Depresión y comunicación conyugal


Resumen

La depresión constituye uno de los trastornos de salud mental con mayor prevalencia e impacto relacional a nivel mundial. Más allá de sus manifestaciones individuales, la depresión afecta profundamente la vida conyugal, especialmente los procesos comunicativos que sostienen el vínculo. Este artículo analiza el impacto de la depresión en la comunicación conyugal desde una perspectiva fenomenológico-hermenéutico-existencial, tomando como referente empírico-teórico la tesis doctoral Sentido de la comunicación en la vida conyugal (Pareja Bayter, 2025) . A partir del diálogo con investigaciones recientes (2020–2025), se propone comprender la depresión no solo como un trastorno del estado de ánimo, sino como una experiencia existencial que transforma el sentido del diálogo, el silencio, la corporalidad y la alteridad en la relación de pareja. Se argumenta que la depresión introduce formas específicas de empobrecimiento comunicacional —retirada, silencios densos, ruptura narrativa y pérdida de resonancia— que requieren abordajes clínicos y pastorales centrados en el sentido y no exclusivamente en la sintomatología. El artículo concluye proponiendo la categoría de vulnerabilidad comunicacional compartida como clave comprensiva e interventiva en la clínica de pareja afectada por depresión.

Palabras clave: depresión, comunicación conyugal, fenomenología, hermenéutica, psicología existencial, sentido, salud mental.

1. Introducción

La depresión ha sido descrita por la Organización Mundial de la Salud como una de las principales causas de discapacidad a nivel global (WHO, 2023). Sin embargo, gran parte de la investigación contemporánea continúa abordándola desde un paradigma predominantemente individual, centrado en síntomas, neurobiología y tratamientos farmacológicos. Este énfasis ha relegado a un segundo plano el impacto relacional de la depresión, particularmente en el ámbito conyugal, donde el sufrimiento psíquico no se vive de forma aislada, sino intersubjetiva.

Diversos estudios recientes muestran que la depresión se asocia con deterioro significativo en la calidad de la relación de pareja, aumento del conflicto, reducción de la intimidad y empobrecimiento de la comunicación (Whisman et al., 2021; Brock & Lawrence, 2023). No obstante, estos trabajos suelen conceptualizar la comunicación como una variable funcional o conductual, dejando sin explorar su dimensión existencial y de sentido.

Desde esta laguna epistemológica, el presente artículo se apoya en la tesis doctoral de Pareja Bayter (2025), la cual concibe la comunicación conyugal no como una técnica, sino como el tejido ontológico del nosotros conyugal. En este marco, la depresión aparece como una experiencia que hiere el sentido mismo de la palabra compartida, alterando profundamente la manera en que los cónyuges se dicen, se escuchan y se reconocen.

2. Depresión: más allá del modelo sintomático

La literatura contemporánea ha comenzado a cuestionar los límites del enfoque biomédico de la depresión. Autores como Irvin Yalom y Rollo May ya habían advertido que la depresión no puede reducirse a un desequilibrio químico, sino que expresa una crisis de sentido, de vínculo y de proyecto vital.

Investigaciones recientes confirman esta intuición. Ratcliffe (2022) describe la depresión como una “alteración del mundo vivido”, en la que el sujeto experimenta una pérdida radical de posibilidades, resonancia y apertura al otro. Desde esta perspectiva fenomenológica, la depresión no solo afecta el estado de ánimo, sino la forma misma de estar-con-otros (Mitsein).

En el contexto conyugal, esta transformación del mundo vivido impacta directamente la comunicación. No se trata únicamente de “hablar menos” o “comunicarse mal”, sino de una mutación del sentido de la palabra: lo dicho pierde peso, lo no dicho se densifica, y el silencio deja de ser acogida para convertirse en distancia.

3. Comunicación conyugal como acontecimiento de sentido

La tesis doctoral de Pareja Bayter (2025) propone comprender la comunicación conyugal desde una articulación fenomenológico-hermenéutico-existencial. En este enfoque, comunicar no equivale a intercambiar información, sino a habitar un mundo común. La palabra, el gesto y el silencio configuran una experiencia de co-presencia que sostiene la identidad relacional de la pareja.

Desde esta óptica, la comunicación cumple al menos cuatro funciones existenciales fundamentales:

  1. Constitución del nosotros
  2. Reconocimiento del otro como alteridad
  3. Narración compartida del tiempo vivido
  4. Resignificación del sufrimiento

La depresión irrumpe precisamente en estos cuatro niveles, produciendo lo que el autor denomina un quiebre del sentido comunicacional. El cónyuge deprimido no solo sufre; sufre en la relación y para la relación, alterando la trama simbólica que los une.

4. Impacto de la depresión en la comunicación conyugal

4.1. Retirada comunicacional y silencio denso

Uno de los hallazgos más consistentes en la literatura reciente es la tendencia a la retirada social en personas con depresión (Holtzheimer & Mayberg, 2021). En la pareja, esta retirada se manifiesta como silencios prolongados, respuestas mínimas y evitación del diálogo emocional.

Desde la fenomenología, estos silencios no son neutros. Tal como lo señala Pareja Bayter (2025), el silencio puede ser presencia o ausencia. En la depresión, el silencio suele vivirse como ausencia afectiva, generando en el cónyuge sano sentimientos de abandono, impotencia y desorientación relacional.

4.2. Empobrecimiento narrativo

Estudios recientes indican que la depresión afecta la capacidad narrativa del sujeto, reduciendo la coherencia temporal y el sentido de futuro (Lyons et al., 2022). En la vida conyugal, esto se traduce en la imposibilidad de proyectar juntos, debilitando el relato compartido que sostiene el matrimonio como proyecto.

La tesis doctoral muestra que las parejas resilientes logran sostener la comunicación cuando consiguen prestar palabras al cónyuge deprimido, sin anular su experiencia. Esta mediación narrativa resulta clave para evitar la disolución simbólica del vínculo.

4.3. Alteración de la intercorporalidad

La depresión también impacta el lenguaje corporal: disminuyen el contacto físico, la expresividad gestual y la disponibilidad erótica (Segrin & Flora, 2023). Desde la categoría de intercorporalidad reconciliada propuesta por Pareja Bayter (2025), esta pérdida corporal representa una herida profunda en la comunicación tácita del amor.

5. Vulnerabilidad comunicacional compartida

Uno de los aportes originales que este artículo propone, en continuidad con la tesis doctoral, es la categoría de vulnerabilidad comunicacional compartida. Esta noción permite comprender que la depresión no es solo “del que la padece”, sino que introduce una fragilidad comunicacional que afecta al entre de la relación.

Investigaciones recientes en terapia de pareja muestran que los mejores resultados clínicos no se obtienen cuando se “corrige” al sujeto deprimido, sino cuando se fortalece la capacidad de la pareja para sostener el diálogo en medio del sufrimiento (Lebow et al., 2022).

Desde una perspectiva existencial, esto implica pasar de una lógica de déficit a una lógica de acompañamiento: no se trata de exigir comunicación, sino de crear condiciones de hospitalidad para una palabra herida.

6. Implicaciones clínicas y pastorales

Las implicaciones de esta lectura son significativas:

  • En clínica psicológica, se hace necesario complementar los abordajes cognitivo-conductuales y farmacológicos con intervenciones centradas en el sentido, la narrativa y la escucha existencial.
  • En terapia de pareja, la depresión debe ser abordada como fenómeno relacional, evitando la patologización unilateral.
  • En contextos pastorales, especialmente en matrimonios sacramentales, la comunicación puede convertirse en espacio de gracia, incluso en medio del silencio y la fragilidad.

Tal como sugiere Viktor Frankl, el sufrimiento no se elimina, pero puede ser habitado con sentido. La comunicación conyugal, aun herida, puede convertirse en lugar de resistencia humana frente a la desesperanza.

7. Conclusiones

La depresión impacta profundamente la comunicación conyugal no solo en su forma, sino en su sentido. Desde una perspectiva fenomenológico-hermenéutico-existencial, se evidencia que el sufrimiento psíquico altera el modo de estar-con-el-otro, empobreciendo el diálogo, densificando el silencio y fragmentando la narrativa compartida.

Sin embargo, cuando la pareja logra sostener una comunicación abierta al sentido —aunque sea mínima, silenciosa o corporal— emerge una posibilidad de resiliencia relacional. En este horizonte, la comunicación deja de ser un requisito funcional para convertirse en un acto ético y existencial de cuidado mutuo.

Este artículo invita a seguir investigando la depresión no solo como trastorno individual, sino como experiencia relacional que interpela profundamente la vida conyugal y los modelos contemporáneos de intervención en salud mental.

8. Recomendaciones para acompañar a la pareja en momentos de depresión

Acompañar a la pareja en un episodio depresivo no consiste en “curar”, “corregir” o “animar” al otro, sino en sostener el vínculo cuando el sentido se encuentra herido. La depresión no afecta solo al individuo: transforma el entre de la relación, especialmente la comunicación. Estas recomendaciones buscan cuidar ese entre sin violentar la experiencia del sufrimiento.

- No exigir comunicación, ofrecer presencia

Uno de los errores más frecuentes es exigir que la persona deprimida “hable”, “explique” o “exprese lo que siente”. La depresión suele empobrecer la palabra y volverla pesada o inaccesible. En lugar de presionar, es fundamental ofrecer una presencia estable y disponible, incluso en silencio. Estar, sin reclamar, comunica más que muchas palabras.

- Aprender a habitar el silencio sin interpretarlo como rechazo

En la depresión, el silencio no siempre significa desamor o indiferencia. Muchas veces es expresión de agotamiento existencial. Acompañar implica aprender a permanecer en silencios densos sin llenarlos de reproches, interpretaciones negativas o amenazas implícitas. El silencio compartido puede convertirse en un espacio de cuidado si no se vive como abandono.

- Evitar el rol de terapeuta o salvador

Convertirse en “experto”, “consejero permanente” o “salvador” suele deteriorar la relación. La pareja no necesita soluciones técnicas constantes, sino reconocimiento de su fragilidad. Frases como “tienes que pensar positivo” o “otros están peor” suelen invalidar la experiencia. Acompañar es caminar al lado, no por encima.

- Cuidar la comunicación corporal

Cuando la palabra falla, el cuerpo sigue comunicando. Un gesto respetuoso, una caricia consentida, una presencia física no invasiva pueden sostener el vínculo. Es importante respetar los límites corporales del otro y no interpretar la disminución del contacto como rechazo personal. La intercorporalidad también necesita tiempos.

- Sostener la narrativa común cuando el otro no puede

La depresión fragmenta el tiempo y la esperanza. En estos momentos, el cónyuge acompañante puede ayudar a custodiar la historia compartida, recordando que la crisis no define la totalidad del vínculo. No se trata de negar el dolor, sino de preservar el hilo narrativo del “nosotros” cuando el futuro parece cerrado.

- Nombrar el sufrimiento sin dramatizarlo

Es importante poder decir: “veo que estás sufriendo” sin exagerar, minimizar ni patologizar. Nombrar el dolor con sobriedad ayuda a que la experiencia sea reconocida sin quedar atrapada en ella. Validar no es amplificar, sino reconocer con humanidad.

- Cuidarse para poder cuidar

Acompañar a alguien con depresión es emocionalmente exigente. Descuidarse genera resentimiento, agotamiento y ruptura comunicacional. Buscar apoyo, espacios propios y, cuando sea necesario, orientación profesional no es traicionar a la pareja, sino proteger el vínculo.

- Favorecer ayuda profesional sin imponerla

La depresión requiere, en muchos casos, acompañamiento clínico. Sugerir ayuda profesional debe hacerse desde el cuidado y no desde la amenaza (“si no vas, esto se acaba”). La decisión final debe respetar la libertad del otro, aunque pueda implicar tiempos y resistencias.

- Permanecer

Acompañar a la pareja en depresión no es sostener una versión ideal del amor, sino permanecer fiel cuando el sentido se oscurece. En esa fidelidad silenciosa, humilde y paciente, la comunicación conyugal puede transformarse en un espacio de cuidado profundo, incluso cuando las palabras no alcanzan.

- "Sorge"

En la filosofía de Martin Heidegger, Sorge se traduce habitualmente como “cuidado”, y significa: “Estar comprometido existencialmente con el otro y con el sentido de la vida compartida”. No es salvar, no es arreglar, no es empujar. Es sostener el mundo común hasta que el otro pueda volver a habitarlo.

Referencias

Brock, R. L., & Lawrence, E. (2023). Depression and couple functioning: Contemporary perspectives. Journal of Family Psychology, 37(4), 512–526.

Holtzheimer, P. E., & Mayberg, H. S. (2021). Neurobiology of depression and treatment implications. American Journal of Psychiatry, 178(5), 421–431.

Lebow, J. L., Chambers, A. L., Christensen, A., & Johnson, S. M. (2022). Research on the treatment of couple distress. Journal of Marital and Family Therapy, 48(2), 315–339.

Lyons, A., et al. (2022). Narrative disruption in major depression. Psychology and Psychotherapy, 95(3), 742–759.

Pareja Bayter, M. G. (2025). Sentido de la comunicación en la vida conyugal (Tesis doctoral). Fundación Universidad del Norte.

Ratcliffe, M. (2022). Depression and the phenomenology of the interpersonal world. Philosophy, Psychiatry & Psychology, 29(1), 1–14.

Segrin, C., & Flora, J. (2023). Family communication. Routledge.

Whisman, M. A., Uebelacker, L. A., & Beach, S. R. H. (2021). Depression and marital functioning. Annual Review of Clinical Psychology, 17, 201–226.

World Health Organization. (2023). Depression fact sheet.