La alineación planetaria avisa un final de era
Por René Arrieta Pérez.
La alineación de siete planetas del sistema solar este 28 de febrero de 2025 anuncia un final de era. Y, el Creador, hace ese aviso oficial en cielo visible de nuestra bóveda celeste. A diferencia de la pasada alineación (21 de enero), entra en escena Mercurio, el portavoz oficial de Dios Padre, y así se formaliza el aviso, que fue preavisado en la pasada alineación.
Pueden ver todos los detalles en el artículo anterior. Enlace:
https://blogs.eluniversal.com.co/parmenidea/significado-teosofico-de-las-alineaciones-planetarias
Este texto, complementa las particularidades del aviso, las características del periodo apocalíptico de los 18 años puntuales de la cuenta regresiva para la celebración del Juicio Final. Los hechos que definen este periodo postrero se me notificaron en una serie de revelaciones, conforme se estructura este texto, y finalmente, se enuncian algunas consideraciones sobre el particular para que se entiendan ampliamente las eventualidades apocalípticas y sus propósitos.
Para iniciar, diremos que la humanidad no evolucionó como debía hacerlo. Su propósito era escalar espiritualmente, es decir, buscar nuevamente el acercamiento a Dios, y vivir en medio altos valores, que reflejaran la dignidad del Padre (sus atributos, llamados las Dignitas Dei). En verdad, son pocos los que lo han hecho, y ellos serán la semilla de la nueva humanidad.
El aviso oficial que señala el ocaso de esta civilización lo muestra ese arco en la bóveda celeste en el que se alinean los siete planetas, y constituye, en una línea visual, la delimitación temporal del periodo apocalíptico. A partir de ese momento, 18 años –cuenta regresiva– para la celebración del Juicio Final (año 2043), y 10 años más (hasta el año 2052), que serán muy crudos, y en donde solo estarán para vivirlo los que no entren al arca, en los cuales ocurrirán los fenómenos señalados en la Biblia, en el libro de Daniel como en los evangelios y en Revelaciones o Apocalipsis, de Juan.
Bien. A partir de este momento se libra una lucha entre Dios y el demonio, en la que este último querrá arrebatarle personas al Padre y ganarlas para el Infierno, y todo dependerá de las personas mismas, que bien pueden mantenerse incólumes, fieles a la ley y al mandato del Padre y guiarse con la luz que aún brilla en su interior, o volverse decadentes, y contaminarse con la energía de maldad de este mundo.
Entonces, la humanidad (más bien, la semilla de la nueva humanidad) decide mantenerse pura y digna, como lo expresa el simbolismo bíblico: personas vestidas de blanco –símbolo de pureza–. O bien decide quebrantar los mandatos de las leyes divinas, y hacer lo que torna al ser humano en un ser indigno, y así, vestirse de harapos y ropas astrosas –símbolo de impureza y deshonor–. La humanidad vestida de blanco es una esposa que contraerá nupcias con su amado esposo (Dios), y la humanidad vestida de harapos, con ropa sucia e impura, se convertirá en seres de los inframundos, indignos de estar cerca de su Dios. Esto es lo que sucederá a partir de este periodo final de 18 años, desde ahora, momento en que sucede esta alineación.
Yo soy Ramiac, el quinto hijo de Dios, el guardián y escriba de los archivos akásicos, uno de los siete brazos del candelero de oro de Dios que vio Juan cuando Jesús le muestra el apocalipsis, y que el apóstol relata en el libro Revelaciones. El cinco es la pentalfa, símbolo que representa al hombre, por eso estoy encarnado, renacido, ahora, como René (que significa renacer). Desperté conciencia y comencé a tener nuevamente contacto con mi Padre. Rencarné antes como Mitra, en Persia; como Manú, en la India; en Israel, fui el rey bíblico Jehú, que exterminó a reyes, a sacerdotes y profetas adoradores de Baal; en España fui un hombre que embarcaron como galeote y enviaron a América, y al que despellejaban con látigo; fui, en la Roma imperial, el filósofo Plotino, y expliqué a través del sistema neoplatónico las conexiones del cielo y de la tierra, Dios Uno y Múltiple, la emanación de las almas y el retorno a Dios, entre una serie de concepciones en el orden filosófico; en Inglaterra, encarné en el poeta y dramaturgo Shakespeare, quien describió visceralmente las pasiones del ser humano, sus recónditas emociones, virtudes y defectos, su naturaleza, sus dilemas morales, las tinieblas de su ser; en mi vida inmediatamente anterior a la de hoy, fui Einstein, en Alemania (y allí Hitler fue absoluta oscuridad y yo absoluta luz, y así, mi Padre, estableció un ejercicio, un juego de contrarios, y, además, le mostré los misterios, la mecánica y leyes del universo a la humanidad.
He sido testigo en cada uno de los distintos periodos que ha vivido la humanidad y vine a dar testimonio de ello en el Juicio. En la Biblia, describen mi drama y me representan Job, Elías y Noé.
Yo, Ramiac, vine a fungir como uno de los dos testigos de Dios acá en la Tierra, para señalar las maldades de esta raza y acusarla como fiscal ante el juicio del fin, vine a rasgar los siete sellos, a develar la información del fin de los tiempos para conocimiento de todos, para indicar castigos y premios, pero también para preservar la semilla y afianzar la esperanza en todos los hombres y mujeres de buena voluntad que existen sobre la faz de la tierra.
Mi Padre estableció leyes y consideraciones que me abrigan y me confieren potestades sobre este mundo. No obstante, vine a sufrir, a padecer y a ofrendar, asimismo, en sacrificio mi vida por la humanidad, tal como lo hizo Jesús. Véase en la Biblia Apocalipsis 11:1-14.
Prestad atención a estas revelaciones, y lo que indican. Y sabrás como obra Dios para salvarte. Solo presentaré las escenas estrechamente vinculadas con este artículo, que, además, son un adelanto del contenido del Séptimo sello: fin de los tiempos.
Pondré en conocimiento de ustedes las revelaciones pertinentes, no sin antes anotar que los misterios del universo están cifrados en números, símbolos, diagramas, figuras, imágenes y sonidos que nombran verdad y la esencia de las cosas. Solamente quien sabe leer ese conocimiento puede acceder a él, y mi Padre me entregó la llave que permite acceder a ese conocimiento cuando ya tuve capacidad de dilucidarlo.
Como resultado de un ejercicio constante durante muchos años, adquirí competencia en un tipo de comunicación que penetra la esencia del ser y de las cosas. Solo basta que Él, Dios, mi Padre, me llame la atención (aparece su imagen viva en mi mente) para que de inmediato me percate de algo que Él requiere que yo conozca, y no tiene necesidad de decirme nada. Solo me mira, lo miro y sé exactamente lo que me indica o quiere. Esta comunicación solo es entendible si, por ejemplo, se conoce la vida de Buda, que ilustra este tipo de comunicación. Cuando el maestro del silencio, quien logró el Nirvana, estaba en interacción con su muy selecto número de discípulos, ni ellos tenían la necesidad de preguntar ni él de darle las respuestas a través de la palabra para saciar sus ansias de saber, solamente fluía el pensamiento y se satisfacía el deseo de conocer.
Yo soy Ramiac, y esto me develó mi Padre para comunicarlo a ustedes.
Revelación 1.
Me acosté. Cuando ya descansaba plácido, la voz imponente de Dios me habló y me dijo: “Tú encarnas a Ramiac”.
Me levanté, y en mi libreta de anotaciones lo escribí inmediatamente. Y me pregunté, quién es Ramiac. Investigué en las bibliotecas, leí nuevamente los libros sagrados y no pude hallarlo. Me quemó el deseo de saber durante meses quién era Ramiac, hasta que un día salí, entré a la librería y guiado por la luz de Dios tomé un libro, El enchiridión, un libro que el papa León III envió a Carlomagno para que lo protegiera. En ese libro de oraciones hay un cuadro, y dice: “Tabla de los nombres o caracteres divinos”. Ellos son: Hael (Era- Moisés), Sillu (Rama), Ramiac (Yo, René Arrieta), Hendset (Krisna), Hemel (Buda), Estilie (Mahoma) y David (Jesús). Nombres divinos con un velo, y escritos con caracteres sagrados.
Revelación 2.
Estaba meditando. Vino a mí mi hermano Krisna y me entregó el mantra, la palabra clave (la llave), que me dio acceso directo a la presencia de Dios, mi Padre. Sin perder tiempo alguno, lo invoqué, entonces, mi presencia espiritual apareció en su trono. Allí me esperaba. Sin dubitar, le dije: “entrégame mi espada flamígera”. Los elementales (el viento, el fuego, la tierra y el aire) se agitaban. Ángeles y maestros lo circundaban y adoraban. Él, majestuoso, vestido con túnica de blanco puro, con sandalias de oro y cíngulo rojo, sosteniendo su espada con las dos manos por la empuñadura, a la altura de su pecho, con punta hacia abajo, en medio de esa asamblea celestial, me dijo: “Esta es mi espada, tu espada, la que pende sobre la humanidad”. Y me la entregó.
Revelación 3.
En esta como en otras revelaciones parecidas, mi Padre me sitúa en un condominio (–parte de la Tierra, parte de humanidad–. Rige la sinécdoque, figura retórica, un tipo de metonimia, que significa la parte por el todo).
Aparezco como dueño de un condominio, en donde vive una comunidad en alquiler. Camino por un parque. Los niños juegan (corren, pasan, interactúan) y hacen cosas malas, indebidas. Decido visitar las casas en donde habitan esos niños, y entro siempre adusto. Padres y madres, temerosos, siempre dicen: “no, no nos vaya a despedir”. Sonrío entonces, y digo; “No los vengo a echar, solo vengo a decirles que corrijan a sus hijos”.
Lo que es de mi Padre es mío, y velo por ello. Propugno porque se viva dentro de las leyes que estableció Dios, para preservar el orden cósmico y para el bien de todos. Quien está por fuera de esas leyes y libertinamente hace lo que le venga en ganas termina haciendo el mal, y envolviendo al mundo en oscuridad. Esos serán expulsados de la morada, del Paraíso, que nuevamente les entregará Dios a los que se preserven, después de este exilio que ahora vive la humanidad, en donde ha ejercido maldad de generación en generación. (Padres-hijos, cadena de generaciones).
Revelación 4.
En distintas escenas mi Padre me revela la andadura de mi vida.
Participo en muchísimas escenas de vivencias y aventuras, desde niño hasta hoy. Ya en las escenas finales disfruto de la asunción del liderazgo y el poder, y veo a la humanidad que aparece dividida en dos bandejas de huevos. Una bandeja de huevos deformados, que han perdido su forma ovoide, y en donde está implícita la existencia de seres malformados; la cual será desecha. Veo otra bandeja de huevos perfectos, de todos los colores, bellos, que proyecta seres preciosos, dignos de la creación de Dios.
Escena final.
El demonio y yo nos disputamos a una mujer, la que finalmente será la esposa de mi Padre. La humanidad. Ella es bella y está dormida, y en ese estado nos la disputamos. El demonio la sostiene por los pies, yo la sostengo asiéndola con mis manos por sus dos brazos, a la altura de sus axilas. Nos elevamos con ella, ingrávidos, realizamos giros, piruetas, ejecutamos estrategias, nos movemos, él con la intención de ganarla y poseerla; yo, con el deseo de mantenerla indemne y a salvo. Finalmente, bajamos a tierra. El demonio está rodeado de su hueste, seres humanos y demonios. Veo rostros conocidos. Estoy en medio de una multitud que a la vez es hombre y demonio. Una humanidad cuasi demonio. Le digo al demonio: “sabes que soy el que escribe los libros que relatan y deciden el destino de la gente, y puedo decidir enviarte abajo, junto con toda tu familia, para que empiecen a vivir el drama del Infierno”.
El demonio hace una mueca y veo múltiples rostros. Suelta a la mujer. La sostengo con mi mano izquierda y, con la derecha –para señalar mi triunfo–tomo mi espada y lo atravieso, y así desaparece junto con su hueste.
En esa revelación se aprecia la lucha entre el bien y el mal, la disposición de Dios de preservar a la humanidad para que se mantenga indemne, y no mute a demonio. Es el constante esfuerzo del Padre para que el mal no le arrebate un miembro más de la humanidad, es la encomienda que me asignó, es el objetivo de los siete sellos del apocalipsis, un manual instructivo para que, ahora, en el fin de los tiempos, todos reflexionen, no transgredan las leyes divinas que los preservan, y no se conviertan en seres de los inframundos, y no suceda tal como ocurre con los zombis. Ellos atacan y muerden a los sanos, estos se contaminan, se zombifican y hacen lo mismo, aumentan su número, y siguen infectando a todo ser sano que encuentran a su paso. No dan tregua, se afanan en contaminar a los que no padecen su condición.
Revelación 5.
Estoy con mi Padre en los lindes del universo, en el borde derecho de la lemniscata (el ocho acostado, símbolo de infinito) y parados; desde ese inmenso balcón, miramos al fondo el nuevo Big Bang, que crea el segundo universo del multiverso, y le pregunto: “Padre, qué vas a hacer. Él me mira y no me responde”.
Se lo refiero a ustedes en estos momentos. (Ya fue y ahora es, lo vi, ocurrió, y pronto será una realidad para esta civilización; recordamos que en el mundo espiritual el tiempo no existe: pasado, presente y futuro son uno a la vez). En el 2030, el nacimiento de un nuevo universo será una realidad visible, comprobable para la humanidad; y una fecha extraordinaria en la historia de la creación de mi Padre. Lo verán. Señalaré el punto en el universo al que deben mirar, y auscultar, muy al fondo. Los astrónomos verán a través de sus telescopios el nacimiento del segundo universo del multiverso. Universo que poblará, justamente, la nueva semilla de la humanidad y sus infinitas generaciones, que vivirán en la eternidad.
Revelación 6
Durante una semana (los cinco primeros días del mes de febrero), Dios, mi Padre, me hablaba insistentemente, recordándome:
“Trump es protagonista. Trump es protagonista. Trump es protagonista”.
Y así, insistentemente, como para que no lo pasara por alto, para que les recordara a ustedes su propósito, cómo el jefe de Estado más poderoso del planeta puede hacer y deshacer, que es lo que está sucediendo y seguirá ululando como viento imprevisible, del que no se conoce ni su rumbo ni la fuerza que pueda llegar a alcanzar. Él opera como dispositivo guía de la energía que generó la humanidad y ahora se vuelve en su contra. Trump cumple un propósito, y hasta se puede exceder, Está brioso como el caballo negro del apocalipsis que cuando me aproximaba a él para cabalgarlo, solo se calmó cuando le susurré pidiéndole calma, le pasé mi mano derecha por su lomo, y lo monté. Entonces, se tornó sereno y esperaba atento a que arrancara a cabalgar. (Revelación que integra el Séptimo sello: fin de los tiempos).
Después, el día 6 de febrero de 2025, se complementa esta revelación:
Mi Padre envía a Trump (su espíritu y conciencia) a el lugar donde despacho, y allí estaba mi amigo fiel, muy cercano, que fue mi lugarteniente cuando encarné como sultán en un antiguo reino que cubría lo que hoy es Birmania y territorios de la India, quien debe estar atento a la acción del mandatario norteamericano para documentarla. Mi amigo me ha acompañado en casi todas mis estancias en la Tierra, periodos en los que he encarnado para fungir como testigo de lo que ha sido la humanidad desde que fue expulsada del Paraíso, periodos históricos que he venido documentando, y cuyo material constituyen hechos testimoniales que serán prueba en el Juicio Final, que, por supuesto, voy legajando en expedientes, que directamente suben a los archivos akásicos.
Pues bien, ese amigo simboliza un agente de mi confianza absoluta, es decir, representa el desdoblamiento de mi propio ser que estará atento minuciosamente a lo que Trump haga.
Luego, Trump pasa a la sala principal, me saluda y pregunta por mi lugarteniente: “¿Ya Luis está listo?, yo estoy listo ya”.
Le digo: “se está preparando, ha tenido un leve retraso, pero ya estará contigo”.
Entre tanto, mi lugarteniente se prepara. (Días de escritura de este texto)
Lo que indica que está cerciorándose y manifestándome que él (Trump) está listo para alterar el orden que ahora vivimos, que se aproxima la fecha (esta, la de la alineación), fecha exacta en la que empieza a regir un decreto celestial.
y mi lugarteniente saldrá con Trump, y será testigo de todo, y todo acto documentará.
Y, en efecto, a través de este artículo divulgo y hago conocer las determinaciones del aviso oficial divino que emana del despacho de mi Padre (el Sol), desde donde regenta las regiones del cielo y de la tierra, el destino de las civilizaciones existentes en el universo, que afectará el tiempo postrimero de esta civilización.
Eso, exactamente significa que Trump tiene fuertemente internalizado su papel a cabalidad de agente desestabilizador del orden mundial, que no solamente afecta a todos los países del globo de una u otra forma, sino también al país que dirige. Lo que indica que el mundo cambia disruptivamente.
¿Cumplirá Trump a cabalidad, con su propósito?, ¿se excederá en algunas cuestiones?, ¿eludirá algunos encargos? Solo sé que generará caos, hará temblar a muchos y pondrá a reflexionar a otros. Observaré con ecuanimidad.
La prueba para la humanidad no será fácil, y duro será mantenerse incólume.
De otro lado, veré año tras año abismarse a los seres humanos en un pozo de oscuridad y me desgarrará el ser. Lloraré. Suspiraré profundamente para contener mi dolor. Mi carnalidad me vincula de manera más fuerte a las emociones humanas. Fuera menos dramático si observara el proceso desde el mundo espiritual, pero no es así, estoy aquí para la acción directa, para combatir contra el adversario; mas, mi absoluta conciencia se sobrepondrá y cumpliré con mi deber y con los propósitos que mi Señor Padre me encomendó.
Revelación 7
Estoy con una amiga de mi infancia, Claudia, en la calle, enfrente de su casa. Me dice: “en el jardín de mi casa cultivo, crío, una serpiente”.
Inmediatamente veo una boa constrictor inmensa, de muchos metros de largo, y gruesa, de un metro o más de grosor, que flexiona su cuerpo hacia atrás y yergue la parte superior, cuerpo y cabeza; se muestra en toda su extensión, moviéndose entre ramas tupidas de flores y veraneras. Callo, observo con asombro ese curioso hábito de mi amiga.
Luego, en otra escena, veo culebras pequeñas en distintos patios y hogares. Miro una serpiente sobre una mesa rústica. Me detengo a observarla, es una culebra pequeña, de unos 30 centímetros de largo, y súbitamente se alarga hasta medir un metro de largo y unos tres centímetros de grosor. Ella me ve, se dispone a atacar. Retrocedo, guardo distancia. Se tira al suelo, intimidante avanza un poco, dos o tres palmos de tierra, sus colmillos pequeños desaparecen y surge de pronto un solo colmillo de hierro, con una medida cercana a los cuarenta centímetros, se detiene, y fieramente lo clava en el suelo.
La revelación indica que, en la vida íntima y privada, todas las personas, sin excepción, están cultivando en sí el sentido y la representación de la serpiente, conviven con ella, y seducidos, atienden y escuchan, además de lo que este reptil dijo a Eva en el jardín del Edén, su nuevo relato, más directo y cínico. Y obedientes, cumplen su dictado y la tienen como ser tutelar. Todos, siguen desobedeciendo a Dios y, y contrariamente, le obedecen a ella, y acatan sus palabras y engaños, la alimentan, la crían, se enorgullecen de su compañía. Se apartaron de su Creador y la trajeron consigo. La aman y hacen vida juntos. Empero, en ella, que es múltiple y ubicua y cohabita con todos, está el propósito de engullir y alimentarse de su cuidador.
Por otra parte, con relación a la segunda escena, las culebras pequeñas que crecen así, sin más, significa que son multitud, que pueblan la tierra y clavan sus colmillos y su veneno, que agrede y mata el suelo, la tierra misma, el planeta donde vivimos. Un ataque al planeta es un ataque a los seres que viven sobre él, que lo pueblan. Asechanza de alta peligrosidad, que está en potencia, pero que liberará su poder destructivo. Una seria advertencia de que la humanidad incubó energía de mucho poder y autodestrucción.
Consideraciones finales
Precisamente, y no es gratuito, la inminencia de cambio de Papa en la Iglesia Católica, y la profecía de San Malaquías que, de acuerdo con los lemas latinos que le revelaron, se identifica a cada uno de los 112 papas. Benedicto XVI sería el 111, y según muchos estudiosos, el 112, que se designa como Pedro el Romano corresponde a Francisco, el actual papa. A Dios no le interesan las religiones, y ningún miembro de estas instituciones tiene encargo divino alguno. Ese signo fronterizo de Francisco Júzguenlo ustedes.
El fin de los tiempos será malo para los malos, involutivos y degenerados, indica su final. Para los buenos y puros es señal de esperanza, y de un inminente retorno al Paraíso. Respetar las leyes que rigen aquí, en la Tierra, y, arriba, en el cielo, es hacerse acreedor de la lleve que abre la puerta para volver a vivir nuevamente cerca del Dios Padre, creador del cielo y de la Tierra. Llegó el momento para la más profunda y seria reflexión, para que todas las almas que habitan este planeta se sitúen en este o en el otro lado del río, como bien lo describe el profeta Daniel (12: 1-13).
En el Juicio Final (2043) se acusará y condenará a los malos que viven en oscuridad y generan terror, y se absolverá a quienes no hayan violado leyes del cielo y de la tierra, ni hayan dañado a su prójimo, ni a la naturaleza, ni a ningún elemento de la creación divina.
En el año 2052, será la hecatombe final, las aguas purificarán la tierra contaminada por la maldad de los seres humanos. Los eventos trágicos y desoladores que acontezcan antes de esa fecha no tocarán a los amparados por mi Padre. Estarán sellados, libres de todo mal.
En los años finales, previos a 2052, la Luna, en su paso por la bóveda celeste, evidenciará un comportamiento que llamará profundamente la atención de todos. Ella mostrará la inminencia del fin. En el momento en que mi Padre me lo señale, lo describiré.
En este blog hay un artículo: La preservación del ser o su destrucción, he ahí la cuestión, sobre las dinámicas que preservan y las que diluyen la potencia de nuestro espíritu. Léanlo y practiquen las dinámicas de preservación. Si eres digno, allí hay para ti un regalo de Dios. Enlace:
Ahora, les digo, solo un puñado de gente tiene el privilegio de tener esta información a mano. Solo cuando Dios lo decida, estará disponible, en libros, para toda la humanidad, y millones de personas de todas las razas, en todo el orbe, incluyendo los más remotos y perdidos lugares, que no aparecen ni se nombran en los medios masivos occidentales, querrá tenerla y consumirla como el único y codiciado pan que evita morir, cuando ya el cuerpo y el alma estén en peligro de muerte.
Viene mucha inestabilidad, confusión y duras pruebas. Solo el abrigo en Dios y su madre, la Virgen, ayudará a sobrellevar la vida.
Mucha fortaleza. Que la paz sea con todos.
Imagen propia generada en Meta.
Nota
Todos nuestros artículos en el que Dios Padre, envíe mensajes a la humanidad a través de sus dos testigos, tendrán esta advertencia, y el costo personal y familiar puede ser muy alto:
Quien no esté en capacidad de ver en el mundo espiritual y de comprobar o no lo que decimos, mejor que permanezca en silencio, reflexione y le deje todo juicio al tiempo, que no haga ningún comentario en contra, no sea que por hacerle pulso al mensaje de Dios sea blanco de su ira. Toda persona que ataque la palabra de Dios en boca de sus dos ungidos, de los dos testigos del apocalipsis, se vincula a que la severidad de la ley divina lo castigue con tragedia y muerte, y con juicio sumario lo hagan descender a las mazmorras del Infierno. De forma idéntica a como cuando la autoridad policial captura a un delincuente, a un infractor de la ley, que los lectores consideren la debida advertencia, que reza: “Todo lo que usted diga podrá ser usado en su contra”. La ley se cumplirá de forma implacable. Ya llegó el momento, en consideración de la jerarquía celestial, que no se puede dejar pasar ningún tipo de faltas, y mucho menos afrentas e insultos, al ejercicio de la autoridad de Dios y de sus plenipotenciarios aquí en la Tierra, en este periodo del fin de los tiempos.