El primero de agosto de 2026, el presidente electo Abelardo de la Espriella, junto con su gabinete ministerial designado, asistieron a un retiro espiritual privado que tuvo lugar en Puerto Colombia, a pocos dias de asumir oficialmente la jefatura de Estado el próximo 7 de agosto.
Y es que, más allá de las preferencias religiosas que cada uno pueda tener, ¿quién no se animaria a pedirle ayuda a Diosito antes de asumir el reto que es ser presidente de Colombia, después de cuatro años de gobierno que nos dejan en una situación lamentable desde el punto de vista de seguridad, económico y de salud? Es que milagros es lo que vamos a necesitar para poder sacar el pais adelante.
Sin embargo, la realización de este evento desató una serie de reacciones a varios niveles de la opinión, especialmente en los sectores de izquierda, quienes consideran que esto es una violación del Estado laico consignado en la Constitución Política de Colombia.
Bien les vendria recordar a estos sectores que Colombia es un Estado laico, no un Estado antirreligioso; que el presidente, por muy presidente electo que sea, sigue siendo un ciudadano común y corriente y, por ende, esa misma Constitución que habla de un Estado laico le confiere derecho a la libertad de culto a él como individuo y a todo su gabinete; y que ser elegido por voto popular en Colombia no significa que ellos tengan que renunciar a sus creencias religiosas, y mucho menos esconderlas, ante lo cual estaríamos ante un Estado laico pero excluyente.
Sería muy interesante preguntarle a esos mismos sectores que hoy se rasgan las vestiduras porque el presidente fue a un retiro espiritual, si les pareció igual de escandaloso cuando en 2022 el entonces presidente electo Gustavo Petro asistió a una posesión espiritual y popular con taitas, chamanes y mandatarios de comunidades indigenas.
Muy didáctico además sería que nos aclaren, según su vara de medir, si es que en Colombia tenemos una espiritualidad permitida y otra espiritualidad prohibida, porque cuando la izquierda realiza ceremonias espirituales, pagamentos a la tierra o rituales con bastones de mando parece que no les molesta, pero cuando el evento incluye una cruz por la confesión cristiana inmediatamente se le acusa de violar el Estado laico.
Tal vez la cruz les genera tal aversión que cuando están cantando el himno nacional se tapan la boca para no decir “comprende las palabras del que venció en la cruz”.
Debe quedar claro que el Estado colombiano no tiene religión, pero los ciudadanos, entre ellos el presidente, si; y que el hecho de que este funcionario y su gabinete asistan a un retiro espiritual no significa que se haya suscrito una religión en particular como política de Estado.Quien afirme lo contrario miente o sencillamente no se ha leido la Constitución.