanía a conocer algunas experiencias de protección y defensa de este recurso mañana domingo a la 1:00 PM hora Colombia de manera virtual, con iniciativas invitadas desde México y Colombia, y hechas por jóvenes. Prográmate: haz clic aquí . Gracias por tu tiempo.

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Maestrante en Educación
Especialista en Educación Ambiental, y en Pedagogía para el Desarrollo del Aprendizaje Autónomo
Psicólogo Social
Foto: Gente de Mar.