¿Donaldo I? Un paréntesis trumpeano


Hoy debería haber publicado la otra historia sobre escoceses en lo que hoy son Colombia y Nicaragua donde hablo del fabuloso Reino de Poyais, que pocos han oído mentar hoy en día y que muchos en su momento quisieran no haberlo hecho. Pero, gracias al presidente número 47 de los estadounidenses esa historia tendrá que esperar ocho días por lo que les pido me excusen.

Hace poco más de 10 años, cuando Donald John Trump se lanzó a la presidencia, escribí un artículo, que no encuentro, en el que decía (no predecía) que el objetivo final del neoyorquino era convertirse en Donaldo I, monarca de Estados Unidos. Nadie me hizo caso, afirmando que eso era un imposible categórico. En respaldo de sus afirmaciones me citaron la constitución gringa y su maravillosa frase inicial: “We the people…”; luego me hablaron de la democracia norteamericana con su símbolo universal, la Estatua de la Libertad, que recibió con los brazos abierto a millones de inmigrantes (incluidos los antepasados de Donald J. y a su mismísima esposa, la de ahora no las de antes); y, para acabar de rematar(me) se explayaron en los Estados Unidos como “país de leyes” con un sistema judicial incorruptible, donde todos (Trump incluido, faltaba más) están sometidas a la ley-“dura lex, sed lex”. Ante esos argumentos apabullantes, no tuve más remedio que encogerme de hombros y decir: “Time will tell”.

Pasó el primer gobierno de Trump donde mostró a las claras su talante monárquico/autoritario y su poco respeto por la democracia, cuyo primer sacramento es “la transmisión pacífica de poder” del presidente en ejercicio al mandatario elegido. Este principio fundamental de la democracia nunca había sido cuestionado… hasta Donaldo I, perdón, hasta Donald John. En las ruedas de prensa más recientes que ha sostenido insiste en que ha sido electo presidente en tres ocasiones: 2016, 2020 y 2024, solo que en la segunda lo sucedió el gobierno espurio de Joe Biden que le robó las elecciones. El tumbis electoral que quiso hacer Trump no le funcionó a pesar de la criminal movilización de sus seguidores contra el Capitolio, sede del Congreso, el 6 de enero de 2021. 

Pero, el presidente en ejercicio no está contento con limitarse a ser presidente por segunda vez como establece la Constitución y como lo han hecho muchos de sus antecesores: Kennedy, Reagan, Clinton, Obama, etc. No, Donaldo I quiere una tercera elección, que en el fondo será “forever and ever”, pues no habrá forma de desmontarlo por las buenas del poder una vez se atrinchere en él. Ahora bien, si por alguna causa natural Donald muere antes de convertirse en Donaldo, el primero de su nombre, lo sucederá otro paladín no exactamente de la democracia, Jay D Vance. Pero, si consolida la monarquía por sangre tendremos en el trono a un Donald II, a un Eric, a una Ivanka o a un Barron, dependiendo de cómo se desarrollen las intrigas y guerras palaciegas en una familia donde la ambición es ciega. 

En estos últimos días he puesto en duda lo de la dinastía Trump, pues, al contrario de lo acontecido en el primer mandato, los Trump-itos están muy silenciosos, mientras Elon Musk, el nuevo mejor amigo, tiene la voz cantante incluso por encima de la del mismo presidente. Pero, pensándolo mejor, creo que Trump está utilizando a Elon: primero, para ordeñarlo financieramente, lo que ocurrió durante la campaña y sigue ocurriendo; segundo, para ponerlo a dar la cara y ganarse toda la malquerencia de los electores norteamericanos, que culpan más a Musk que a Trump de la situación que están viviendo; y, tercero, para que sirva de “cabeza de turco” en el caso de que las vainas no funcionen y haya que hacer lo que Trump hace tan bien: no aceptar ninguna responsabilidad y declarar a Musk culpable de las embarradas, “throwing him under the bus”. 

Trump, como afirma con conocimiento de causa el periodista Bob Woodward, dispuso de cuatro años para planear el montaje de su reinado y está ejecutando su plan a marchas forzadas, como si no hubiera mañana. No predigo que lo logre, pero digo que lo está haciendo: “Time will tell”.

Postdata: Según Trump, hoy, cuando comunique las nuevas tarifas para todo el mundo, será el “Día de la Liberación” de su país. Vamos a ver cómo transcurre el evento y qué repercusiones trae, pues ayer las noticias para el régimen republicano no fueron las mejores: las bolsas de acciones continuaron inestables; los millones gastados por Musk no lograron elegir al candidato de MAGA a la Corte Suprema de Wisconsin; y, los márgenes superiores al 30% obtenidos por Trump en dos repartos electorales con mayorías republicanas de la Florida cayeron a la mitad.


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